Mircea Mazilu

En 1519, con una reducida hueste de 500 soldados y escasos caballos y cañones, Hernán Cortés comenzó la conquista del actual territorio de México. Después de numerosos combates sangrientos, el 13 de agosto de 1521 los invasores derrotaron a los mexicas y se apoderaron de la ciudad de México-Tenochtitlán. La victoria de los europeos fue posible gracias a la ayuda que éstos recibieron del pueblo tlaxcalteca, el cual estaba enemistado con sus vecinos mexicas. Con la caída de la capital, los españoles convirtieron el imperio azteca en colonia española, dando inicio a una nueva época en la Historia de México.

La Época Colonial, como es denominada, duró 300 años, comenzando con la conquista de México-Tenochtitlán en 1521 y concluyendo con la proclamación de la Independencia en 1821. A partir de 1535 el territorio del actual México fue llamado el Virreinato de Nueva España, ya que desde este año fue gobernado por la figura del virrey. La Época Colonial en la historia de México se puede dividir en tres partes: la que va de 1521 a 1600, la que comprende todo el siglo XVII y la que corresponde al siglo XVIII y los años iniciales del siglo XIX, previos al inicio de la lucha por la Independencia.

Durante los tres siglos que duró la Época Colonial en México se llevaron a cabo profundos cambios de índole política, social, económica, religiosa y cultural. Los españoles introdujeron aquí una forma de gobierno propia de las monarquías europeas para conseguir una mejor administración de los territorios del virreinato.

Asimismo, constituyeron una sociedad que se caracterizaba por una clara división de clases, en la que los españoles y sus descendentes formaban el grupo dominante, mientras que los indios y los mestizos el dominado.

De la misma manera, los europeos explotaron las riquezas naturales de las nuevas tierras aprovechando la mano de obra indígena. En el ámbito de la religión, mediante la conversión masiva de los aborígenes al cristianismo se consiguió la denominada “conquista espiritual” de Nueva España.

Por último, los españoles trajeron al Nuevo Mundo su patrimonio cultural, caracterizado por estilos artísticos europeos, temas religiosos y formas de vida propias del “Viejo Continente”.

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