Mircea Mazilu

La literatura del Virreinato de la Nueva España fue muy abundante y diversa, por lo que sería conveniente dividirla en tres partes, correspondientes a cada uno de los tres siglos que comprende el periodo colonial de México. En el siglo XVI el género literario más empleado fue la crónica, mediante la cual los españoles narraron los sucesos de la Conquista y describieron su percepción de las nuevas tierras colonizadas. Entre los autores más conocidos de esta centuria destacaron los españoles Bernal Díaz del Castillo, autor de Historia verdadera de la conquista de la Nueva España; Bernardino de Sahagún, quien escribió Historia general de las cosas de Nueva España; y Bernardo de Balbuena, cuya obra más descollante, Grandeza Mexicana, es de principios del siglo XVII.

La literatura del siglo XVII, fuertemente influenciada por el barroco español, comenzó a introducir temas profanos, ya que los autores de este periodo expresaron muchas veces sentimientos como el amor, el celo o la envidia. Asimismo, en esta centuria predominaron la poesía, el teatro y los textos en prosa y destacaron los literatos novohispanos Juan Ruiz de Alarcón, cuya obra maestra es la comedia La verdad sospechosa; Carlos de Sigüenza y Góngora, quien compuso la novela Infortunios de Alonso Ramírez y el poema Triunfo parténico, entre otros; y sor Juana Inés de la Cruz, cuyas obras más famosas son el auto sacramental El divino Narciso, el poema Primero Sueño, y el texto en prosa Neptuno alegórico.

En el siglo XVIII surgieron escritores ilustrados que se preocuparon por la ciencia, la filosofía y la historia. Descollaron los jesuitas novohispanos Francisco Javier Alegre, quien compiló la Historia de la Compañía de Jesús en Nueva España; y Francisco Javier Clavijero, autor de la Historia antigua de México. Ya a finales del periodo colonial sobresalió la labor del dominico fray Servando Teresa de Mier, quien escribió en el contexto de la lucha por la independencia, destacando sus obras Cartas de un americano al español y Memorias: un fraile mexicano desterrado en Europa.

Por último, los españoles trajeron al continente americano sus formas de vida y creencias. Una vez consumada la Conquista, comenzaron a eliminar las antiguas religiones prehispánicas y convertir a los indígenas a la fe católica. Junto a la evangelización, los misioneros se preocuparon por enseñar a los indios las costumbres españolas y el idioma castellano. No tardaron en fundarse escuelas e instituciones que se dedicaron a la educación y la formación de los aborígenes, destacando el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco y la Universidad Real y Pontificia.

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