Isabella González
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Radiante y en tacones, como si no llevara seis meses atendiendo a los pacientes más críticos de Covid-19 en Cuernavaca, Morelos, la doctora Esther Azucena Fernández Hernández muestra una foto de su bisabuelo, también médico, junto a Porfirio Díaz.
“Yo sí sabía de esto, pero no lo tenía presente. Mi familia se acordó hoy, que el Presidente Andrés Manuel López Obrador me premió a mí y a mis compañeros”, comenta la profesional con subespecialidad en terapia intensiva, adscrita al hospital general regional No. 1 del IMSS, en Cuernavaca.
A la izquierda de un Porfirio Díaz en blanco y negro, se ve sentado Bonifacio Fernández, quien estudió medicina en Francia.
Fue en 1906, cuando el mandatario federal oaxaqueño, repudiado por el actual Presidente Andrés Manuel López Obrador, reconoció el trabajo de ocho médicos mexicanos, entre ellos el joven originario de la Ciudad de México.
“Al talento y a la aplicación”, reza la presea que guarda la familia Fernández.
Ayer, Esther fue una de las condecoradas por hacer frente a la pandemia del Covid-19 durante el desfile militar con motivo del 210 aniversario de la Independencia de México.
Atribuye su postulación para la presa a que, a diferencia de otros médicos, ella trata a sus pacientes como lo que son, personas.
“No soy la única que los atiende, pero en mi turno, estoy como intensivista sola, platico con ellos, no sólo doy apoyo médico, sino de persona a persona, porque mañana podría ser yo esa persona, o alguien de mi familia”, detalla.
“Te pones en el lugar de la persona, sobre todo porque puedes ser la última persona que hable con ella”.
Azucena reconoce que es cristiana y, por lo mismo, busca dar a sus pacientes un mensaje de paz.
“Al principio tenía miedo, pero después me puse a pensar: soy cristiana y creo en Dios, y si te acercas a Dios y falleces, te vas al cielo”, expresa.
“Entonces, me cubro con mi equipo de protección, parezco astronauta, pero el miedo es el miedo, a dónde te vas a ir. Entonces, no tengo miedo. Ese es un punto clave porque las personas que tienen miedo, entran, los ven de lejos y no se les acercan, los ven como infectados y para mí siempre han sido mis pacientes”, agrega.