En los años 70 se comenzaron a ver algunos ejemplares de unos panfletos que aparecían principalmente en donde merodeaban los trabajadores de los talleres del ferrocarril, así como en colonias populares o en algunas comunidades aledañas a Jesús María “El Rebelde” y “El Cardenche”, en ellos contenían noticias de movimientos armados en otras partes del país, así como artículos que pretendían despertar la llamada “conciencia de clases”. En esta parte aparecen dos personajes, Vicente Oros y Rodolfo Ramírez, quienes años después se sabría tenían la comisión de repartir “El Cardenche” en las comunidades rurales.

La realidad es que los núcleos del Frente Revolucionario de Acción Socialista eran más que dos personas, en el caso de la parte urbana Miguel Ángel Romo Espino se apoyaba principalmente en Agustín Padilla de Lira, un estudiante de la secundaria Morelos que destacó por su activismo en las muestras de solidaridad de los estudiantes en Aguascalientes con el movimiento de Estudiantil de 1968. Ellos centraban su activismo en las colonias populares, principalmente la Miravalle, la Altavista y Las Flores y por supuesto con los trabajadores del ferrocarril ahí se distribuía soterradamente el panfleto “El Rebelde”.

Es importante comentar que “El Rebelde” aún siendo un pequeño panfleto tenía efectos mediáticos, ya que algunos otros diarios o medios de comunicación replicaban sus apariciones más en tono de alarma, que de simpatía, pero aun así cumplían el objetivo de ser difundidos. Como cuando fue retomado por la revista de circulación nacional “Alarma” que se distinguía por su carácter amarillista y sensacionalista de periodismo, en una de sus primeras planas trascribió un escrito de dicho panfleto revolucionario, la cual en el libro Fulgor Rebelde se expone: “frentes guerrilleros que están luchando por un cambio radical en el odioso sistema de gobierno que estamos padeciendo; ese gobierno que en realidad sólo cuida proteger sus propios intereses y los de un grupo de privilegiados, ricos que viven en plena bonanza, derrochando lujos y comodidades, mientras que el pueblo, los obreros y los campesinos padecemos escasez en todo”, y que continúa en su interior la transcripción del texto guerrillero: “justificado pues, plenamente nuestro deseo infinito de liberar a nuestro México de este gobierno asesino, protector de ricos y patrones explotadores, por medio de la fuerza de las armas y con la razón de la verdad proletaria”. (Alarma, número 457, 2 de febrero de 1972)

Hay que resaltar que dicha publicación fue de casi un año después del asalto al banco en Aguascalientes, por lo que dicho golpe posiblemente influiría en la exposición mediática del grupo y de sus órganos de propaganda.

Por todo ello, tenemos que tener presente que la acción política de guerrilla revolucionaria no consistía solamente en ataques armados o antedatados violentos, sino que era un conjunto de acciones que pretendían concientizar y educar ideológicamente a los individuos para generar las condiciones de simpatía y apoyo, como se describe en el Manifiesto al Proletariado, de la Liga Comunista 23 de Septiembre: “el combate de calle viene a ser una forma particular en la cual se sintetizan en una unidad contradictoria, las tareas de agitación, propaganda y hostigamiento”, y continúa: “No sólo síntesis de diversidad de operaciones militares, sino síntesis de tares de educación y hostigamiento”. Es por ello que la sola entrega de un panfleto que contuviera tesis ideológicas, análisis socio-revolucionario y críticas políticas con el objetivo de generar la curiosidad política e intelectual de los individuos de una sociedad cercada por un conservadurismo político, tenía una acción revolucionaria que podría cosechar frutos de formas diversas.

Ahí la importancia para ellos de “El Rebelde” y “El Cardenche” en la historia de la izquierda y la política en Aguascalientes.

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