Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

“Ya sabes lo que dicen: como un humano lo ve, un humano lo hace”
Julius, un cuadrúmano

En el año de 1968, justo en el momento en que las revoluciones ideológicas, culturales, generacionales y sexuales que se venían gestando a lo largo de toda superficie continental se encontraban en su punto de máxima ebullición, una película se permitió especular sobre el destino de la humanidad si tales procesos de metamorfosis social proseguían su curso. Claro, el filme estaba basado en una novela francesa circunscrita en el género de la ciencia ficción especulativa firmada por Pierre Boulle, pero la oportunidad y el momento que seleccionó la compañía 20th Century Fox para desarrollar, producir y ejecutar su adaptación no pudo ser más atinada, ya que el filme logró encapsular la efervescencia de los movimientos de cambio que la Generación Vietnam clamaba en su entretenimiento cinematográfico, aun si éste involucraba macacos antropomórficos.
Estamos hablando, por supuesto, de “El Planeta de los Simios”, una alegoría anticreacionista donde el coronel George Taylor -un Charlton Heston en el inicio de su etapa de filmes de género para sacudirse su imagen bíblica a través de filmes como “El Hombre Omega” (Segal, E.U. ,1971) y “Cuando el Destino nos Alcance” (Fleischer, E.U., 1973)- debe aterrizar forzosamente después que su trasbordador espacial sufre un irreparable desperfecto. En compañía de otros dos tripulantes, Taylor comienza la exploración del planeta en que han quedado varados, solo para descubrir que sus habitantes son antropoides angloparlantes que han esclavizado al equivalente de humanidad de dicho lugar con un concepto de sociedad brutal y medieval además de una estratificación clasista según la especie (un elemento argumental nada accidental por sus connotaciones alegóricas): Los gorilas son, por supuesto, la fuerza bruta y la mano de obra; los orangutanes representan la intelectualidad y la salvaguarda de su fe, y los chimpancés son las entidades gentiles consagradas a los estudios científicos. De éste último estrato es donde los humanos encuentran simpatía y ayuda a través de Zira (una irreconocible pero estupenda Kim Hunter) y Cornelius (el siempre eficaz y lúdico Roddy McDowall), monos de ciencia empeñados en descubrir el lazo oculto entre hombre y simio por el dogma establecido en la sociedad primate y preservado por el fanático y obtuso -algo así como un obispo hidrocálido- Doctor Zaius (Maurice Evans). La historia progresa entre persecuciones y debates ideológicos/ teológicos hasta llegar al clímax por todos conocido: una Estatua de la Libertad semienterrada en la arena con un Taylor abrumado y derrotado exclamando “¡Maniáticos!… Lo hicieron, lo hicieron…” en una escena parodiada y referenciada en incontables muestras de representación mediática pop pero que corona una narrativa direccionada al pesimismo realista.
La cinta tuvo un efecto impredecible: recaudó una impresionante taquilla, a la vez que la inteligente dirección de Franklin J. Schaffner promovía una reflexión sobre la condición humana y la futilidad de los procesos legislativos y punitivos sustentados en la burocracia y la promulgación de la ignorancia (cualquier parecido con la realidad mexicana, créame que ya ha dejado de ser coincidencia), por lo cual los estudios Fox emprendieron la inmediata elaboración de una secuela, titulada, como no, “Regreso al Planeta de los Simios” (1970), donde la trama de la primera parte se reciclaba para toparnos ahora con otro astronauta (James Franciscus en condición enclenque como pobre sustituto de Heston ante la renuencia de éste al rol protagónico y quedar en plan cameo) que llega al mismo destino buscando al desaparecido Taylor. La historia retoma varios de los elementos expuestos en la versión previa, pero con un elemento adicional: la aparición de humanos mutados por la radiación debido a su adoración a una bomba atómica que toman por deidad, otro símbolo sobre el empecinamiento religioso capaz de estallar en la caras de cualquiera. Un guión tibio y sin las fortalezas argumentales del filme de Schaffner, no impidieron que el público abarrotara las salas para proseguir la fascinación iniciada un par de años antes de los monos parlantes, los cuales es justo decir brillaban en su magnífica caracterización apoyados en un eficaz maquillaje que funciona en sus aspectos representativos hasta el día de hoy.
El inevitable siguiente filme dio una inesperada vuelta en “U” al ubicar su historia en el presente, el cual se ve alterado con la llegada de Zira y Cornelius (Hunter y McDowell repitiendo sus papeles) auxiliados por la nave espacial olvidada por Franciscus en la segunda parte. El filme se tituló “Escape del Planeta de los Simios” (1971) y planteaba una paradoja temporal que pretende explicar uno de los principales cabos sueltos desde la primera cinta: ¿Exactamente cómo es que los simios se volvieron la raza dominante? La respuesta está en este filme, tal vez el más ágil y logrado a nivel argumental después del original, pero que si usted no ha tenido posibilidad de ver, pues no le estropearé el factor sorpresa. Lo que sí puedo revelar es que las actuaciones son de primera, incluyendo un Ricardo Montalbán empático con los macacos y su única fuente de salvación, con un sentido del humor bien trabajado y cierto matiz satírico que subraya la absurda situación del cotidiano humano y un final abierto que, inevitablemente, erogó en dos secuelas más: “La Conquista del Planeta de los Simios” (1973), una secuela directa a los eventos de “Escape del…” y “Batalla por el Planeta de los Simios” (1974), el punto culminante de la saga antropoide que pone en claro, por fin, el punto transitorio entre el dominio de la humanidad y el del cuadrúmano, lo cual se desarrolla incluso con lujo de violencia para reflejar la bélica realidad que se vivía en la Norteamérica de aquel entonces.
La revisión de las cintas sobre “El Planeta de los Simios”, a pesar de su estatus como clásicos de la ciencia ficción y de rigurosa verificación en las matinées de antaño, se torna obligada en esta época donde los gorilas ya detentan el poder, los gibones son nuestros líderes ideológicos y la justicia se encuentra en su punto más primitivo. Y nadie nos podrá salvar, porque Charlton Heston ya ha muerto…
Nota: La serie completa de filmes sobre “El Planeta de los Simios” se encuentra disponible en la Videoteca del C.C. Casa Jesús Terán.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com