Durante muchos años, el Partido Revolucionario Institucional impuso una forma de gobierno que permitió un gran control desde y para todos los estratos sociales. De manera tal, que la política mexicana no puede entenderse sin el partido Revolucionario Institucional y sin los rituales que este partido dejó impregnados en nuestra cultura.

Nos encontramos a unos meses de la elección del Estado de México y todo parece indicar que uno de los más grandes bastiones priistas podrá ser arrebatado por la corriente morenista. Lo anterior, sin importar la fuerza de la coalición “Va por México” y/o la cantidad de escándalos o notas que puedan salir en estos días sobre supuestas observaciones por parte de la Auditoría Superior de la Federación o desvíos de fondos desde la Secretaría de Educación Pública por parte de la hoy virtual candidata de MORENA a la gubernatura de dicho Estado.

Mencionado lo anterior, podremos entonces decir que el proceso de la sucesión presidencial adquirirá su mejor tonalidad, en el momento en el que la elección del Estado de México culmine. Para dichos efectos, será importante conocer o imaginar que todos esos rituales o prácticas antiguas “priistas” se pondrán en práctica para la selección del candidato o candidata pero bajo circunstancias totalmente atípicas o bajo ambientes de incubadoras inimaginables.

Comenzaremos con la selección de la “corcholata” ganadora y en ese momento veremos un factor nunca visto: la adopción del ritual priista que buscará dar reflectores al elegido por todos los rincones del país, pero que no tendrá sectores u organizaciones tan fuertes como lo son (o eran) las bases campesinas, obreras y empresariales. Por otra parte, veremos una operación cicatriz en la que no sabemos cuál vaya a ser la reacción de ciertos personajes ya que anteriormente era bien conocido que el priista sabía “aguantar” la derrota interna bajo aquel increíble fenómeno de la “unidad” que tarde que temprano recompensaba en poca, mediana o mayor manera; sin embargo, el morenista no parece contar con esa formación ni mucho menos con esa disciplina.

Este último escenario será, sin duda, la única oportunidad real para que la oposición pueda hacerse valer de alguna remota posibilidad para la obtención de la victoria en 2024. Razón por la cual debería ya estar enfocándose en preparar y exhibir a quien será el candidato de este famoso bloque opositor que permita rescatar la credibilidad ciudadana y el despertar de estos partidos frente a un partido MORENA improvisado y que muy probablemente quede lacerado tras una fallida y compleja operación cicatriz. Dejo el tema para su reflexión dominical, agradezco el favor de su lectura y les deseo un muy feliz fin de semana.

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