La semana pasada asistí al Foro Nacional: “Desarrollo y Desafíos de los Procesos Electorales 2024”, donde la Dra. Loretta Ortiz Ahlf, Ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, compartió una perspectiva del ámbito electoral desde su visión como integrante del Máximo Tribunal del país.
De igual forma, Magistraturas del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Consejeras y Consejeros del INE y magistraturas electorales locales, presentaron el panorama actual de las problemáticas a las que se enfrentan las autoridades en el proceso electoral concurrente en curso.
Si bien, se dieron a conocer estrategias legales e institucionales que están siendo implementadas para hacer frente a los desafíos y retos en estos comicios, me llamó mucho la atención que, en la mayoría de los paneles, el comentario constante fue la necesidad de educar a los infantes y las juventudes en el actuar ético y recto en todos los ámbitos y en que es necesario que las personas hagamos del pensamiento crítico una constante en nuestras vidas.
Entre las conclusiones a las que llegué después de tres días de intercambio de experiencias desde instancias administrativas y judiciales, es que sin duda existe una excesiva regulación en materia electoral que lejos de contener conductas irregulares, hace más compleja su investigación y sanción.
Que la fiscalización tiene un gran reto ante las nuevas tecnologías que avanzan a pasos agigantados, las cuales también se han convertido en una herramienta para replicar discursos de odio y violencia de género.
De igual forma, las redes sociales nos presentan la información tan a mano, que nos vamos con lo primero que al algoritmo le place presentarnos, sin tomarnos el tiempo de verificar su autenticidad.
Nuevas conductas y formas de comunicación política se van posicionando por sobre las leyes, las cuales por obvias razones no se pueden reformar con la constancia necesaria. Las sentencias de los tribunales van fijando criterios, pero a la par, se van dando nuevas formas de darle la vuelta a las normas y se va diversificando el discurso político de tal forma que parece que el prestigio se puede construir de un día para otro o, por el contrario, se puede destruir en un segundo, con una sola publicación.
Ante este panorama, me queda claro que no podemos dejar todo el trabajo a las autoridades electorales, actores políticos y partidos políticos.
En el tema democrático y de interés público, debemos apostarle a la ética y a la educación cívica y en valores desde la edad temprana, para formar niñas y niños, ciudadanas, ciudadanos y futuros políticos con la calidad humana y profesional que el país necesita. Es fundamental que cada persona estemos atentos a la calidad de la información que recibimos, desarrollar un pensamiento crítico e informado de lo que se nos presenta.
Ejercitar la capacidad de discernir si las propuestas que nos presentan los aspirantes a cargos públicos son viables, si están dentro de sus facultades, investigar su historia, cuál ha sido su actuar y logros o fracasos en anteriores cargos o encomiendas.
De igual forma, su actuar durante las campañas electorales puede darnos importantes pistas respecto a la personalidad de la candidata o candidato y lo que podemos esperar si logra llegar al cargo. Preguntarnos qué podemos esperar de alguien que calumnia, que difama, que desvía recursos públicos para lograr sus objetivos electorales o que estuvo implicado en temas de corrupción.
El prestigio es algo imprescindible, algo que nunca pasará de moda, pero que lamentablemente parece algo a lo que ya no se le pone mucha atención en la actualidad.
Por tanto, les propongo ser analíticos de todo lo que se nos plantea. Analizar, repensar, razonar, cuestionar. Hacerle caso al sentido común y a la experiencia.
Podría parecer absurdo, pero en este tema, hacer uso del principio “back to basics” y hacerse muchas preguntas al estilo del método científico, puede ser una solución más óptima.