A final de la década de los 90, el estudioso y académico Michelangelo Bovero desarrollo el concepto en la Ciencia Política de la antítesis del buen gobierno, dicho sistema político lo llamó kakistocracia que etimológicamente proviene del término griego ΚΑΚΟΣ que significa «malo» y su superlativo ΚΑΚΙΣΤΟΣ significa el «más malo» o «peor» y ΚΡΑΤΙΑ que es «gobierno» KAKISTOCRACIA es «el gobierno de los peores” y este se da cuando un grupo o pueblo cede en su afán de promover a los mejores, y entra indefectiblemente en un tobogán y pasando por los mediocres, termina en los peores, esto en contraposición del ideal de Polibio, donde se generaba un gobierno mixto y daba como consecuencia una óptima república, tomando las tres formas simples y buenas de gobierno aristotélicas (formas buenas: monarquía, aristocracia y la politéia (democracia); formas malas a la tiranía, a la oligarquía y a la oclocracia plebeya o demagógica). Bovero hace una mezcla contrapuesta al gobierno ideal, tomando como gobierno mixto a las tres formas malas de gobierno, la tiranía (ejecutivo tirano), oligarquía (Poder Judicial, ministros alejados de la realidad) y oclocracia demagógica (legislativo populista e inepto), trascribo un extracto del texto de Bovero.

Quiero proponer un experimento de este tipo. Sugiero –y no por un abstracto ejercicio retórico –invertir la que he llamado la “receta de Polibio”. Imaginemos que por la misma fuerza de los acontecimientos (como en Roma, pero al contrario: eventos nefastos), o por un diseño meditado (como en Esparta, pero al revés: un diseño perverso), o por ambos factores, la tendencia oclocrática plebeya, la oligárquica plutocrática y la tiránica dictatorial, converjan hasta formar una alianza potente y victoriosa. Así pues, imaginemos ver reunidos en un solo régimen, no los rasgos eminentes de las constituciones mejores, sino los más deplorables de las peores; no las virtudes de las formas de gobierno buenas, sino los vicios de las correspondientes formas corruptas. El resultado sería un “gobierno mixto” exactamente opuesto al de la “receta” de Polibio: no la “óptima república”, sino la “pésima república”, mucho peor, por suma de males que cualquiera de los regímenes simples corruptos, porque reuniría en sí las perversiones de todos. Sería el régimen más bajo en cuanto a “gobierno de los peores” de las diversas especies, recogidos y combinados juntos casi como ingredientes, no para una receta sanadora, de una fórmula benéfica, sino de un maleficio. Si quisiésemos darle un nombre, propondría llamarlo kakistocracia: precisamente el contrario de la aristocracia en el sentido más amplio y noble de “gobierno de los mejores”.

 

Bovero, al desarrollar su ensayo, tenía en mente al sistema político italiano, que vivía una enorme crisis política en aquel entonces, pero la idea muy bien se puede aplicar a México, pues hay elementos para pensar que estamos siendo gobernados por los peores, los más ineptos, los más corruptos, los más ignorantes y faltos de ideas o proyectos para el país. Lo anterior da como resultado un caldo de cultivo para la corrupción, la negligencia, despotismo y la impunidad; la pregunta es ¿en México estamos en estos momentos en una kakistocracia? Podemos enumerar algunas pistas:

  1. El Poder Judicial se comporta como una oligarquía; con exagerados sueldos (449 mil pesos mensuales) y respondiendo solo a intereses parciales, lo vimos con sus sentencias respecto a las consultas ciudadanas.
  2. El Poder Legislativo se comporta como oclocracia populista; pues hay un mero intereses electoral en todas sus decisiones, además de que el llamado Pacto por México los exhibió como mera oficialía de partes del Ejecutivo y de las elites partidistas.
  3. El Ejecutivo llega a tener latigazos de tiranía, nuevamente, el Pacto por México demostró cómo se generó la tentación de tratar a otro poder solo como avalador de decisiones ya tomadas; la falta de transparencia en el patrimonio de su esposa y la relación con los contratistas de gobierno; además de la declaración donde condenaba las manifestaciones ciudadanas por los hechos de Iguala (los normalistas desaparecidos), como agentes desestabilizadores del país; y la matanza a mansalva de 22 personas por parte del Ejército.
  4. Muchas autoridades municipales y policiales de todos los niveles están coludidas con el crimen organizado, el terrible suceso del asesinato de 6 personas, entre ellos tres normalistas y la desaparición de 43, exhibió la grave corrupción de las autoridades y sus corporaciones policiacas.
  5. La procuración de justicia no da garantías a los derechos humanos y hace selectiva la presunción de inocencia.
  6. La impunidad que hay en el país es preocupante, vemos cómo ningún funcionario está en la cárcel por la tragedia de la guardería ABC, o más recientemente, vemos cómo están “arraigados” con todas las comodidades el alcalde Abarca y su esposa, responsables de la tragedia de Iguala; en cambio, están en cárcel de alta seguridad manifestantes que como única prueba aportada es el testimonio de policías.
  7. El incumplimiento, vemos cómo, sin ningún recato, políticos de todos los partidos prometen en campaña un sinnúmero de cosas, y una vez en sus cargos no dan cumplimiento a dichos compromisos, pues saben que no tiene consecuencias.
  8. La falta de transparencia y rendición de cuentas es la constante en las autoridades, acompañadas del derroche de recursos y el endeudamiento de las arcas públicas, además del incremento indiscriminado en los impuestos.

Podríamos seguir enumerando casos que implican a los tres órdenes y los tres niveles de gobierno, además de partidos políticos, sindicatos y cualquier entidad de interés público, que podrían darnos la bases del sistema político que tenemos en nuestro país. Pareciera que en nuestro país se está generando una especie de fraternidad o hermandad política donde unos se tapan a los otros, y solamente realizan una “puesta en escena” cada época electoral, donde las críticas son lugares comunes para competir por los votos.

Hoy, sin duda, hay una grave crisis política en el país que nos debe preocupar, pero lo que más nos debe alarmar es la insensibilidad de la clase política. Los últimos acontecimientos deberían servir como un detonante para dar un golpe de timón, para que reaccionen y hagan algo, pero solo proponen medidas cosméticas, no buscan atacar el fondo del asunto, que en gran parte es la impunidad y la corrupción. El próximo año es un año electoral donde se renovará la Cámara de Diputados, ojalá que la voz y el clamor popular se vea reflejado en su integración, aunque se ve difícil que los sueños de la sociedad de hoy, quepan en las urnas de la clase política actual.