Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Dicen que por ahí va un charro/va muy bien montado/va pa’ Vista Alegre/pónganle cuidado.

 Arriba lo está esperando/el Supremo Caporal/ Pa’ que ejecute un buen pial,/ redonda de buen lado/o mangana sin igual.

 Vista Alegre hoy no está alegre

José Morán Romo, 24 de marzo de 2020.

 Disculpe usted, indulgente lector, si interrumpo hoy la serie que he venido desarrollando en las últimas semanas, pero la circunstancia obliga, dada la muy sentida desaparición física, el pasado lunes 23 de marzo, del médico Juan José de Alba Martín, un personaje relevante de la comunidad, en los ámbitos de la medicina, la charrería y algún otro que se me escape.

Muchas cosas podrían decirse de su personalidad; de su trayectoria, de su legado, según quien las diga y el trato que haya recibido de su parte. En cuanto a mí, coincidí con él en el programa charro de radio “Al tranco, origen, esencia”, que transmite Radio UAA los sábados a las 14 horas, y que ahora se ha quedado sin su principal promotor; sin su corazón…

En 1990, picado por el gusanito de la radio, me acerqué al señor José Dávila Rodríguez, jefe del departamento de Radio UAA, para solicitarle “tiempo aire”, para hacer un programa que llevó el título de “Cajón de sastre”, en honor del querido padre Jorge Hope Macías, el mismo encabezado que dio él a la columna que publicó durante muchos años en El Sol del Centro.

Mi programa fue de efímera duración: entre fines de 1990 y principios de 1993. A despecho de esta cortedad, mi acceso a la radio determinó más de alguna cosa fundamental para mi trayectoria de vida, aparte de propiciar mi incursión en un mundo por demás apasionante en el que todavía me muevo; conocer a gente interesante; valiosa, como el doctor de Alba.

La expresión “cajón de sastre”evoca un espacio donde hay de todo, tijeras, agujas, cinta de medir, etc… Esto me permitía referirme a cualquier cosa que se me ocurriera. En julio de 1991 tuvo lugar un maravilloso eclipse total de Sol, el más reciente que pasara por esta urbe, oscureciéndola durante aproximadamente seis maravillosos minutos. Dada mi afición a todo lo que circula por el espacio, y aprovechando que en el programa cabía todo, dediqué alguna de estas emisiones para hablar del fenómeno natural.

Entonces el viejito Dávila tuvo la idea de llevarme a “Al tranco”, para hablar del tema. Le gustaba mucho este programa; le dedicaba mucho tiempo a su producción. En su momento se dijo, no sin cierta dosis de celos más o menos amigables entre los productores de Radio UAA, que de entre toda la barra programática de la radio universitaria, “Al tranco”era uno de sus favoritos. Quizá fuera cierto, teniendo en cuenta que en muchas ocasiones la emisión se grabó en su casa, y él mismo fungió como operador de audio.

Me acuerdo que en esa primera ocasión en que estuve en el programa, sería a fines de junio de 1991, hubo un momento, mientras se hablaba del eclipse, en que Dávila nos hizo escuchar un fragmento del cuarto movimiento de la sinfonía 9 de Beethoven, como instante culminante de la luminosa oscuridad… Imagine usted: la Luna interponiéndose entre la Tierra y el Sol, mientras se escuchaba aquello de “¡Alegría, hermoso destello de los dioses,/hija del Elíseo!/Ebrios de entusiasmo entramos, diosa celestial, en tu santuario”…

En fin. Algo vio en mí, Dávila; supongo que le habré caído bien, algo así. El hecho es que me invitó a integrarme al equipo tranquero. Digamos que quería que representara al gran público que ignoraba los pormenores de la charrería, aquello que en principio sólo era accesible a los iniciados, e hiciera preguntas que propiciaran un flujo de información comprensible. Por ejemplo, si se hablaba de una redonda de buen lado, yo debía preguntar qué era eso, etc.

En rigor me fue muy fácil integrarme, sintonizar con los presentes, y en particular con el doctor de Alba, dada su simpatía, su gusto por tratar a la gente, su optimismo desbordante, el ingenio para jocosos juegos de palabras, la puya certera. El doctor de Alba era un maestro del chiste fácil, inocente, servido con una buena dosis de pimienta.

Practicante empedernido de la charrería, observador atento; poseía un enorme conocimiento sobre estos temas, las suertes, los ajuares, los caballos, las pintas, etc., y una pasión ejemplar que vibraba en su voz profunda, varonil, al referirse a ellos. Armida, mi esposa, me recordó las ocasiones en que asistimos juntos a charreadas, como los comentarios del doctor sobre lo que veíamos coincidían con los juicios de los jueces, o de los locutores, sobre la marcha, o antes de que aquellos se expresaran.

Doctor Juan José de Alba Martín, teocaltichense de pura cepa -y nos ponemos de pie; faltaba más-; uno de los tantos que han venido a enriquecer nuestra convivencia. Lo recuerdo ahora…

Ahora que se ha ido me acuerdo de las ocasiones en que llevé al programa alguna información sobre charrería de hace, digamos, 50 o 60 años o más, noticias que involucraban a personajes de otra época… Leoncio Jiménez Díaz, Guillermo de la Torre, J. Guadalupe Montoya, Jesús Martínez, “El káiser”, José Manuel Valdez

Lo recuerdo escuchando muy atentamente, la mirada fija al frente, como si a través de la vieja noticia buscara en la bruma que los años habían formado en su mente, los rostros de los fantasmas que mis palabras convocaban, los mismos a los que ahora se ha unido…

(Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).