La Liga Comunista 23 de Septiembre fue una confederación de fracciones guerrilleras que operaban en el México de los 70, fundada un 15 de marzo de 1973, tras una convención que duró aproximadamente quince días en la ciudad de Guadalajara; los anfitriones fueron el Frente de Estudiantes Revolucionarios (FER) de Jalisco, y además asistieron los Procesos de Monterrey, los Enfermos de Sinaloa, Comando Lacandones del DF y otras organizaciones sin una referencia geográfica como el Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR) y la Liga Espartaco; todos ellos grupos insurgentes que actuaban de manera aislada.

Podría considerarse la manifestación más importante de la facción insurgente en aquellos años de la llamada Guerra Sucia que desarrollaba como política el PRI-gobierno, con ejemplos de represiones como Tlatelolco (1968) o el Jueves de Corpus (1971), la LC23S era una organización conformada por centenas de hombres y mujeres y que estaba organizada en comités regionales, abarcando 19 estados del país, distribuidos de la siguiente manera: el Noroeste (Sonora, Sinaloa, Chihuahua y Baja California), Noreste (Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila), Brigada Roja (Distro Federal, Edomex, Tlaxcala y Puebla), Occidente (Jalisco, Michoacán, Guanajuato y Aguascalientes) y Sur (Veracruz, Tabasco, Oaxaca y Chiapas); en esos comités y células se estima que militaban activamente más de 500 individuos en su mayoría jóvenes estudiantes o profesionistas, pero también se encontraban obreros e indígenas, todos con el pensamiento que la insurgencia guerrillera era la única forma de cambiar el status quo en aquel México del priismo autoritario.

Pero ¿Quién podría ser el ideólogo y líder de una organización de tales dimisiones?

Pues el líder fue un joven ex universitario, nacido un 19 de julio 1948 en Aguascalientes, llamado Ignacio Arturo Salas Obregón; sus padre fue Salvador Salas Calvillo, un exitoso comerciante de ropa y calzado, que traía principalmente su mercancía de León, Guanajuato, y en los viajes para surtir la mercancía aprovechaba para llevar a sus hijos a ver los partidos de futbol en aquella ciudad. Su madre fue Enriqueta Obregón Urtaz, dedicada al hogar y cuidado de sus hijos; se destacaba por ser buena anfitriona, en los cumpleaños de los hijos se encargaba de que todos los invitados estuvieran satisfechos; vivían en el Barrio de San Marcos y era una familia católica; los hijos incluyendo a Ignacio cursaron estudios en uno de los colegios católicos de la ciudad. Podrían considerarse de extracto económico medio alto, ya que acostumbraban a ir de vacaciones a la playa (lujo que en la época pocas familias se podían dar) como lo comentó su hermana Luz Eugenia: “Ignacio tuvo una infancia tranquila, con no pocos privilegios, fines de semana en el Country Club, clases de pintura y vacaciones en Acapulco y Manzanillo eran parte de la rutina familiar” (Proceso, 2002); su hermano el mayor, Salvador, se enlistó en el seminario, convirtiéndose en sacerdote; y el menor de los hermanos era Mario.

Ignacio Salas Obregón, Nachito como lo conocían en la ciudad, acordó junto a sus padres ir a estudiar la preparatoria al Tecnológico de Monterrey. Ahí fue donde incursionó en la política, liderando al Movimiento Estudiantil Profesional que organizó la primera huelga estudiantil en aquella institución privada de carácter educativo.

Si bien la familia era devota, el interés de Nachito por la práctica del catolicismo, principalmente se dio por la corriente Jesuita, cuando conoció a los sacerdotes simpatizantes de la llamada Teología de la Liberación, los curas Javier D’Obeso y Orendain y Manuel Salvador Rábago, los cuales promulgaban la tesis de que “la personalidad de Cristo como el iniciador del reparto de los bienes entre los seres humanos y señalándolo como el ‘primer comunista del mundo’” su finalidad era de que los estudiantes formaran una mentalidad progresista de la mano con el catolicismo.

Paralelamente Ignacio observa de lejos la represión estudiantil de Tlatelolco, la cual lo impacta. Por lo que a finales de 1968 Salas Obregón dejó sus estudios de ingeniería para dedicarse de tiempo completo a la actividad política; cuando los padres se enteraron de que Ignacio Arturo dejó los estudios para ir a emprender un proyecto “inserción social” en Ciudad Nezahualcóyotl, retiraron todo el apoyo económico. Ahí coincide con Carlos Castillo Peraza, quien –paradójicamente- en el futuro se convertiría en presidente nacional del PAN; en esos años de inicio de la década de los 70 comparten oficina y éste lo apoya económicamente, producto del pequeño sueldo que Carlos Castillo recibía como presidente de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana.

Como se comentó, le impacto el movimiento estudiantil de 1968, que lo vio desde la provincia, pero lo que lo marca es el Jueves de Corpus en 1971, manifestación en la cual participó y vivió en carne propia la represión del halconazo. Ahí es el punto de quiebre para decidirse en participar por la vía de la insurgencia armada.

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