RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Aunque no quiera uno escribir del coronavirus el tema irremediablemente sale a relucir en todas las charlas y más hoy que estamos en una etapa de emergencia sanitaria en la cual la instrucción precisa y determinante es no salir de casa, lo cual para la inmensa mayoría es algo muy difícil pues nuestra vida la basamos en la actividad diaria del ir y venir. Y algo de lo que uno está muy pendiente, después del tema sanitario, es el referente a la parte económica así como del daño económico provocado por la pandemia. ¿A que me refiero? Pues al empleo, la ocupación o la manera de ganarse la vida de millones de personas a nivel nacional. Solamente en restaurantes por ejemplo estamos hablando de 2.1 millones de personas, que trabajan y son el sustento de siete millones de mexicanos, que no es una cantidad menor y aquí estamos hablando de restaurantes, de ahí hay que sumarle todos los que viven de comisiones, de propinas, de vender en la calle, de ambulantes, etc., en todo el país. Los que al no tener clientela evidentemente no pueden vender y si no venden no llevan dinero a casa y si no llevan dinero a casa…¡No comen! Así de brutal es el tema en la parte más sensible de la cadena económica social.

En días pasados algo me llamó la atención al estar revisando mi teléfono celular es la gran cantidad de anuncios de restaurantes de todo tipo, principalmente de los llamados caros, que tienen abiertas sus cocinas para preparar comida para llevar, debido a que la gente no está asistiendo a los restaurantes debido a las medidas de precaución sanitarias. Así que restaurantes de alcurnia ante la recomendación de la Secretaría de Salud de que la gente no salga de casa y ante el riesgo de quiebre, ponen a disposición de quien así lo requiera el servicio de elaboración de comida y entrega a domicilio para que siga habiendo trabajo para los cocineros, los trabajadores en general, algunos de los meseros, no todos, pues esto en verdad que es un problema.

La parte económica del tema de la crisis del coronavirus es fundamental en esto porque la economía se va a paralizar sobre todo en algunos sectores y en México se tiene dos problemas: el problema de la economía formal y el problema de la economía informal, que es la que predomina. En otros países, en Europa o en Estados Unidos, por ejemplo, no tienen el problema en la formalidad y pueden resolverlo relativamente fácil. Por ejemplo es interesante comentar el plan fiscal de Estados Unidos planeado para esta contingencia que es de un monto de ¡2 millones de millones de dólares! -2 billones de dólares-. Eso representa alrededor del 9.5 del producto interno bruto –PIB- de ese enorme país. A 25 pesos por dólar estamos hablando de alrededor de ¡50 billones de pesos!  Es decir el doble de todo lo que produjo México el año pasado. De ese de tamaño es la cantidad que quiere gastar el gobierno de Donald Trump para paliar los efectos del coronavirus. Eso sería, sin duda, el paquete más grande de estímulos que se ha visto en la historia del capitalismo. Con esto que están diciendo los estadounidenses: “Vamos a salvar a nuestros negocios y por lo tanto vamos a salvar también a los empleados”. Nada más como parte de este proyecto cada estadounidense va a recibir un cheque por 1,200 dólares del gobierno – algo así como 30 mil pesos- y cada niño 500 dólares -12,500 pesos-. Desde luego que lo anterior es sencillo en un país en donde la mayoría sí paga impuestos y están en el padrón fiscal, entonces es muy fácil imprimirles esos cheques y mandarlos por correo. Lo anterior no se podría hacer en México porque el 40%, se calcula, de nuestra economía está en la informalidad, son gente que no está registrada en el servicio de administración tributaria. En México se tiene el problema de qué se va a hacer con la economía informal y qué se va a hacer con la economía formal.

En lo referente a la economía formal lo que se trata es de darle a las empresas apoyos de todo tipo fiscales para que no quiebren, porque si quiebran las empresas se van a perder muchos empleos, empleos que sí pagan impuestos, IMSS, INFONAVIT, etc. Eso implica una política fiscal como la que están haciendo en E.U. con condonaciones y estímulos fiscales, etc. E incluso ayudas sobre todo a las empresas pequeñas, aunque ya dijo el presidente que no está en su ánimo el dar rescates como se daban en el pasado sobre todo a los bancos y a las grandes empresas, y tiene razón pues ellos siempre fueron los ganones y nunca perdieron un centavo, recordemos el FOBAPROA, por ejemplo. Por lo pronto no hay información de que efectivamente se les vaya a dar estímulos a la I.P., salvo algunos créditos que les van a dar a las pequeñas empresas, a las PYMES sobre todo, que son las que emplean a más gente en México. Pero todavía no se tiene un proyecto para tratar de rescatar a las empresas mexicanas de la quiebra, pues hay que decir que no hay empresas en el mundo que aguanten mucho tiempo sin ingresos.

En lo referente a la economía informal ahí si está más difícil, porque aquí nos referimos a quien vende comida en la esquina, de la gente que está en las calles ofreciendo servicios, la gente que se dedica a vender en los tianguis, etc. Esa gente se va a quedar sin negocios muy pronto y no hay manera de hacerles llegar dinero para que puedan comprar lo indispensable. El gobierno deberá idear algún esquema para repartirles dinero de alguna forma, lo difícil será dar con ellos para darles la ayuda que les sirva para subsistir.

Sin duda han llegado tiempos muy difíciles en lo referente a dos temas muy sensibles: la salud y la economía, a cual más de importantes y urgentes. La vida a todos nos ha cambiado en tan solo un mes. Hoy todo lo vemos con otra óptica; el cristal con el que estamos mirando está muy opaco y estamos observando la dura realidad que estamos viviendo. Ojala y cambie pronto.