Mariana Montes
Agencia Reforma

MONTERREY, NL.-En los hogares regios impactados por el Covid-19 se vive desde cansancio hasta ansiedad.
María, por ejemplo, indica que además de estar preocupada por su hijo enfermo lidiaba con las incesantes atenciones y los sentimientos provocados por el encierro del paciente en una habitación.
“Es tu hijo, lo amas, lo adoras, (pero) era extremadamente extenuante estar atendiendo a una persona. Es estar subiendo tres comidas diarias”, cuenta.
Algo similar atravesaron Beatriz y Ana, cuyos nombres también se cambian para proteger la identidad.
En el caso de la primera, resultaron contagiados tanto ella como sus papás, su esposo, su hermana y su cuñado, entre otros familiares. La odisea comenzó en noviembre y la mamá de la mujer desarrolló neumonía.
“Es algo difícil de vivir. Sientes que no puedes hacer nada”, señala.
“Al final toda la familia terminó contagiada sin secuelas lamentables, pero estuvimos un mes y medio con el tema. Es difícil con los cuidados, la ayuda, el comprar alimentos. y sin poder salir”.
Después de que su marido resultó portador del nuevo coronavirus en el verano y ella obtuvo un resultado negativo en su prueba, Ana tiene una actitud diferente hacia la infección.
“Originalmente mi pensamiento erróneo era que nos quedáramos encerrados y nos contagiáramos todos de una vez, pero cuando vi la enfermedad de cerca dije: ‘Yo no puedo dar positivo porque ¿quién cuidaría a mis niños, con quién los mando?'”.
Todavía recuerda la aprehensión con la que entraba al cuarto donde reposaba su pareja para entregarle los alimentos.
Incluso, relata, sus amigas le aconsejaban ni siquiera pisar la recámara.
“Oye, pero es mi marido. No lo puedo dejar solo sin saber qué le pasa”, evoca la mujer. Ahora vive nuevamente el rol del cuidador porque sus padres están enfermos.
Hasta solicitó retrasar su entrevista para este artículo porque estaba atendiendo una cita con el neumólogo.
“La verdad, sí tengo miedo de contagiarme”, cuenta preocupada.
Es normal sentir ansiedad, apunta el psicoterapeuta José Luis Leal.
“El contraer la enfermedad en estos momentos activa el miedo colectivo y el pánico global en la situación individual”, expresa el experto en terapia de adolescentes, parejas y adultos.
“Lo principal que debe saber es que hay maneras de sobrellevar (las sensaciones). No las debe intentar anular porque se vuelven más fuertes. Es mejor aceptar que son esperadas en una situación así”.
Es posible lidiar con las emociones negativas a través de la prevención, la información y la acción, continúa el especialista. En casa, por ejemplo, pueden buscar guía médica, familiarizarse con las señales de un cuadro severo de coronavirus para identificarlo rápidamente, o encontrar lugares donde se compre el suplemento de oxígeno.
Todo esto contribuye a estar preparado si la situación se presenta.

MOMENTOS DE CALMA
También es indudable que el rol del cuidador cansa, por lo que es bueno hallar momentos de esparcimiento.
“Yo sugiero que él o ella tenga un espacio para platicar de lo que está viviendo y que renueve el estado de ánimo, que haga una actividad que llene de energía, como tener una conversación con un ser querido que le divierta, leer un libro, hacer jardinería o una manualidad”, dice Leal.
Agrega el psicoterapeuta una última recomendación: Comprender que la labor del cuidador tiene límites y no es su culpa si la condición del familiar empeora.
“Entiendo el dolor y la impotencia, pero hay que entender que hay cosas fuera de nuestro control y en vez enfocar la atención en lo que sí podemos hacer hoy”, aconseja.
“Quitar la infección del cuerpo del familiar está fuera de las manos, pero sí es posible llamarlo para saber cómo está, sí es posible llamar al médico, sí es posible dar un momento para renovar la energía”.