Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

En las clases, las maestras y los maestros explicamos a nuestros alumnos sobre la división de los Poderes del Estado Mexicano: Legislativo, Ejecutivo y Judicial. Y argumentamos que estos tres poderes, de acuerdo con nuestra Constitución, son propios de los gobiernos democráticos, como el de nuestro país. Y para que los alumnos entiendan mejor, al respecto, contrastamos con lo que sucedía en épocas del cesarismo, del despotismo, de la tiranía, de la autocracia, y de la dictadura de Santa Anna y Porfirio Díaz, en el caso de México. Para luego sustentar que con el fin de evitar que una sola persona gobierne arbitrariamente, grandes pensadores de la humanidad engendraron la idea de crear los poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial, condiciones necesarias para un régimen democrático, en el que la soberanía del pueblo entero, de manera directa o indirecta, establezca su voluntad política.

Con base en lo anterior, todos esperábamos del actual gobierno, un régimen democrático en toda la extensión de la palabra, a diferencia de gobiernos pasados; pero, ¡ah, qué decepción!, el Ejecutivo ha convertido al Poder Legislativo federal en una simple oficina de recepción y despacho de indicaciones presidenciales, desapareciendo su autonomía en la toma de decisiones para crear y/o modificar leyes en favor del pueblo que eligió tanto a diputados como a senadores. Y no conforme con desvanecer el Poder Legislativo, ahora el Ejecutivo apuntilla las funciones y facultades del Poder Judicial con el objeto de fusionar los tres poderes en una sola persona, como en los tiempos más oscuros de gobernaren la Nación.

Fusionar los tres poderes en manos de una sola persona afecta la estructura organizativa del país y a todos los ámbitos de la vida del país; entre éstos a la educación, toda vez que la orientación ideológica será conforme la visión y voluntad de la única persona que manda. Las maestras y los maestros, en nuestras clases, ya no podríamos, sin ser cuestionados severamente, resaltar la importancia capital de la Constitución, y en específico ya no podremos enseñar a los alumnos, sin mentir, que en México existen tres poderes, cuando la realidad no es así. El dilema, pues, para nosotros es: ¿callamos?, o ¿decimos la verdad de la situación frente a los alumnos? Callar la realidad es engañar al seguir repitiendo que la Constitución, en el Artículo 49, estipula que “El Supremo Poder de la Federación se divide para su ejercicio en Legislativo, Ejecutivo y Judicial; y que no podrán reunirse dos o más de estos Poderes en una sola persona”. Callar la realidad es engañar a los estudiantes al seguir leyendo en los libros de texto donde se habla sobre la división de los Poderes Federales y sobre la democracia; cuando en los hechos el actual gobierno ya tiene más características de una dictadura. O decimos la verdad de lo que está pasando con el actual gobierno al ejercer funciones y facultades que no le corresponden, bajo el temor y riesgo a las represalias. Los auténticos maestros deben ser congruentes con su formación profesional, con la Constitución y con el espíritu de la educación: formar ciudadanos democráticos, críticos, reflexivos, propositivos y muy responsables consigo mismos, con sus familias y con la sociedad mexicana. A todos nos toca esta tarea y más en especial a los docentes de Educación Cívica, Historia y Ética.

No es la primera vez que sucede esto, hubo épocas de la “dictadura perfecta” que padecimos; pero hoy los resentimientos y el odio de la máxima autoridad, han empeorado las cosas; los resentimientos y el odio incubados están generando polarizaciones y divisiones entre los mexicanos; y es deber de nosotros los maestros intervenir, con fundamento en la leyes que nos rigen, en la formación de estudiantes hacia horizontes democráticos, hacia la unidad y el orgullo de ser todos mexicanos en igualdad de derechos.