Mircea Mazilu

Morelos fue un estado con amplia participación e influencia en la Revolución Mexicana. De esta región surgió uno de los mayores ejércitos revolucionarios formado por campesinos indígenas desarraigados que hicieron una guerra para recuperar la tierra que habían perdido e introducir una reforma agraria en el nuevo sistema emergente del conflicto. El ejército zapatista, que alcanzó una cifra de 10 mil soldados en su momento álgido de 1915, se convirtió en el ejemplo de combatiente que llevaría a cabo una lucha de índole agraria dentro del inmenso mar de revoluciones que la madre Revolución vio nacer. Hoy hablaremos de la situación rural previa al conflicto del estado de Morelos para posteriormente entender la causa del nacimiento de los zapatistas y su ardua lucha en la Revolución que México dio al mundo en 1910.

En 1910, Morelos era un estado que se caracterizaba por el contraste entre la modernización y el tradicionalismo, las grandes propiedades y los pequeños pueblos, la prosperidad de la economía y la lucha por la supervivencia. En la Época Prehispánica esta región fue poblada por los pueblos indígenas nahuas, xochimilcas y tlahuicas, además de recibir población mixteca, tlapaneca o zapoteca de estados vecinos. Durante la Época Colonial, el estado de Morelos pertenecía a los sucesores de Hernán Cortés sin dejar de conservar sus pueblos indígenas. Estos últimos recobrarían su importancia hasta llegar a alcanzar la cantidad de 94 aldeas en 1800 y 117 en 1877. Según nos indica el historiador François-Xavier Guerra, la política de desamortización de mitades del siglo XIX prácticamente no afectó a las congregaciones indígenas de esta zona. Por el contrario, las leyes de desposesión de finales de la misma centuria sí les perjudicarían.

Desde 1880, Morelos se modernizó y desarrolló su economía basada en la explotación de la caña de azúcar, hasta convertirse en la primera productora azucarera de todo el país. Este desarrollo económico trajo como consecuencia un aumento en el territorio de las haciendas, hasta alcanzar a cubrir en conjunto el 25% de la superficie total del estado. Por su parte, este incremento de las dimensiones de los latifundios causó la disminución del número y el tamaño de las localidades antiguas, además de empujar a sus habitantes a las montañas u otras regiones poco fértiles. Asimismo, las grandes haciendas acumularon en sus territorios un gran número de mano de obra proveniente de las aldeas indígenas. Por último, las grandes propiedades azucareras muchas veces se aprovechaban de las tierras comunales haciendo uso de su madera, agua y otros recursos.

Como consecuencia de ello, el número de las haciendas aumentó a principios del siglo XX, pasando de 33 en 1900 a 40 en 1910, mientras que los pueblos indígenas se redujeron de 104 a 100 en el mismo período de tiempo, desapareciendo Ahuehuepan, Cuachichinola, Sayula y Acatlipa. Además, los habitantes de estos pueblos migraron hacia las haciendas que necesitaban mano de obra permanente para las labores que requerían sus actividades agrícolas. Igualmente, el desarrollo económico de los latifundios de Morelos hizo que éstos rodearan y oprimieran cada vez más las aldeas obligando a su población a migrar a las montañas.

En conclusión, estas circunstancias provocaron el desarraigo y la depauperación de gran parte de la población indígena campesina de Morelos, un estado que en 1910 alcanzaba la cifra de 180 mil habitantes. Estas condiciones alimentaron el descontento de su población y favorecieron el surgimiento del ejército que representaría la lucha por la devolución de los suelos a sus campesinos, en el conflicto que se desataría en México a partir de 1910. Finalmente, en la Revolución Mexicana los morelenses idearon los principios que más tarde, la Constitución de 1917, recogería por escrito para garantizar una repartición justa de la tierra.

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