Luego de la elección del pasado 2 de junio, hubo voces que no estaban de acuerdo con los resultados obtenidos por Morena y aliados, que decían que había habido fraude electoral. Además, un gran número de ciudadanos y empresarios se preocuparon por el destino que tendría el país. Sobre el tema del presunto fraude se suscitaron alegatos sobre ese posible fraude. Muy parecido a lo que se alegó en el año 2006, pero ahora del otro lado. Eran argumentos muy semejantes. Y esa idea del fraude nació, en primer lugar, por la incredulidad de que la elección haya sido tan apabullante y también porque efectivamente había actas de votación en donde la suma estaba mal hecha o que hubo lugares en que había más votos que personas registradas, así como también se mostraba la sábana que se coloca afuera de las casillas y ésta no coincidía con el acta de votación, o luego lo que estaba en el acta de votación no coincidía con lo que reportaba el PREP en internet.

Lo anterior es común en las elecciones. Hay sumas mal hechas. Hay veces que las sábanas que se colocan afuera de las casillas están mal llenadas. Hay veces que los datos que se suben al PREP no coinciden con las actas. Esto ha ocurrido en todas las elecciones. Y siempre esto da lugar a que se diga que hubo fraude. Lo que ocurre es que estos errores, la mayoría, son aleatorios. Es decir, no son de mala fe. Hay algunos que sí son tramposos. Pero en un universo de 170 mil casillas, donde hay más de un millón de actas, porque en cada casilla hubo cinco o seis actas, porque hubo cinco o seis votaciones diferentes.

Estos datos que circularon, que son como cinco mil casos, eran poco relevantes en un universo de 170 mil. Al terminar el cómputo de la elección presidencial se revisaron todas las actas, se recontó el 60 por ciento de los paquetes. Y lo que ocurrió es que básicamente se ratificó el triunfo de Sheinbaum. El margen en el triunfo de la candidata de Morena fue de 32.3 por ciento. Por lo que no había una variación relevante, y volvemos al caso del 2006, porque quien inició esta tradición fue López Obrador. En ese año empezó a usar datos selectivos para tratar de demostrar un fraude que nunca probó. Pero en aquella elección la diferencia era de 0.56% y se recontaron y recontaron votos, se revisaron casillas y la diferencia prácticamente no varió.

El domingo 2 de junio no hubo fraude. Lo que sí hubo en los últimos meses fue una elección inequitativa, una elección muy violenta y compra del voto. Por lo que muchos de los votos que se contaron legalmente el domingo 2 de junio provenían de una elección inequitativa, una elección en donde se compró el voto como en otras ocasiones ha ocurrido. Nada nuevo. Esa es la discusión relevante. De tal forma que se puede aceptar el resultado del número de votos que obtuvo cada candidatura.

El INE actuó técnicamente de manera impecable. Por lo que hay que brindar reconocimiento a los funcionarios y trabajadores del Instituto Nacional Electoral que hicieron posible la organización de la magna elección. Pero hay que meditar si el INE en la parte política se vio sumiso ante el poder. Se podría decir que sí. El INE en ocasiones fue complaciente. Hubo varios consejeros que fueron inquebrantables en detener al presidente, aunque creemos que en su conjunto les faltó firmeza, un poco de innovación y postura para llamar al presidente a cuentas. Y eso causó un proceso inequitativo y por eso la gente se confundió y creyó observar un proceso electoral que consideraron disparejo. Pero sí hubo votos transparentes que dieron un mandato, el mayor en la historia. Sheinbaum es la presidenta que más votos ha obtenido. Nunca antes, desde Miguel de la Madrid, había habido un margen de diferencia tan amplio. Lo que constituyó un mandato real, democrático y legítimo. Pero el proceso previo, en donde López Obrador se metió, fue un proceso que fue violentado, fue disparejo y esto también se tiene que decir con claridad. López Obrador jugó a no perder y lo logró.