Noé García Gómez

Hoy después de 20 años de la ciudadanización del órgano electoral, de más de tres lustros (1997) de lograr una sana correlación de fuerzas en el Congreso de la Unión, de 14 años de llegar la alternancia al gobierno federal, de pintar el país multicolor por la diversidad de fuerzas que gobiernan en los estados, pero sobre todo en los municipios de México, de un sin número de reformas políticas y electorales para adaptar el sistema “democrático” mexicano a nuevas y más reglas que pretenden hacer más equitativa las campañas electorales, aun con todo eso creo que se vive una de las peores crisis en México.

He leído, escuchado y escrito de la crisis que vive la política mexicana, pero después de mucho reflexionar y comentar con más de dos camaradas, amigos y algunos analistas conspicuos, llego a la conclusión que manejamos mal el concepto, la clase política no está en crisis, la crisis la están padeciendo y viviendo los ciudadanos.

En gran parte de los políticos existe una insensibilidad (la masacre de Ayotzinapa), descomposición (las listas plurinominales de todos los partidos es una muestra, Ignacio Zavala lo describe “Están llenas de favores, de pagos de cuotas. En el PAN, la lista es el monumento al asistente y al mapache electoral interno. En el PRD, la lista combina el control de la estructura con la delincuencia común. En el PRI, una turbia mezcla de frivolidad y corporativismo”), hipocresía (las mansiones del Presidente y los mil asesores de la Cámara de Diputados son un botón de muestra) y hasta cinismo (los Senadores que se bajaron 100 pesototes de su pequeño sueldo de 120mil pesititos) en su comportamiento.

La clase política comparte el pan y la sal, el vino y las fiestas y de vez en vez, simula desacuerdos que se dejan a un lado al momento de descorchar un vino (de más de 1mil pesos como los que apuestan los líderes del PRD) o servirse un Coñac, vemos a una izquierda frívola, una derecha pragmática y un priísmo (por su amorfovidad ideológica no sé donde ubicarlo) empoderado y mandón.

La clase política más que crisis vive una decadencia, algo así como el pasaje bíblico de Sodoma y Gomorra, Ezequiel 16:49-50 “He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan (en el Hebreo esta frase literalmente significa comer hasta vomitar), y abundancia de ociosidad; y no tendió la mano al afligido y al mendigo. Y se llenaron de soberbia y abominaron de mi Ley.”

En cambio el ciudadano padece y vive una constante crisis, lo dice el enorme ejército de desempleados, los sub empleados y los que perciben salarios miserables, los que padecen los pésimos servicios en salud y transporte, lo que libran batallas para pagar la electricidad, gas, los que ven mes a mes cómo la gasolina dispara su precio. Estos ciudadanos muchos se desilusionan e indignan, ven la baraja de alternativas de cara a las elecciones y no hoy ni siquiera “el menos peor”, muchos optan por el desinterés consciente o inconscientemente se dedican al día a día, no votarán, engordarán la cifra de abstencionismo y las autoridades electorales y la clase política “lo lamentarán” (así entre comillas) para ellos seguirá la fiesta por otros tres años a costa del presupuesto y si les faltan recursos para sus gastos, pues subirán la gasolina o subirán e inventarán nuevos impuestos, ellos están acostumbrados a un estilo de vida, viajar en jet privado, caravanas de autos blindados, comer en lujosos restaurantes, vestir caro (mas no fino) ocupar un séquito de aduladores, perdón, asesores, etcétera.

Así, seguirá la decadencia política y los ciudadanos seguiremos padeciendo una interminable crisis. Gran parte de la clase política y su estilo está consumida en una lamentable decadencia, pero como están acostumbrados a; rodearse de aduladores que les llenan los eventos de aplaudidores y sus síntesis informativas les omiten las críticas, seguirán dando vueltas en círculo en la comodidad de su burbuja.

En cambio el ciudadano no puede evadir sus problemas, su crisis, con ella vive, trabaja, lucha y por eso este país se sigue sosteniendo a pesar de la depreciación del dólar, la inflación, la inseguridad, la corrupción.

Cierro con la siguiente pregunta ¿Cómo podemos demostrar nuestra inconformidad con toda la clase política y los partidos sin dejar de participar en las elecciones? Esta pregunta la trataré de responder mi siguiente colaboración.