Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Desesperadamente buscando a Jane Wick

Para aquellos que duden de la conspiración algorítmica que se produce en los espacios virtuales, donde alguna especie de inteligencia artificial está tomando decisiones en lugar de quienes dirigen las plataformas de streaming, aquí va una demostración con la nueva intentona del año por establecer una franquicia de acción con protagonista femenina después de “Viuda Negra” (Disney+), “Jolt” (Amazon Prime Video) y Gunpowder Milkshake/Cóctel Explosivo” (Netflix USA), tratando de replicar la estética, ritmo e incluso forma de la serie “John Wick”, pero reconfigurada cromosómicamente para una estrella femenina, lo que, en lo personal, me parece justo e incluso algo tardío. En esta ocasión, se trata de “Kate”, cinta para Netflix que lucha por sobresalir de este novedoso montón (después de todo, hasta hace muy pocos años la dispensación de patadas y balas hacia el prójimo era labor casi exclusiva de los hombres) manejando a la protagonista homónima de forma sensible, más como un ser humano que una mera máquina de matar, lo que favorece al lucimiento de su estrella Mary Elizabeth Winstead (“Scott Pilgrim vs. Los Ex de la Chica de sus Sueños”), pero embonada en una línea de discurso que no se aleja demasiado de los cómodos parámetros preestablecidos por la mencionada franquicia con Keanu Reeves, así que, si bien todas las escenas de combate cuerpo a cuerpo o con cualquier tipo de arma sobresale por su excelente coreografía (en este caso más terrenas, sobrias y ágiles que otras producciones, sin perder de vista que el público millennial exige una cadencia dancística al momento de incrustarle plomo en el cráneo de un adversario), sigue siendo un festín de vacuidades que sacian a las necesidades sensoriales inmediatas sin mayor sustancia narrativa o pretensiones dramáticas complejas, lo que me orilla a cuestionar esta metodología, pues tal vez al algoritmo también le hace falta explorar un sentido de identidad para estas producciones, como pretendió, pero no cuajó en “Atómica” (2017), en cuanto qué significa para un personaje femenino adentrarse en un área que derrocha visceralidad y fiereza, como el asesinato a sueldo en términos sociales o psicológicos, considerando el perenne relato cultural sobre su estampa en el contexto urbano (ama de casa, trabajadora, oficinista, etc.) sin caer en arrebatos denunciantes o de ética flamígera.
Por lo pronto, “Kate” hace un trabajo decente cinematográficamente hablando en cuanto a su sinergia narrativa y visual, donde la protagonista es una sicario profesional bajo el mando de un hombre llamado Varrick (Woody Harrelson), quien la cuidó y adiestró en el fino arte del asesinato desde la trágica muerte de sus padres siendo niña. Será durante una misión en Osaka cuando la vida de Kate cambia, pues debe matar a un poderoso empresario japonés, quien está acompañado de su joven hija Ani (Miku Patricia Martinau), por lo que duda en proseguir, mas es obligada a realizar el homicidio y, diez meses después, Kate vaga por Tokio buscando salir de esta organización con la conciencia atribulada por la muerte de su objetivo frente a la chica. Un encuentro con un hombre dará como resultado su envenenamiento con Polonio 204, por lo que tiene tan sólo 24 horas para encontrar al responsable mientras que une fortuitamente fuerzas con la misma Ani, quien se incorpora a su causa sin saber que Kate es la causante de la muerte de su padre.
Con estos ribetes trágicos, se activa una trama que, por fortuna, rodea coherentemente cualquier tinte telenovelesco para enfocarse en la bien diseñada dinámica entre la moribunda Kate y la adolescente nipona Ani, sacando provecho de las diferencias generacionales y aplicando correctamente la fórmula de la “pareja dispareja” que produce algunos momentos simpáticos (v.g. las selfies que la chica “Z” no puede evitar tomarse junto a Kate cuando ésta pierde el conocimiento después de una extenuante batalla con yakuzas), mientras, cual videojuego, la protagonista va enfrentando mercenarios y asesinos hasta llegar con el líder, cuya identidad puede sorprender o no, dependiendo de la experiencia del cinéfilo con este tipo de filmes. Winstead lo hace muy bien, vendiendo correctamente a su personaje con las correctas dosis de fuerza que alternan con varios momentos de vulnerabilidad para concretar la idea de que se trata de un ser humano y no una superheroína imbatible. “Kate” supera a cintas como “Jolt”, en cuanto a la presentación de caracteres femeninos previamente reservados a testosterónicos individuos con una historia equilibrada y buenas actuaciones, pero que aún requiere de un refinamiento en cuanto a procesos de identidad cinematográfica para alejarse de la sombra de “Wick” y derivados.

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