Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

¿Dónde (no) hemos visto esto antes?

La indestructible premisa sobre la invasión extraterrestre contravenida por fuerzas humanas ha generado suficientes películas en los últimos 65 años como para considerársele un género propio, al punto que su dificultad no yace en inventar razas alienígenas novedosas que mantengan atento al público, sino una estructura dramática que enmarque de forma creativa la ecuación básica de: incursión espacial hostil + resistencia local = conflicto. Con el paso de los años y el avance en la tecnología de efectos espaciales la espectacularidad de estas cintas recaía en el diseño de los invasores y su avanzada ciencia, viéndose relegados tanto trama como personajes para que éstos tan solo reaccionen en lugar de activar elementos argumentales. Con “La Guerra del Mañana”, producción de la Paramount vendida exclusivamente por una cantidad aún no especificada al gigante del streaming Amazon Prime Video cuando la pandemia sofocó su intento por estrenarla en cines, se afianza de una perspectiva que engancha: una guerra contra aliens pero que ocurrirá dentro de treinta años, por lo que se recluta a individuos del presente para combatirlos vía viaje temporal, pues la fuerza invasora resulta ser imparable. Esto al final resulta en nada cuando el guion no sólo escurre clichés a mansalva al asirse de todas las artimañas preestablecidas por cintas similares, desde “Starship Troopers” y “Al Filo del Mañana” en cuanto a la presentación y ferocidad de las criaturas hasta el menudeo de algunos parientes colaterales como “Día de la Independencia” o la versión de Spielberg de “La Guerra de los Mundos”, también remata protagonistas sacados de moldes cursis y no muy macizos que sólo mantienen tibio este plato fuerte de Prime Video.
La película arranca con un maestro de ciencias llamado Dan Forester (un Chris Pratt desgastando su imagen buenaondera) que ve trunco su sueño de trabajar en un prestigioso laboratorio al ser rechazado para el puesto, por lo que se contenta siendo un estupendo padre y esposo como sólo existe en el cine gringo, pletórico de paciencia mientras atiende a su pequeña hija Muri (Ryan Kiera Armstrong) y todo amor y caricias para su esposa Emmy (Betty Gilpin). Repentinamente la vida de todos cambia cuando un contingente de soldados del futuro arriba en un juego de futbol soccer para anunciar que la raza humana perecerá dentro de treinta años ante la llegada de unos monstruos siderales incontenibles y salvajes que sólo buscan comernos a menos que se enlisten para combatirlos, pues la masacre que acontece en años venideros es imparable. De ese modo Dan es reclutado gracias en parte a sus convenientes antecedentes militares junto a otras personas comunes y corrientes, luchando contra estas bestias de apariencia muy similar a las que aparecen en “Un Lugar en Silencio” capaces de lanzar letales dardos óseos de sus prolongadas colas, por lo que son apodados “Astillas Blancas”. Durante la batalla Dan conocerá a la versión futura de su hija (Yvonne Strahovsky) quien no sólo lo adiestrará en la forma correcta para pelear contra los invasores, también le revelará algunos aspectos de su vida que le son desfavorables y afectarán a su familia.
Los tres actos que dividen a la cinta no sólo se marcan claramente, también se distinguen por su total inconexión, mezclando diversos elementos que buscan fraguar un filme de acción futurista y violento con trazas de drama intimista que jamás logran homogeneizarse ante el despatarre del argumento. Chris Pratt hace lo de siempre (contar chistes tarugos mientras hace muecas socarronas tipo Harrison Ford para vender la idea de que es audaz pero simpático) navegando en un océano de disparos, gritos, correrías varias y monstruos por computadora que ya cansan al lucir como composta hecha de tantas otras criaturas cinematográficas de los últimos 10 años. Los visos de drama que buscan alojarse a la fuerza en esta rutinaria trama no logran el efecto expansivo deseado para que la acción encuentre un corazón y alma, como la fallida relación entre Dan y su hija 30 años después o el padre del protagonista, un hombre solitario que abandonó a su esposa e hijo hace tiempo (un desaprovechado J. K. Simmons) que sólo existe para arrojarle algo de sombra a la feliz existencia de Dan y cumplir un rol específico de deus ex machina en el clímax de la cinta. Con todos estos componentes reciclados y herrumbrosos, “La Guerra del Mañana” es el aburrimiento de hoy.

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