RODRIGO AVALOS ARIZMENDI

Cuando estamos en plena Pandemia del Coronavirus volvemos a la realidad, a lo que era la rutina y la dinámica cotidiana y resulta que el pasado lunes 7 comenzó formalmente el proceso electoral federal del 2020 y 2021, el cual ha sido llamado “el más grande y complejo” de la historia de nuestro país y en donde se estará convocando a votar nada menos que a ¡95 millones de mexicanos! Y usted ya se podrá imaginar la tremenda maquinaria electoral que se deberá poner en marcha para poder llevar a cabo esta tarea cívica monumental con todos sus procedimientos y actividades inherentes cuya meta es el día 6 de junio del próximo año, día en que se llevará a cabo lo jornada electoral en todo el país.

Esta jornada electoral estará convocando a cinco millones de ciudadanos más que los que estaban registrados en la última elección en el año de 2018. Lo anterior nos da una idea de cómo el padrón electoral es mayormente dominado por los jóvenes y curiosamente los partidos políticos no dirigen sus baterías a conquistarlos a excepción del presidente López Obrador, que es el mandamás de MORENA, que inteligentemente los ha apoyado con dinero en efectivo alegando apoyo para sus estudios, pero la realidad es que con ese apoyo en dinero tiene una clientela cautiva precisamente para las jornadas electorales. Lo mismo hace con la gente mayor, que aunque en el padrón electoral ya son los menos de cualquier manera los abuelos influyen en los hogares a la hora de las votaciones.

Las elecciones del año entrante serán de pronóstico reservado, sobre todo si los partidos de oposición realizan una gran alianza opositora, lo cual sería muy interesante para la ciudadanía aunque a fuerza de ser sinceros es algo difícil de llevar a cabo por los intereses de cada partido político, si entre ellos mismos no se ponen de acuerdo pues más difícil será repartirse las posiciones ya que siempre habrá inconformidades.

En la próxima elección el partido que le puede hacer sombra a MORENA es el PAN ya que el PRI está completamente en la lona. La exhibida que Emilio Lozoya le está dando al partido tricolor, con pelos, datos y videos, de ser un partido sumido en el fango de la corrupción desde hace muchos sexenios solo ha revivido la animadversión que el pueblo le tiene al PRI y a sus ex funcionarios y dirigentes, a pesar de que una gran mayoría de ellos, empezando por López Obrador, ¡provienen del PRI! La lista es interminable pero parecería que ya en MORENA expiaron sus pecados, en este caso sus raterías, y se purificaron y ahora están llamados a ser los redentores de la nación. Los panistas bien o mal han podido guardar el prestigio con el que fundaron su organización: ser un partido defensor principalmente de los valores morales principalmente y trabajando para tener un país donde imperen, al mismo tiempo la legalidad y la justicia; la transparencia y la rendición de cuentas. Parte de su militancia presume diciendo: “Nosotros trabajamos por el derecho a la vida, por los valores y por conservar las tradiciones que compartimos”. Aunque desafortunadamente también tienen sus prietitos en el arroz. El asunto de los “moches” que está de boga ahora ha desnudado de cuerpo entero a algunos que siempre han manejado una doble cara con tal de alcanzar posiciones, tanto políticas como económicas, muy importantes. Por ello la audiencia nacional está a la espera de que Lozoya sigue soltando la lengua para ver hasta dónde llega el daño a los partidos políticos.

Y lo que son las cosas, mientras panistas, priistas, perredistas, etc. están sudando la gota gorda en espera de no verse inmiscuidos en los videos de Lozoya, el que anda muy tranquilo es el hermano de Andrés Manuel, Pío López Obrador, a quién grabaron recibiendo miles de pesos de dudoso origen. Solo que aquí el presidente accionó y dijo que eran aportaciones para su causa política. Y a partir del 21 de agosto que López Obrador “aclaró” el asunto, aquí en Aguascalientes, en la mañanera, ya no se ha hecho ruido sobre eso, no han hecho olas.

En fin, la tenebra en la política mexicana en pleno apogeo. Lo cual no obsta para que la jornada electoral del año entrante inicie con mexicana alegría. Y para ello se instalarán 164,550 casillas, casi 8,000 más que en la última elección federal. Lo que sí será toda una odisea para el INE será el visitar en sus domicilios a casi 12 millones de ciudadanos esperando reclutar a cerca de 1.5 millones de ellos para que actúen como funcionarios de casilla. Y es que en estas votaciones se van a renovar a nivel nacional más de 21,000 cargos de elección popular. Entre los cargos que se elegirán son: 500 diputados federales, 15 gubernaturas, 1,063 diputados de 30 congresos locales y 1,926 ayuntamientos en 30 estados.

Las posiciones que estarán en disputa son: La Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Las gubernaturas de 15 estados: Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chihuahua, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas. Los Congresos locales de todo el país, excepto en Coahuila y Quintana Roo. Los Ayuntamientos y Alcaldías en 30 entidades, menos en Durango e Hidalgo. En cuatro entidades escogerían de manera separada diversos cargos locales: Juntas Municipales en Campeche, Sindicaturas en Chihuahua, Regidurías en Nayarit y Presidencias de Comunidad en Tlaxcala.

En Aguascalientes elegiremos: 27 diputaciones y 11 ayuntamientos. Y 3 diputaciones federales.

Como usted podrá observar serán 9 meses muy movidos políticamente hablando, con la salvedad de que ahora las campañas de proselitismo debido a la pandemia serán muy diferentes a las que estábamos acostumbrados, mucho menos contacto personal, cero mítines masivos -¡qué bueno!- entre otras cosas. Habrá que ver la imaginación de los asesores en marketing político, atractivo será ver qué idearán para tratar de posicionar a sus candidatos. En pocas semanas la bufalada será impresionante, aunque lo verdaderamente interesante será el observar si los partidos de oposición logran arrebatar la mayoría en la cámara de diputados a MORENA, lo cual sería de beneficio para la democracia del país, pues un presidente sin contrapesos políticos en las Cámaras Legislativas se vuelve simple y sencillamente un dictador.