Noé García Gómez

Estos últimos años se está generado una percepción de animadversión hacia quienes se dedican a investigar, cuando escuchamos la palabra científico, nos viene a la mente alguien que está en un laboratorio, con su bata, realizando mezclas de elementos buscando alguna reacción que pueda solucionar un problema que aqueja a la sociedad. Por lo que el relato lanzado desde la presidencia de la República de cifras millonarias que eran destinadas a una camarilla de académicos que realizaban investigaciones interminables y sin beneficio para el país, como si los académicos en su totalidad fueran élites corruptas que viven del erario sin retribuir nada al país que destina recursos que podrían servir para programas sociales.

Ello para justificar primero la liquidación de fideicomisos, después para el recorte presupuestal y ahora perseguir al menos a 31 investigadores desde la Procuraduría General de la República, por asociación delictuosa ha comenzado a enrarecer el ambiente.

Pero veamos algunos datos alarmantemente reveladores que fueron proporcionados por la OCDE, en cuanto a la prioridad de la educación científica y la importancia que le dan las autoridades de nuestro país, ya que mientras en México sólo hay una persona trabajando en la ciencia e investigación por cada 10,000 habitantes, en la República Federal Alemana hay 20, en Japón 36, en Israel 40 y en EUA 42. Quiere decir que para nuestro país cada científico es 20 veces más indispensable que en Alemania o 40 veces más que en los EUA.

En la Ley General de Educación, de acuerdo al artículo 25, el Estado debe invertir como mínimo un 8% del PIB en materia de Educación, del cual el 1% debe dirigirse a la investigacióncientífica y el desarrollo tecnológico realizado por instituciones de educación superior públicas. Pero esta meta no ha sido alcanzada en más de una década. La inversión en este rubro está en déficit, que la pone en desventaja con otros países.

Un dato oficial estima que más de 500 mil mexicanos con grado universitario -de estos, más de 2 mil son científicos- han emigrado al extranjero, principalmente a Estados Unidos, Canadá y Europa en los últimos 10 años. El ex rector de la UNAM, el Dr. Juan Ramón de la Fuente, ha sido de los pocos académicos que han alzado la voz en este tema tras una conferencia con estudiantes mexicanos en España donde surgió la preocupación de poner atención en tan lamentable dispendio de capital humano en materia académica y científica, en la cual señaló que “México se está rezagando respecto de las principales economías emergentes -como Brasil e India- que sí han invertido lo suficiente en educación y han creado políticas públicas de Estado para retener capital humano y evitar una fuga de cerebros masiva, lo que en nuestro país sí ocurre”, y agregó “son dos motivos sobre el transvase incesante de científicos a otros países: la inseguridad y la falta de oportunidades”. Finalmente, poniendo el dedo en la llaga dijo que “para un país que no tiene confianza en sí mismo es muy difícil que salga adelante”.

Hay especialistas que sentencian diciendo que las consecuencias de tal pérdida -de capital humano, académico y científico-, serían mucho más dolorosas y prolongadas que la caída del precio del petróleo en el mercado internacional, porque no sólo comprometerían nuestro presente sino que además cancelarían nuestra participación en el futuro, pues en la actualidad no hay lugar para los países que no sean científicamente fuertes.

Lo que hoy está ocurriendo con la eliminación de 109 fideicomisos, trajo como consecuencia que uno de cada cuatro investigadores del SNI asociados a universidades privadas han quedado fuera de la red de apoyo, esto representa el 23.8% de la comunidad dedicada a la investigación y desarrollo a nivel nacional. Aunado a la mediática persecución judicial contra 31 académicos, científicos o personas relacionadas con la investigación, generó un ambiente difícil en dicho ámbito, que todavía no dimensionamos las consecuencias que traerá, probablemente la fuga de más profesionistas o la pérdida de conocimiento que tendría que estar surgiendo en nuestro país, en plena crisis mundial provocada por el COVID-19.

Paradójicamente, el presidente con estas acciones está afectando a sectores que por muchos años lo apoyaron moralmente en sus aspiraciones de proyecto de nación.

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