RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

La semana pasada se dio a conocer el informe de Transparencia Internacional y Transparencia Mexicana sobre el sitio que ocupa México en el índice de percepción de la corrupción en el 2020. Y aunque usted no lo crea hay una mejoría en este aspecto. En este ejercicio se evalúan 180 países y México subió varios lugares, mejorando su posición, lo cual es una buena noticia el que México ha mejorado en el índice de percepción de la corrupción. Un país que por antonomasia se ha significado por ser un país muy corrupto en todos los niveles gubernamentales. Y eso no es un secreto para nadie pues la mayoría de los mexicanos hemos sufrido de los abusos de la corrupción en algún momento de nuestras vidas, desde la “mordida para el refresco” que se exige por servidores públicos del último nivel hasta las grandes cantidades de los funcionarios de alto rango, por ello considero que ante esta noticia hay que aclarar algunos puntos. El primer punto sería que se trata de un avance marginal, medido como calificación. México pasó de 2.9 a 3.1, o sea de 29 a 31, en una escala de 0 a 100, es decir, seguimos siendo un país reprobado, un país con calificación muy baja a nivel global y somos el último lugar de la OCDE -Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos-. Si avanzamos pero del 29 al 31. El año 2019 se avanzó del lugar 28 al 29. Si esta tendencia se mantiene al final del sexenio llegaremos al 36 o 38, lo cual sería un avance importante a lo largo del sexenio, pero para que eso ocurra tienen que ocurrir cambios reales. Este índice es un índice de percepción y lo que refleja es que expertos, inversionistas, analistas, etc., perciben que la situación va a mejorar o que está mejorando, pero son percepciones y para que esto se conjugue con la realidad tiene que haber cambios de fondo y eso es algo que está por verse.

Este mismo fenómeno de mejoría relativa ya había ocurrido antes en el sexenio del primer presidente panista, Vicente Fox, en aquel año el índice de percepción de la corrupción había mejorado en los dos primeros años porque también Vicente Fox llegó con una agenda anticorrupción que muchos creyeron, pero cuando Fox terminó su sexenio todo volvió a su origen y eso hay que destacarlo. En el sexenio de Enrique Peña Nieto ocurrió lo mismo, en los dos primeros años de su sexenio el índice mejoró, llegando a 35 puntos, pero posteriormente se derrumbó. Por eso, por los ejemplos anteriores, hay que tomar con reserva.

Y para que usted se dé una idea de en qué nivel de corrupción anda México, le comentó que estamos ubicados en percepciones de corrupción a la altura de países como Bolivia, Kenia y Pakistán. Es la Liga en la que juega México en esa percepción. No hay que dejar de lado que México es uno de los países más corruptos del mundo. Es el más corrupto de la OCDE; uno de los más corruptos de América Latina y a pesar de esta mejoría, es una mejoría marginal que deberá corroborarse con la realidad; ver si es sostenible y de si se trata de un resultado de cosas concretas o simplemente de publicidad o propaganda. Por lo tanto hay que esperar. Hay muchas cosas que están por verse, como los casos abiertos de combate a la corrupción, archivos abiertos, expedientes de los cuales todavía no hay ninguna resolución. Está por verse la preocupación sobre las licitaciones que se asignan de manera directa, sin concurso. También está por verse un asunto de opacidad que se está dando en el gobierno en lo general que contrasta con una retórica de López Obrador a favor de combatir la corrupción. Sigue habiendo riesgo de impunidad en el país, lo cual es el problema estructural más grave de México y el tema es que el gobierno no ha hecho nada para invertir en erradicarlo, por ejemplo la Fiscalía General de la República de la cual dependen los ministerios públicos, que es uno de los instrumentos para combatir la impunidad, ha simplemente reducido su presupuesto, no ha habido avance en la reestructura interna de la Fiscalía, de tal forma que el discurso presidencial no se acompaña con decisiones presupuestarias, de operación, de reforma administrativa, de atención burocrática, por lo tanto mientras las cosas no cambien a nivel de la cancha del juego, mientras los ministerios públicos no mejoren, mientras no haya más dinero para policías, mientras no haya una mejora en los procedimientos administrativos de licitaciones del gobierno, la retórica difícilmente va a aterrizar para que haya efectivamente menos corrupción y no solamente la percepción de que habrá menos corrupción.

Por eso es temprano para echar las campanas al vuelo. Hay que decir que qué bueno que México avanza en este rubro en el combate a la corrupción, pero habrá que ver en los siguientes años cómo evoluciona este tema.