Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Termino con esta breve serie en torno a la Feria de San Marcos de 1947, que no tuvo corridas de toros debido a una epizootia de fiebre aftosa que afectó a la ganadería nacional aquel año. Concluí la entrega anterior citando a un cronista taurino de aquella época, Luis de la Torre, que firmaba con el seudónimo de El-hombre-que-no-cree-en-nada, quien criticó aquella decisión. Véase si no: “El acopio de visitantes a la ciudad de Aguascalientes, con motivo de su feria, representa una fuente segura para el comercio, y las corridas de toros un fuerte atractivo para la población flotante, base del auge comercial durante los festejos primaverales. Pero esto no importó a las autoridades, nada les significó para sostener su capricho, mientras permitían el desplumadero en beneficio único de los tahúres, seguros apostadores de personales ambiciones”.

En otra parte de su escrito, quizá hirviéndole la sangre de coraje, lanza una sentencia que es casi amenaza -bien puedo imaginarme al hombre, los dedos temblándole de ira sobre el teclado de la máquina de escribir-: “Si ahora las autoridades han quitado un factor de lucimiento a las tradicionales fiestas de Aguascalientes, quién sabe si más tarde sean ellas las perjudicadas al ver abandonada una fuente de ingresos bien segura. De todas maneras, a través de los años, es el primero que se priva a una feria tradicional de uno de sus mayores atractivos, porque Aguascalientes fue intensamente taurina, sigue conservando su afición y se ha visto lastimada en algo que ama con pasión”. En fin. Así las cosas.

Hace algunas semanas me referí a una corrida que tuvo lugar el 5 de febrero de ese aftoso año, que fue la última que hubo en mucho tiempo en Aguascalientes. Incluso se había anunciado un mano a mano entre Luis Procuna y Chicuelín, ambos presentes en la del día 5, en que se presentó ante “el público bravero con sus chorros de dinero” de Aguascalientes el diestro -¿o era siniestro?- español Manuel Rodríguez, Manolete. Los astados serían de Lucas González Rubio (“algo así como La Punta fraccionado”, escribió El Sol del Centro), y el encierro estaba programado para el 16 de febrero.

Pero ya no se realizó… “Porque en rigor se están suspendiendo todas las corridas de toros en todos los estados para no propiciar la fiebre aftosa, esto lo decidió la Presidencia de la República y el Comité Nacional de la Campaña contra la Fiebre Aftosa”, según nota publicada en el diario García Valseca el 15 de febrero.

Aprovechando este apasionante viaje por el tiempo perdido -así me lo parece-, le recuerdo que, usted lo sabe muy bien, en esos días de febrero se celebra la feria de la Hermana República de La Chona. Entonces, ese año, el domingo dos de febrero, mero día de la fiesta, se celebró en la plaza de toros El Progreso, una denominada “corrida bufa”, en la que participaron “Doña Cuataneta y Fu-Man-Chú, los más famosos reyes del buen humor”, que se las vieron con cuatro ejemplares de la ganadería del coronel Pablo Baranda, un personaje que tuvo cierta relevancia en Aguascalientes, y que en el organismo de lucha contra la aftosa fungió como segundo vocal.

El hecho es que ya no hubo toros sino hasta el domingo 19 de octubre. En su libro La ciudad, la fiesta y sus plazas, (P. 129), Jesús Gómez Medina recuerda que torearon en la San Marcos Alfonso Ramírez, El Calesero, Félix Briones y Ricardo Balderas. Como en la corrida de febrero, los astados provinieron de la cercana ganadería de Peñuelas.

Muy probablemente la cancelación de una nueva corrida con Procuna y Chicuelín, luego de su éxito el 5 de febrero, seguramente encendió las alarmas en muchos porque, ¿qué faltaba para la Feria de San Marcos? Dos meses. Seguramente nadie creería que este asunto de la aftosa estaría resuelto para entonces.

Lo último que se dijo sobre este asunto surgió de la pluma del inolvidable periodista Mario Mora Barba, el mejor que ha producido esta tierra, y el más culto (hasta que me prueben lo contrario). En algún momento de su trayectoria Mora Barba ocupó el puesto de jefe de redacción de El Sol del Centro y de este diario. Desde luego fue también reportero de calle, soñador.

En ese tiempo tenía en el rotativo de la avenida Madero una columna de nombre “Prólogo a la feria”. El 2 de marzo, debajo del título “Cartel”, publicó lo siguiente: “LA FIEBRE AFTOSA -hasta la palabrita es fea- ha impedido que a la fecha se conozcan los carteles para las corridas de Feria. Otros años la enfermedad tan “laftosa” no nos era presentada. A esas alturas ya se comentaban los nombres de quienes defraudarían -leáse complacerían- a la afición. Sin embargo, ya se habla de Armillita y “Calesero” como quienes torearán uno de los festejos, pues si para entonces no se ha arreglado el conflicto México español, los diestros hispanos vendrán a las fiestas, pero como turistas”.

Lo demás es historia. Después de este comentario ya no se dijo nada sobre el tema; ni siquiera hubo un anuncio formal sobre la cancelación. Llegó la temporada de feria, transcurrió y se perdió en el abismo insondable del tiempo perdido. Paradójicamente pasó a la historia por lo que no fue, y de esta forma se le recuerda: la feria sin corridas de toros. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).