Por:Martha Lilia Sandoval

La Cristiada (1926-1929), según varios historiadores (Jean Meyer, entre otros) “es un movimiento popular, campesino y autónomo, más que una simple rebelión de élites”. Novelistas como Eduardo J. Correa, sin contradecir esta premisa, la matizan un tanto en algunas de sus novelas, al proponer a personajes plenamente urbanos, como lo fueron los sacerdotes y laicos comprometidos, quienes mantuvieron los cultos de manera clandestina y las mujeres “brigadistas” quienes apoyaron con insumos a los combatientes en el frente de batalla. Las novelas a las que hago referencia son Las almas solas, publicada por primera vez en 1930 y reeditada por la Universidad de Guadalajara en 1998 y Los modernos, publicada en 1933.

La trama de Las almas solas está ubicada en la ciudad de Guadalajara y Los modernos en la ciudad de México. Ambas novelas se ocupan del tema de la Cristiada, a los pocos años de haber sucedido los hechos. En la primera, se destaca un personaje caracterizado con el apodo de “don Chavito”, cuyo nombre era Salvador Berrueco. La ficcionalización de este personaje pasa por un proceso parecido a los cambios de nombre y apellido que, para proteger su identidad, fueron comunes para los sacerdotes católicos en la época mencionada. El autor retrata un personaje marginal y compasivo, destacando su modestia personal, pues él se definía diciendo “¡Sí soy nadie!”. Y si bien el retrato insiste en su apariencia inofensiva: “chiquitino, chato, hoyueloso, ojos pequeños y boca inmensa, con verdadero aspecto de caricatura”. El personaje es presentado como el paradigma de la resistencia que se generó entre gran parte de la sociedad civil durante el conflicto cristero (p. 43).

Según esta línea argumental, un personaje como don Chavito encarna

el tipo del hombre modesto y casi invisible, con el que Correa personificó al católico

urbano en la época de la revolución cristera. Su testimonio enfatiza el aspecto místico y religioso del conflicto que aparece en la novela cuando se aborda la iniciativa del presidente Calles para crear una Iglesia católica mexicana. Como ejemplo y caricatura, el narrador menciona que este connato de iglesia nacional estuvo impulsado por una “matrona chismosa” de Guadalajara.

Por otra parte, en la novela Los modernos, el narrador adopta características de historiador y aporta algunos datos concretos sobre lo que estaba pasando en México en 1927 y 28; es decir, presenta sus visiones sobre la lucha cristera a través de la configuración de personajes comprometidos en este conflicto. En esta narración, cuya trama se centra en la participación de la juventud urbana en la Cristiada, aparecen dos interesantes personajes: Elena, una joven brigadista, en una simpática escena que semeja un diálogo teatral con su pretendiente: el tipo de muchacho rico, modoso, atildado y rotundamente enamorado de la joven, quien, por su parte, había ido a la estación a despedir a unas amigas de “la Conferencia de María” que salían para Guadalajara. Ésta era una alusión inconfundible a las compañeras brigadistas de Elena, quien, dueña de la situación, evade los piropos del joven, hasta que el diálogo la coloca en posición de pedir al muchacho una prueba de la realidad de sus sentimientos. Es entonces cuando la muchacha le lanza el reto: “Bueno, pues vete con los cristeros”.

En una escena posterior, otro de los personajes, externa la siguiente observación sobre Elena, la brigadista: “He investigado y tengo comprobado que está ayudando a los cristeros […] me es familiar la forma tan activa cuanto discreta, cómo obtiene los subsidios para los elementos rebeldes y cómo los convierte en armas, en parque, en alimentos”. Estas observaciones, expresadas por un personaje que está interesado en la joven brigadista, contribuyen a la verosimilitud de los personajes y situaciones narradas. El autor acude a una modalidad narrativa con la que alcanza cierto grado de objetividad, al sustituir, en varios pasajes de la novela, la voz del narrador por lacónicas indicaciones a modo de acotación teatral con el fin de enmarcar un discurso narrativo dominado por la voz de los personajes bien sea a través del diálogo o del monólogo citado.

Con estos dos breves ejemplos dejo constancia de la temática cristera en su modalidad urbana, en las novelas de Correa, siendo en Las almas solas donde el autor desarrolla de manera dramática el tema, pues don Chavito muere atropellado frente a la catedral, al acudir en auxilio de una anciana a punto de ser impactada por el auto del político borracho. Don Chavito muere como mártir y es reconocido como tal por su comunidad, en clara alusión a los cristeros caídos en el campo de batalla.

Vale decir que las novelas de Correa se publicaron después de los “arreglos” entre la Iglesia y el Estado para el cese del conflicto cristero. Esta cercanía temporal con los hechos narrados se refleja en el uso que hace el autor de narradores omniscientes, que no se conforman con presentar los acontecimientos, sino que intervienen con sentencias y comentarios.

El segundo de los escritores al que quiero aludir en este artículo es Alfredo de Lara Isaacs, quien nació en Calvillo, Ags, en 1919, perteneció a la Asociación Cultural Aguascalentense (ACA) y publicó en 1954 Cuentos de los hombres y de la tierra, conjunto de ocho relatos, entre los que se encuentra “El bailador de sones”, en el que uno de los personajes llamado San Borere crea algunas remembranzas de los tiempos en los que el cabecilla cristero José Velasco campeaba por los caminos…“todo lo ocurrido tenía visos de milagroso, tal vez por inexplicable. Corrían por todas partes los rumores sobre la llegada del Anticristo… lo cierto es que sucedían milagros casi a diario, los demonios andaban sueltos por culpa de los herejes y que por eso mismo se miraba nuestro Señor Jesucristo con la cruz a cuestas por montes y caminos”.

“Los cristeros llegaban victoriosos exigiendo privilegios y dádivas en metálico, por algo eran los soldados de Cristo Nuestro Señor, encargados de establecer su reino. En Calvillo la cosa estaba peor, aseguraban que había órdenes de fusilar en el atrio al Señor del Encino, por eso unas beatas se hicieron cargo del crucifijo”.

La obra de Lara Issaca está recogida y estudiada en la tesis de maestría en Literatura mexicana de Yolanda Ramírez Carballo. Vayan estas breves líneas como recordatorio de la historia literaria de Aguascalientes que está pendiente de ser realizada.