Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

El 10 de febrero de 1947, El Sol del Centro anunció que productores campesinos y ganaderos de Aguascalientes dirigirían un escrito al presidente Miguel Alemán, solicitándole detener el sacrificio de reses afectadas por la fiebre aftosa, por considerar que se trataba de una medida exagerada que en nada beneficiaba a la campaña y en cambio cancelaba las posibilidades de salvar a la res infectada sujetándola a un riguroso tratamiento, y desde luego perjudicaba a los productores. Pero, ¿y luego? ¿Qué hacer para enfrentar la epidemia?

A aquellas alturas del año -apenas un mes y días- ya habían sido ejecutadas un mínimo de 100 animales y tan solo el día anterior se había pasado por las armas a 24 en El Chayote, y 7 en el ejido de El Barranco, ambos en Tepezalá, aunque se decía que los afectados ya habían sido indemnizados. Por cierto que el gobernador Jesús María Rodríguez se apersonó en El Chayote y se dirigió a los campesinos explicándoles el grave mal que azota a la entidad.

También ese día 10 de febrero se publicó en las Voces del público de El Sol del Centro, una comunicación del comisario ejidal de El Barranco, desmintiendo que hubieran recibido a los enviados gubernamentales con las armas en la mano cuando se presentaron en el lugar para aplicar el rifle sanitario, y que las únicas personas armadas eran los miembros del 45 Batallón de Infantería y las reservas rurales.

En otro orden de cosas, a las medidas preventivas aplicadas y señaladas aquí en entregas anteriores, se agregaron otras: la vigilancia en el rastro municipal, que entonces se encontraba a espaldas del antiguo Hospital Hidalgo, en las calles de Guerrero y Matamoros. Aquí la intención era evitar el sacrificio de reses enfermas, esto independientemente de que la carne de estos animales no afectaba “tanto” a la gente, aunque tenía un efecto secundario: provocaba un malestar que impedía a la persona afectada trabajar durante cuatro o cinco días…

Por la misma razón se vigilarían los establos, y en ambos casos, por aquello de las dudas, había que hervir los productos, tanto lácteos como cárnicos. Por otra parte, se anunció la construcción de 3 vados en la Hacienda de Peñuelas, la Presa de Valerio y San Francisco de los Adames, es decir, en los límites norte, sur y este del estado, para aislar la posibilidad de contagio.

La nota no dice nada al respecto, pero me imagino que este asunto de los vados significaba que las reses eran metidas en una especie de tanque lleno de agua en la que se había disuelto alguna sustancia antiséptica. Entonces los animales debían entrar por un lado, recorrer el tramo, que era de unos 20 metros, la cabeza muy en alto, apenas sobresaliendo del agua, y salir por el otro lado, el cuerpo impregnado por la solución química disuelta. Eso me imagino, pero no lo sé de cierto, ¿lo sabe usted?

Por otra parte, para los automotores se prescribía la utilización de bombas de desinfección. Además, en los andenes de la estación del ferrocarril, el medio de transporte por excelencia en aquella época, se instalarían cercas de madera, para evitar que la gente las traspasara y se alejara del lugar sin cumplir con las medidas preventivas.

El 29 de enero se realizó una reunión de ganaderos, introductores, estableros y autoridades civiles y militares, en la que “se hizo una explicación amplia de los peligros que amenazan a la economía de Aguascalientes y la república entera si la epidemia no es erradicada en un plazo razonable”.

Además, se acordó designar una comisión de economía, encargada de conseguir recursos para indemnizar a los propietarios de ganado destinado al sacrificio. Sus integrantes fueron el ganadero de toros de lidia de La Punta, Francisco Madrazo, y los señores Juan de Alba, Silvestre Gómez y Roberto de la Rosa Madera, que fungiría como tesorero.

Con la ejecución de las reses en el municipio de Tepezalá, se controló el brote en esa demarcación… Por lo pronto. Pero entonces sonó la voz de alarma en Calvillo, en las propiedades de los señores Silvestre Gallegos, Abundio Esqueda y Francisco García, en Tepetate, Las Moras y El Temazcal, donde habían muerto más de 80 animales en tres días, y sin explicación conocida, pero tampoco aquí se aclaró en que acabó el asunto.

Finalmente, se supo que el contagio había llegado a Aguascalientes escondido en los zapatos de un trabajador de establos de Puebla.

Por otra parte, y como era de esperarse, con todo y que se habían cancelado las transacciones comerciales entre ganaderos, para evitar la propagación de la glosopeda -otro término para designar a la enfermedad-, no dejaba de haber movimiento de ganados.

Así como ahora nos bombardean mañana, tarde, moda y noche, con anuncios de lo que debemos hacer, o no, para rechazar al coronavirus, así también en ese tiempo se hacía publicidad, aunque infinitamente más limitada. Un anuncio era este, publicado el 14 de marzo: Ganadero, campesino, pequeño agricultor, tu colaboración en la campaña nacional contra la Fiebre Aftosa es de un valor incalculable. Comisión Nacional de lucha contra la fiebre aftosa”. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).