Ha transcurrido un año de muerte constante a causa de un virus que se ha dedicado a atacar, de diversas maneras, sin distinción de edad o sexo, a la población en el mundo, y en Aguascalientes. Por ello, hablar de muertes por COVID ya no resulta del todo asombroso, aunque sigue siendo doloroso, porque, a estas alturas, la mayoría ha perdido a familiares, amigos y seres queridos por esta causa.

Con casi dos mil 500 muertos en Aguascalientes a causa del COVID-19, socialmente es doloroso porque “hay que cargar con duelos que, además, no se resolvieron: gente que no se pudo despedir de su ser querido hospitalizado de improviso, de no saber qué paso y la poca claridad de cómo fueron los últimos momentos de las personas cercanas que terminaron en un hospital. A todas y a todos, nos está tocando saber y sentir la muerte de cerca”.

El catedrático e investigador, titular del Departamento de Sociología y Antropología de la UAA, Octavio Maza Díaz Cortés, recordó que, cuando ocurrieron los primeros decesos, para toda la sociedad fue de asombro e incredulidad, y, conforme ha pasado el tiempo, “pareciera que se ha normalizado, pero, en los hechos, son los seres queridos los que enfrentan un duelo ante una situación que tal vez ni siquiera se dieron cuenta de cómo se sucedió”.

Ha sido un año de vivir en medio de la amenaza permanente, que algunos quieren darle sentido al asegurar que deja lecciones de vida, pero en realidad es una situación de temor latente ante lo desconocido. “Y, aunque se anhela de haber vuelto o pronto volver a una nueva realidad, la verdad es que no sabemos ni cuándo, ni quiénes vamos a regresar para cuando eso se dé, ni a qué”.

Desde abril del año pasado, ha habido algo que golpea a la sociedad y que no ha permitido que la vida vuelva a ser la de antes, y no lo será, dado que al amanecer de un nuevo día, así sea de manera inconsciente, la gente sabe que se tendrá que enfrentar a lo desconocido y la amenaza de ser contagiado y, aunque se tienen que hacer actividades cotidianas, ya nada es igual, ni lo será.

Aunque se intenta volver a la normalidad, a realizar actividades laborales, escolares e inclusive de esparcimiento social, ya nada es igual ante la amenaza latente con que se vive a diario, pues la advertencia de no usar cubrebocas, no lavarse las manos o usar gel antibacterial o asistir a lugares concurridos es permanente, de ahí que, aunque se pretenda vivir con tranquilidad, la amenaza es latente, al saber que este problema de salud no ha terminado y no hay fecha para que logre superarse.