Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

15 de septiembre de 2019. En la comunidad de La Congoja, allá arriba en San José de Gracia,  la capilla de ese lugar estrena imagen de la Virgen de la Asunción, que también es patrona de este rancho en la entrada a la Sierra Fría. La escultura, de tamaño natural, es llevada en procesión. La imagen era asunta, no al cielo, sino a la sierra, a bordo de un remolque tirado por una camioneta con placas de Nevada, a la que seguían y antecedían otros vehículos, un montón de camionetas con gente en las cajas, y una cabalgata de unos 100 jinetes en grupitos de cinco, de diez. Cierra este singular cortejo una patrulla de seguridad pública municipal.

Va la virgen custodiada por dos muchachas vestidas de ángeles, debidamente aladas. Ya arriba, un par de kilómetros antes de entrar en el pueblo, espera la danza de pluma de San Antonio de los Ríos, una auténtica reliquia de las danzas populares de Aguascalientes, un grupo de no más de 10 personas, todos hombres, con edades que fluctúan de los 10 o 12 años a los 80, por lo menos uno de ellos. Vienen todos ataviados con lo que tuvieron a la mano, pantalón de mezclilla, camisa, playera o sudadera, ajuarados apenas con una capa que lleva bordada la imagen del santo patrono de la comunidad, San Isidro Labrador, y desde luego la palma debidamente cubierta de plumas, y el guaje. Dos de ellos agregaron a esta humilde vestimenta una especie de delantal en forma de triángulo, blanco, ribeteado con cintas rojas, al igual que la capa, y en la cabeza un sombrero, también adornado para la ocasión, con listones, o una gorra beisbolera.

Sus evoluciones, esos giros llenos de gracia, los movimientos de la palma y el guaje, son acompañadas por un violín, metido en una bocina negra; una grabación, pues. Es esta una escena preñada de simbolismo: algo tan antiguo como esta danza, y con ella la creencia de que se trata de la ofrenda mejor que estos hombres pueden ofrecer a la divinidad, su cuerpo en movimiento, combinada con algo tan contemporáneo y profano como una bocina que funciona con bluetooth , teléfono móvil, etc.

A este símbolo sumaré otro, igual de poderoso que el anterior -o profundo-: uno de los niños lleva encima de la playera, la capa con la imagen del santo bordada, y en la playera, estampado en el pecho el icono de Batman. San Isidro Labrador y el Hombre murciélago

El espectáculo que ofrecen me emociona profundamente, ver este grupo de hombres de edades extremas, danzando en el campo, bajo el Sol, rodeados de este verdor veraniego, lleno de vida…

La procesión entra en el rancho, que está profusamente adornado con motivos marianos, guirnaldas de papel, globos, todo en azul y blanco, imágenes de la Mariquita de Aguascalientes, colgadas de las paredes, y rodeadas con guirnaldas, y llega a la capilla, en donde la imagen es bajada del remolque e introducida al atrio, aupada por una lluvia de confeti y el aplauso del respetable, pero hay que esperar a que llegue el celebrante, que será el custodio de la sede episcopal de Aguascalientes, el sacerdote Raúl Sosa Palos (¿Por qué no el obispo?) quien concelebrará con el párroco y el coadjutor de San José de Gracia.

La espera es aprovechada por algunas personas para acercarse a la imagen, observarla detenidamente, y, sobre todo, tocarla; acariciarla, tocarla… Las mujeres acercan al niño pequeño, a la viejita casi vencida por los años, y todos estiran la mano y tocan el manto azul, el brazo, la túnica, la tocan como si de esta forma conjuraran todos los males de esta vida, y aprovechando el viaje, los de la otra. Todos, menos ese niño de brazos, que es acercado por el hombre que lo carga, y reacciona aferrándose al hombro del padre, el miedo reflejado en la cara, en un claro indicio de ausencia de iniciación.

Un hombre que anda ahí con una cámara fotográfica en ristre, ve en este gesto una oportunidad de negocios, e invita a las personas a retratarse con la estatua. La mayoría acepta, porque le parece una buena idea, o porque es dócil. El fotógrafo acomoda a las personas, a los lados de la escultura, delante de ella, y todas posan muy serias para la eternidad que durará mientras el papel fotográfico subsista, antes de que se pierda, se moje, se arrugue, se gaste…Otras personas observan la escena, y el retratista invita a las indecisas a acercarse y obtener un recuerdo imperecedero que este momento. ¡Quién sabe a cuánto cobrará la pieza!

La capilla está llena de gente con un lleno como pocas veces se observa por aquí, hasta con personas de pie en los costados. Si no conoce usted por aquellas alturas, le diré que la construcción evoca una de esas cabañas estilo gringo que los “ricardos” del pueblo se mandan a hacer en la sierra para escapar del mundanal ruido, pero de mayores proporciones.

Hace un trío de años que nos apersonamos allá mi esposa, mi dulce compañía y este peregrino en su estado que soy. Entonces tuve la oportunidad de conversar con la señora Juana Esparza, que actuaba de sacristana. “Esta no es de las que hizo el padre Nieves”, le dije a la mujer nomás de ver el lugar. Ella contestó que no, que las que hizo el padre de Rincón de Romos “están así, chaparritas. Mire, yo cuando voy a Paredes, o a San Antonio, nomás entro y me siento como si me ahogara, aunque la de Paredes no la hizo él. También hizo la de La Barranca, acá de Rincón”. Pues sí, el padre Nieves era bueno para esto de la construcción… (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).