Víctor Hugo Granados Zapata

En esta nueva sección, vamos a explorar aquellos momentos históricos en los que nuestro país se ha visto envuelto en una crisis educativa y que, gracias a los esfuerzos y aptitudes de las autoridades educativas de aquel entonces, logramos salir adelante. La idea central de las siguiente serie de columnas es que cada persona que las analice pueda aprender sobre la historia educativa de nuestro país y, al mismo tiempo, se lleve una noción sobre cómo se debe manejar el sector educativo en tiempos complejos como el que vivimos actualmente. Por ello, inauguramos esta nueva sección con la actuación de uno de los personajes más importantes de la historia mexicana del siglo XX: Jaime Torres Bodet.

Quizás la presentación de este personaje sobre, puesto que su papel fue vital para fundar las bases del sistema educativo actual. Dos veces secretario de educación, secretario de relaciones exteriores y el segundo titular de la UNESCO en su historia; sin embargo, una de sus mayores virtudes fue su capital cultural y formación literaria, lo cual lo orilló a ser poeta desde temprana edad. Fernando Zertuche Muñoz, en su libro Jaime Torres Bodet “Realidad y destino” hace una descripción sobre la vida de este histórico funcionario público, el cual comenzó a trabajar en el servicio público desde sus escasos 19 años como secretario particular de José Vasconcelos en tiempos de la revolución, pasando al servicio exterior mexicano, representado al país en las embajadas de Bélgica y Francia, y finalmente regresando a su país natal y en 1943, por invitación del presidente Ávila Camacho, ocupó la silla de secretario de Educación. Sin embargo, en esta ocasión vamos a analizar su primer gran legado en el sector educativo mexicano: la Campaña Nacional Contra el Analfabetismo.

En la misma obra de Fernando Zertuche, éste describe cómo Torres Bodet llegó al frente de la SEP en tiempos complicados, debido a que durante esta época de guerra, México tenía un problema de analfabetismo enorme. Aproximadamente 5.9 millones de mexicanos, arriba de los 6 años, era analfabeta y la cobertura educativa no alcanzaba a cubrir la demanda de educación de todo el país, lo cual era un problema público mayúsculo debido a que la Constitución de 1917 ya garantizaba en su Artículo 3° el derecho a la educación, así como también la obligación de cada ciudadano de cursar el nivel básico. Ante esta situación, Torres Bodet planeó la Campaña Nacional contra el Analfabetismo, cuyo propósito era integrar a la mayoría de las personas analfabetas del país a la escolaridad y así reducir el número de personas que se encontraban en dicha situación; sin embargo, en país tan heterogéneo y con pocos recursos ¿cómo podía sostener una campaña de esta magnitud?

Una vez publicada la campaña en el Diario Oficial de la Federación en agosto de 1944, uno de los ejes centrales era la incorporación de la sociedad para lograr ampliar la cobertura. Es decir, se les pidió a las personas que sabían leer y escribir que apoyaran dicha campaña, generando comunidades de aprendizaje y que se ofrecieran a apoyar a las personas que buscaban mejorar su situación académica. Por otra parte, se creó el Instituto Nacional de Alfabetización en Lenguas Indígenas, dado que Torres Bodet tenía la convicción de que dicho programa debía integrar a todas las personas del país, por lo que se tradujeron miles de cartillas de enseñanza en ambos idiomas (castellano y de origen, dependiendo el dialecto de la comunidad), lo cual también fomentó la integración de instructores capacitados para enseñar en ambos idiomas. La meta era lograr la impresión de 10 millones de cartillas, sin embargo, sólo se logró un total de 2 millones ¿cuál fue el resultado de esta campaña?

Para 1946, de los 1.4 millones de personas que se beneficiaron de la campaña, 708 mil ya habían logrado aprobar el examen último para constatar que sabían leer y escribir, mientras que los 738 mil restantes aún se encontraban dentro del programa en proceso de pasar su evaluación final. Si bien, el impacto de la campaña parece haber sido poco eficiente a gran escala, sus efectos a corto plazo son demasiado notables por ser un proceso de mejora educativa. Los efectos de la política educativa se ven reflejados, en su mayoría, entre 5 y 10 años posteriores a su implementación, lo que vuelve a este programa un éxito en potencia que hoy en día podemos ver con casi un 100% de cobertura de educación básica en todo el país y las bajas tasas de analfabetismo. Pero el verdadero legado de esta estrategia fue la inclusión de comunidades educativas y que la sociedad participara en la mejora del sistema educativo del país. En conclusión, Torres Bodet nos enseñó en este primer escenario que sí se pueden lograr resultados efectivos con pocos recursos, pero se requiere voluntad política ante situaciones adversas y, sobre todo, una fuerte convicción personal en mejorar la situación educativa del país.