Durante las últimas semanas, hemos sido testigos del enorme debate que se genera en los Estados Unidos de América, sobre la viabilidad o no, de ejecutar un agresivo plan de rescate para su economía, derivado de los estragos forjados por la interminable pandemia. Hagamos un pequeño recorrido por las medidas que se han tomado hasta la fecha, así como, las generalidades y consecuencias del nuevo paquete fiscal inducido por el presidente Joe Biden.

Remontémonos a mediados de marzo del año pasado, justo cuando la pandemia comenzó a tomar fuerza en nuestro vecino del norte y aún se tenía en el poder a Donald Trump, quien se caracterizó por no darle importancia al comienzo de la misma.

A pesar de esto, rápidamente el congreso aprobó un estímulo de 2.2 billones de dólares, lo que permitió, además de evitar un colapso en el país, un repunte considerable de la economía para la segunda mitad del 2020. Sumado a esto, se le inyectó un nuevo apoyo en el mes de diciembre de 0.9 billones de dólares, para continuar con el desenvolvimiento positivo que se había registrado.

Sin embargo, la economía cayó en un estancamiento, teniendo a sectores cruciales como la hostelería, los viajes y los servicios de alimentación en la cuerda floja.

Derivado de lo anterior, la reciente administración de Biden, propuso realizar un segundo estímulo fiscal, cercano a los dos millones de millones de dólares. Dentro de ese plan, prevé repetir algunas de las estrategias del paquete anterior, así como la implementación de algunas nuevas.

Se pretende ejecutar transferencias directas de mil 400 dólares a los contribuyentes, aumentar las prestaciones semanas por desempleo a 400 dólares, así como destinar 350 mil millones de dólares para apoyo a gobiernos estatales y municipales para afrontar los estragos generados por la pandemia.

De igual forma, observamos la idea de incrementar el salario mínimo en quince dólares, con la finalidad de sacar de la pobreza extrema a alrededor de 900 mil ciudadanos norteamericanos. De la mano, se busca incluir fondos para el cuidado infantil, financiación de escuelas y una robusta distribución de vacunas. Esta última, dicho sea de paso, lleva un ritmo de aplicación y organización, que genera envidia en un país como el nuestro, que se muestra un plan sin pies ni cabeza en este aspecto; así como en muchos otros más.

Podemos visualizar dos posturas a la implementación del estímulo fiscal. En cuanto a lo negativo, y teniendo en entendido que nos encontramos en una situación sin precedente alguno, se pudiera considerar al monto como excesivo. El problema de una mayor cantidad de recursos destinada a este problema en particular, puede tener como resultado un sobre calentamiento de la economía, que pudiera resultar contra prudente al presentarse un alza en los índices inflacionarios que mermarán la capacidad de compra de los ciudadanos.

Asimismo, se menciona la necesidad de una filtración mayor para el segmento de la sociedad que es acreedora a las transferencias monetarias. Según diversas encuestas, se pudo conocer que muchas personas recibieron este tipo de apoyos gubernamentales, y al no tener la necesidad, se destinaron a cosas ajenas al propósito principal del mismo.

La permanencia del seguro de desempleo, pudiera generar una zona de confort para todos aquellos ciudadanos que son considerarnos como económicamente activos, que pudieran cancelar la búsqueda de algún empleo.

La realidad en Estados Unidos, así como en la mayoría de los países, es que se necesita de un empujón para poder echar andar la economía y evitar que el impacto sea mayor al actual. La necesidad de reorientar la aplicación de este segundo estímulo, seguramente marcará el desenvolvimiento de la economía en tiempo de Joe Biden.

OVERTIME

Una vez más. En días pasados, el presidente de nuestro país, declaró en contra del MITRE, una institución de aviación perteneciente al afamado Massachusetts Institute of Technology, al catalogarla como corrupta; ya que ésta, afirmó que no podían operar dos aeropuertos al mismo tiempo en la Ciudad de México. La realidad es que este organismo, cuestionaba si la capacidad global resultante del AICM y Santa Lucía es mejor que la de Texcoco a solas; así como si la longevidad de la solución es a largo plazo. Como ya es costumbre, acomodando la información de manera que más le convenga al Ejecutivo.

 

 @GmrMunoz