Eugenio Pérez Molphe Balch

La humanidad enfrenta hoy en día retos y riesgos que parecen insuperables. Los medios de comunicación nos bombardean continuamente con información, por demás pesimista, acerca de pandemias, guerras, agotamiento de recursos naturales, cambio climático, y varios otros problemas. Ante esto, muchas personas han llegado a afirmar que la extinción de la especie humana es algo cercano e inminente. Si bien, los factores antes mencionados representan riesgos muy reales, y tienen el potencial de causar tragedias nunca vistas en nuestra historia reciente, hablar de extinción de la humanidad es algo diferente.

En biología se maneja un concepto muy interesante, el cuello de botella poblacional. Esto ocurre cuando una especie, animal o vegetal, ha perdido tal cantidad de miembros, que se coloca al borde de la extinción, pero finalmente consigue recuperarse. Un ejemplo podría ser el bien conocido panda gigante, que estuvo muy cerca de la extinción como especie, pero ahora se ha recuperado, o al menos su extinción es ya mucho menos probable. Curiosamente, tanto en el declive, como en el resurgimiento del panda, el hombre tuvo una responsabilidad evidente.

Nuestra especie, el Homo sapiens, no ha estado exenta de estos cuellos de botella, y no una, sino varias veces, se ha encontrado al borde de la extinción. De hecho, otras especies de homínidos, nuestros hermanos olvidados, sí se extinguieron y ahora sólo los conocemos por sus fósiles. Hay evidencia de que uno de los cuellos de botella poblacionales más drástico lo sufrimos como especie hace unos 70 mil años. Esto debido a la erupción del supervolcán Toba, en la Isla de Sumatra. Este fue un evento catastrófico a escala planetaria, que le costó la vida a la inmensa mayoría de los humanos de la época. Los científicos que han estudiado este fenómeno consideran que sólo sobrevivieron unos cuantos miles depersonas en todo el planeta. Más recientemente, hace unos 7000 años,a finales del llamado período Neolítico, se registró otro abrupto descenso en la población. Este no fue tan drástico como el mencionado en primer término, pero sí puso en riesgo la supervivencia de la humanidad. Se cree que este descenso fue causado por la reorganización de la estructura social de la especie humana, y de las guerras entre clanes que surgieron por esta causa.

Las mujeres y hombres que habitamos el planeta hoy en día somos descendientes de los sobrevivientes de eventos como los mencionados, tenemos por tanto los genes que les permitieron prevalecer. La población actual del planeta es de casi 8 mil millones de personas. Sabemos que cualquiera de los factores citados en el primer párrafo pueden, en cualquier momento, acabar con la vida de miles, millones o cientos de millones de estas personas. Esto es algo que por supuesto nos debe de preocupar, y debemos hacer todo lo posible por evitar. Sin embargo, hablar de la extinción de la especie humana es ir muy lejos. Como individuos, como sociedades, o incluso como naciones, estamos destinados a desaparecer. Sin embargo, como especie, somos sobrevivientes, y lo hemos demostrado ya en varias ocasiones. Quizá aun no como humanos, pero sí en forma de pequeños mamíferos, nuestros antepasados estuvieron presentes cuando un evento catastrófico causó la extinción de los dinosaurios. Por supuesto, ellos sobrevivieron. Incluso no todos los dinosaurios desaparecieron. Hoy en día disfrutamos de la presencia de sus descendientes directos, las aves. No hay que olvidar que a veces, cuando una especie desaparece, es porque evolucionó a una forma superior, más avanzada. Hagamos lo posible para que la extinción del Homo sapiens, cuando sea que ocurra, sólo signifique que hemos avanzado.

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