Mircea Mazilu

Con la llegada de los españoles, la antigua economía de las civilizaciones prehispánicas sufrió profundas transformaciones. Para implantar una nueva organización económica, los recién llegados trajeron al continente americano técnicas, instituciones y actividades de origen europeo. Asimismo, utilizaron la mano de obra de los indígenas y los negros para la explotación de los recursos naturales. El florecimiento de la agricultura, la minería o el comercio en la Nueva España se basó principalmente en el trabajo físico de las clases más desfavorecidas de la nueva sociedad colonial.

La agricultura siguió siendo una de las actividades económicas más importantes. Los españoles introdujeron aquí nuevas plantas como, por ejemplo, la caña de azúcar, el olivo, la vid y los cereales; técnicas como el uso de abonos y la rotación de la tierra; herramientas como el arado, el rastrillo y la pala; y animales, como la vaca, el caballo, el cerdo, la oveja, la cabra, la gallina y el burro.

Para una mejor administración de la producción económica, los europeos introdujeron instituciones como la “encomienda” o el “repartimiento”. Mediante la primera, un grupo de indios (encomendados) era adjudicado a un señor español (encomendero), a quien debían pagar tributo a cambio de su protección, evangelización y educación.

El “repartimiento”, por su parte, era un tipo de servidumbre mediante el cual los indígenas debían prestar trabajos a los peninsulares por ciertos periodos de tiempo. Tanto en el caso del “repartimiento” como en el de la “encomienda” eran frecuentes los maltratos y los abusos cometidos por los conquistadores que, junto a las enfermedades provenientes de Europa, causaron un importante descenso de la población aborigen.

La minería fue otra actividad económica que experimentó un amplio desarrollo en el Virreinato de Nueva España. Entre los metales más extraídos por los españoles aquí destacaban el oro y la plata, que en la mayoría de los casos eran enviados a la metrópoli.

De la misma manera, la industria tuvo un destacado impulso a través de la fundación de los obrajes, pequeñas fábricas en donde se confeccionaban productos textiles.

Por último, el comercio se basó principalmente en el intercambio con España, a donde se mandaban los metales preciosos y desde donde se traían productos como el aceite, el vino y las telas.

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