Estimado lector, el día de hoy comencé con la responsabilidad de desarrollar el curso de la materia “Federalismo” en la Maestría en Administración Pública que imparte el campus local de la Universidad del Valle de México. Por tal motivo, me resultó necesario desempolvar mis apuntes sobre dicho tema y, aprovechando tal circunstancia, quisiera compartir con Usted algunas líneas sobre este tópico.

El federalismo, como forma de organización estatal, ha transitado un camino sumamente complejo y controversial dentro de nuestra historia nacional. El federalismo ha sido producto de una serie de luchas ideológicas y sociales que, en algunos casos, han sido causantes de derramamiento de sangre. Las diferentes Constituciones Políticas que ha tenido nuestro país son las que han marcado la pauta para determinar la forma de gobierno que ha prevalecido en las distintas épocas del México independiente.

Lo que nos queda muy claro es que desde que México logró su independencia nos hemos constituido como una República. La pugna, al menos durante el siglo XIX, se centró en el establecimiento de un régimen político de corte federal o central. Esto provocó, en su momento, un choque sistemático entre el grupo de los liberales y el de los conservadores.

En las Constituciones de 1824, 1857 y 1917 prevaleció el sistema federalista, mientras que en la de 1836 se impuso el sistema centralista. Estos vaivenes del sistema político mexicano fueron provocados por las distintas circunstancias económicas, culturas e ideológicas que imperaron en ese momento histórico.

Una razón fundamental para justificar el triunfo aparentemente definitivo del federalismo en México radica en la composición pluricultural de nuestro país, los regionalismos perfectamente marcados a lo largo del territorio nacional y, en mayor medida, la tendencia a mantener un sistema de gobiernos locales heredada del municipalismo español.

A final de cuentas, el federalismo ha sido una forma de gobierno atenuado y que ha mostrado algunas tendencias disfrazadas hacia el centralismo, lo que no ha permitido su perfeccionamiento. Todo ello generado, durante el siglo XIX, por la inestabilidad política que lo caracterizó y las tendencias europeas en el ejercicio del poder que proliferaron durante el porfiriato y, durante el siglo XX, gracias al caudillismo y posterior presidencialismo a ultranza que se establecieron en nuestro país.

Considero que es el Municipio el que ha permitido la sobrevivencia del Estado federal mexicano, pues es el orden de gobierno que sigue manteniendo vigente el pacto federal, aun por encima de las propias entidades federativas. Sin la existencia del Municipio libre en México podríamos estar hablando de una historia diferente, probablemente se hubieran impuesto los postulados de la corriente conservadora, partidaria de un gobierno central o unitario.

En virtud de lo anteriormente expuesto, podemos afirmar que el Estado Federal debe subsistir y ser compatible con la soberanía de los Estados y la autonomía de los Municipios. Hoy en día, el empuje hacia el fortalecimiento del federalismo en México viene de todos los actores políticos involucrados, principalmente, el Congreso de la Unión, los Gobernadores y los Municipios, sin embargo, todavía hay muchos aspectos por modificar o revertir.

Por ello, es dable proponer una reforma integral a la Constitución General, es decir, la llamada “Reforma del Estado”, en donde se dé una reconfiguración de las atribuciones y potestades de los tres órdenes de gobierno, respecto a las múltiples labores del Estado, entiéndase potestades recaudatorias y responsabilidades en materia de gasto, prestación de servicios públicos, facultades legislativas y reglamentarias, entre otras.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y atención. Lo espero, una vez más, el próximo sábado.

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