Luis Muñoz Fernández.

En el prólogo del libro de Javier Padilla “¿A quién vamos a dejar morir? Sanidad pública, crisis y la importancia de lo político” (Capitán Swing, 2019), la enfermera Marta SibinaCamps se refiere así al Hospital Universitario Valld’Hebron de Barcelona:

“Miro los enormes edificios de este hospital público sintiendo orgullo, porque lo siento mío y me siento partícipe de su existencia. Los miro con esperanza porque esos edificios me ayudan a mantener viva la sensación de formar parte de una sociedad que ha decidido que vale la pena que nos cuidemos los unos a los otros. Y por qué no decirlo: los miro con preocupación ante tanto ruido y egoísmo patrocinado por aquellos que ven, en esos mismos edificios, un obstáculo en su camino a ninguna parte”.

No podría haber encontrado una mejor descripción de lo que siento por el Nuevo Hospital Hidalgo. Sentimiento que comparto con buena parte del personal (directivos, médicos, enfermeras, personal administrativo, de mantenimiento, de intendencia, etc.) con quien conformo el equipo humano que ahí trabaja. Mi esposa y yo ya hemos rebasado los 25 años como “médicos del Hidalgo” y hay empleados que lo han sido por más de 40 años. Para todos los efectos, quienes formamos parte del Hospital somos como una familia.

Por eso vemos preocupación no exenta de indignación la campaña mediática en contra del Hospital a través de medios de comunicación venales que manchan con ese tipo de burdas maniobras la noble labor del periodismo. Es una verdadera vergüenza que se presten a difundir la bilis que derraman quienes no pueden aceptar la realidad de una nueva sede que siempre negaron con desprecio. Instalaciones modernas, amplias, luminosas, en una palabra: nunca antes vistas en un hospital público de Aguascalientes, cuyos habitantes brindan con entusiasmo asistencia, enseñanza e investigación.

Esas noticias envenenadas provienen también de pescadores corrompidos y corruptores en el mar de lo público. Parásitos del sistema como bien lo señala Edurne Portela, historiadora, filóloga y escritora vasca: “Llego a la conclusión de que cuando pensamos en la defensa del sistema público de salud tenemos que considerar las particularidades de nuestro sistema, tan propenso a canalizar el dinero de todos hacia el bolsillo de unos pocos, de mantener lo público para engordar lo privado”.

Eso es lo que enfrentamos solos todos los días con el clamoroso silencio de la gente buena.

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