Noé García

¿Cómo es posible que en un país, una sociedad el asesinato de doce personas, pase a ser nota marginal en los medios? ¿La sociedad y medios mexicanos esta ya insensibilizados ante actos de brutales asesinatos colectivos? Lo digo porque el pasado 24 de mayo en Michoacán en el poblado de Huetamo aparecieron doce cadáveres, baleados, algunos sin su extremidades y todos con el tiro de gracia; esta se suma a una masacre donde asesinaron a 8 personas en una comunidad de Lázaro Cárdenas, Michoacán.

Las versiones van desde que eran habitantes de humildes viviendas de la zona y que por necesidad y temor se enlistaron con alguno de los carteles del narcotráfico, otras que eran sicarios de estados vecinos que tenían la encomienda de continuar la disputa entre carteles.

Ante las acusaciones pobladores de Zicuirán pronunciaron un discurso a nombre de los Pueblos Unidos. En él, desmintieron las acusaciones en su contra: “Nos dirigimos a usted de manera respetuosa para informarle que no somos ningún cártel, como se nos descalifica en un falso video que anda en redes sociales, las personas de muy mala voluntad tratan de descalificarnos, señor presidente”, dice un individuo.

Es dantesco que en pleno siglo XXI, en alguna parte del mundo sigan dándose masacres, es terrible que esas masacres se den en nuestro país, es indignante que probablemente nunca se detendrá y llevará a juicio a alguien por estos asesinatos; pero además es verdaderamente preocupante y de estudio sociológico o piscología colectiva, es como se está llegando a niveles de la normalización de la violencia. Porque además, este tipo de violencia tiene efectos colaterales “En México hay no menos de un millón de personas con una probable afectación emocional psicológica derivada de la guerra contra el narcotráfico, de la violencia colectiva desde que sacaron el Ejercito a las calles”, como lo documenta Rogelio Flores, investigador de la facultad de Psicología de la UNAM.

No digo que aparezcan en primera plana fotos de los cadáveres, o que los medios electrónicos difundan videos rodeados de sangre, finalmente eso incentiva el morbo, sino que medios de comunicación, editorialistas y clase política mencionen y condene no solo el acto en sí, sino el origen del problema. Como lo dice David Aarón Cárdenas “lo invito a que antes de leer morbo solo por leerlo, piense en qué le toca hacer a usted para mitigar este fenómeno, que acciones sencillas desde su cotidianidad puede emprender, de las formas concretas y medible para que mejoremos como sociedad, y es que para quejarse todos, pero para hacer algo pocos”.

El problema es que si normalizamos la narcoviolencia, el siguiente paso es cotidianizarla, y podrá tener un efecto como el de “la ventana rota”, que dice que cuando un vecindario su mobiliario publico comienza a ser banalizado y no reparado, el índice de criminalidad crecerá, trayéndolo a las masacres si un país se comienza a cotidianizar los asesinatos lo más probable es que se incrementará en tiempo, numero e intensidad.