Víctor Hugo Granados Zapata

“Uno nunca sabe lo que tiene hasta que lo pierde” esta es una frase comúnmente utilizada con el objetivo de ser más agradecidos con lo que tenemos o cuidar más lo que hemos conseguido. Dicha frase también puede usarse en este contexto de pandemia, donde las y los alumnos ya no podemos ir presencialmente a las escuelas/universidades y añoremos aquellas ventajas que nos proporcionaban estos centros de enseñanza, más allá de la pedagogía en clase. El hablar constantemente con nuestros compañeros, amigos, profesores; interactuar dentro de las aulas, realizar actividades académicas dentro de la institución e incluso poder estudiar dentro de la biblioteca; son aquellas ventajas que con la cotidianidad hemos perdido de vista durante los años anteriores y que, con esta crisis, quisiéramos tener de vuelta.

El titular del Instituto de Educación de Aguascalientes, Raúl Silva Perezchica mencionó a través de una entrevista en la plataforma A Criterio que la escuela es necesaria para que las niñas y niños puedan interaccionar y expresar sus emociones, lo cual es crucial para su aprendizaje y desarrollo personal. De la misma forma María Elena Gómez Tagle Mondragón señala, en la revista Nexos, que “En México, construir escuelas, formar maestros y proporcionar libros de texto son acciones que responden a la preocupación por igualar las condiciones tan diversas de niñas y niños, a fin de colocarlos con la mayor homogeneidad posible dispuestos al aprendizaje”. Por lo tanto, las escuelas públicas cumplen una tarea dual, que es propiciar un entorno educativo que apoye a las niñas y niños en condiciones de mayor igualdad en su desarrollo académico, y también generar espacios para su desarrollo personal y social.

De la misma forma, el papel que juegan las instituciones de educación superior en la formación de las y los estudiantes es crucial, ya que su principal efecto es el de otorgar una mayor integración social entre estudiantes y asegurar una base igualitaria de aprendizaje dentro de las aulas. Esto no solo a través de las clases presenciales, sino también con la creación de eventos universitarios, como lo son las exposiciones artísticas, culturales, de proyectos de emprendimiento y, en el caso de la UAA, la Feria Universitaria. Dichas ventajas se perdieron con el inicio de las clases en línea, donde miles de alumnas y alumnos debemos sujetarnos a nuevas condiciones para asistir a las clases y continuar con nuestra formación.

La pandemia asestó un golpe a todos los niveles de educación (básica, media y superior) y es que todas las clases se tienen que impartir a través de diferentes medios de comunicación, desde las clases por videoconferencia (sobre todo para el caso de la educación media y superior), televisión, radio (programa de “Aprende en Casa”) y cuadernos de trabajo (comunidades rurales e indígenas). La ventaja de la inclusión al momento de hacer las clases presencialmente se esfumó, puesto que no todas y todos los estudiantes cuentan con las mismas oportunidades. Algunos de los problemas más recurrentes entre los estudiantes fue el no tener una computadora en casa con acceso a internet, carecer de un espacio en casa para poder estudiar, no contar con televisión o radio, entre otras cuestiones de infraestructura.

Es un poco triste que fue necesaria una crisis sanitaria para que se visualice la gran importancia de los centros de enseñanza para la formación de las y los estudiantes, ver a estos centros no solo como un lugar en el que se va a tomar clases, sino como una segunda casa en la que convivimos como estudiantes y crecemos como personas. Es momento de cuestionarnos qué tipo de escuela/universidad queremos cuando regresemos presencialmente a las aulas y ser más críticos en cuanto a los temas de inclusión escolar, es decir, establecer un ambiente de respeto y tolerancia para alcanzar la igualdad de condiciones dentro de la escuela.

No podemos cambiar el contexto de las y los estudiantes, pero sí podemos mejorar los centros de enseñanza y así garantizar el acceso a la educación pública con las características que señala el artículo 3° de la Constitución: “La educación se basará en el respeto irrestricto de la dignidad de las personas, con un enfoque de derechos humanos y de igualdad sustantiva”. Una escuela segura e incluyente para todas y todos.

Correo: victor.granados@cide.edu

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