Carlos Reyes Sahagún
 Cronista del municipio de Aguascalientes

Concluyo de platicarle sobre el libro Cruz Roja Mexicana en Aguascalientes 1911-2011, que no sólo es una historia de la delegación local de esta institución, sino un homenaje a todas aquellas mujeres y hombres que han pasado por ella y le han dado vida, para beneficio de quienes vivimos aquí y hemos requerido de sus servicios.
El texto es de la autoría de Gabriel Codina Aguilar, que no es un historiador, sino un médico general, y en todo caso el hecho de no ser un profesional de la historia lo suple con mucho entusiasmo y una serie de relaciones que le permitieron acceder a materiales de gran calidad, valiosos a la hora de darle forma a su trabajo, aparte de su relación con la Cruz Roja y del trabajo de archivo que llevó a cabo.
Por si estos elementos no fueran suficientes, habría que agregar que en la redacción del documento Gabriel fue apoyado por la doctora Yolanda Padilla Rangel, una de las historiadoras más prestigiadas de Aguascalientes, miembro del Sistema Nacional de Investigadores.
Desde luego también es obligado señalar que el trabajo del doctor Codina se suma a unos pocos más que documentan la trascendental actividad médica en Aguascalientes y que aporta valiosa información; me refiero a los trabajos de los hermanos Alejandro y Fernando Topete del Valle, del segundo un texto que es más un estado de ánimo que una historia propiamente dicha.
Quizá en principio se piense que la Cruz Roja ha gozado siempre de la buena fama y prestigio que la acompañan. Así lo indicarían el bombo y platillo con los que inician las colectas anuales, los elogios que de cuando en cuando se vierten sobre la institución, etc. En realidad eso es ahora, pero no siempre ha sido así. En este sentido, Gabriel nos muestra la manera cómo la institución debió enfrentarse a la desconfianza del público para hacerse de un lugar en la sociedad. Fundada el 9 de diciembre de 1911, el organismo debió luchar a brazo partido para alcanzar el prestigio y buena fama que tiene hoy. Incluso, parecería mentira, pero por momentos estuvo a punto de desaparecer por falta de apoyos, o debió atender cuestiones ajenas a su función, pero que perjudicaban su accionar. Fue el caso, por ejemplo, de aquella acusación por demás injusta y hasta tonta, de ser una institución masónica, o la supuesta competencia con la Cruz Blanca Neutral.
La Cruz Roja salió adelante de este y otros problemas, de los que Gabriel Codina da puntual cuenta en este volumen, Cruz Roja Mexicana en Aguascalientes 1911-2011: la proverbial escasez de recursos, la falta de definición de las autoridades, su papel en la atención de heridos en la Batalla de Zacatecas, en inundaciones, en el trágico episodio del Cine Colonial, etc., e invariablemente cada situación conflictiva; cada tragedia en la que la Cruz Roja ha jugado un papel protagónico, ha salido a relucir su gran espíritu de servicio, pero también las enormes carencias con las que debe lidiar cada día para hacer frente a sus compromisos, al tiempo que crecía en instalaciones y en ámbitos de atención, tuvo un nuevo local, un Banco de Sangre, un Banco de Ojos, y creó equipos como el de Rescate Acuático.
Mucho más podría decirse sobre la Cruz Roja y sobre este libro que fue escrito por dos razones principales: en primer lugar para homenajear a las mujeres y los hombres que la construyeron y para quienes la mantienen de pie, al servicio de la comunidad, una palmadita en la espalda, a manera de agradecimiento, y en segundo lugar, para dar a conocer a la sociedad las meritorias funciones que ha desarrollado, y con ello, atraer las simpatías de aquellos a los que la Cruz Roja mantiene su disposición de servir.
Termino, no sin formular un buen deseo; una esperanza. En primer lugar, que el doctor Gabriel Codina Aguilar, ya entrado en gastos con esto de la escritura de libros, se siga de largo y trabaje ahora en un texto de memorias, que recoja no sólo su experiencia, primero como ambulante, luego como socorrista, y finalmente como médico, sino también las de otros, a fin de que nos ofrezca esta otra dimensión del trabajo que se realiza en la institución. Estoy seguro que hay un montón de héroes anónimos, gente sacrificada, que se incorporó a la institución guiada con el sólo afán de servir; ejemplos que convendría que se hicieran públicos, ejemplos de solidaridad que mucha falta nos hacen, a ver si se nos pega algo.
Esta Historia de la Cruz Roja está a la venta en la sede de la institución, ahí a un lado de la escultura del papa Juan Pablo II “te quiere todo el mundo”, y en Delicias 219, barrio de La Salud, por si gusta. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).