Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Pura magia negra

Sin que alguien lo esperara (o pidiera), aquí tenemos una secuela al éxito noventero “Jóvenes Brujas”, cinta entonces dirigida por Andrew Fleming que introdujo algunos aspectos de la hechicería femenil al consciente colectivo (es un hecho que la cinta puso en su momento la palabra “Wicca” en boca de varios) así como el darle una oportunidad protagónica a la delirante actriz Fairuza Balk, quien se come la cinta con su desgreñada pero entretenida actuación La película es todo un compendio de los procesos culturales que vivía la Norteamérica del travieso Bill Clinton al tratar de empoderar a sus protagonistas mediante una fuerza sobrenatural que debe ser respetada so pena de lo que ocurre en el clímax de la cinta. Muy entretenida y ligera, la película ya forma parte del culto cinematográfico de género, pero eso sí, muy autocontenida en cuanto a que su final no sugiere con fuerza o a gritos una secuela.
Y sin embargo aquí está, pretendiendo ser oportuna en cuanto a la nueva sensibilidad sexual e identitariamente incluyente al colocar en un papel relevante a una actriz transgénero y hablar sin tapujos sobre lesbianismo y bisexualidad, lo que me parece excelente ya que en plena era dominada por las redes sociales con su flujo de información y mensajes inmediatos y expeditos (ahora sí que vivimos en una genuina aldea global a la McLuhan) no resulta concebible o siquiera práctico mantener la testa oculta en la tierra cual avestruz aparentando que tales cosas no existen y sólo desaparecerán al cerrar los ojos y volver a abrirlos, pero desafortunadamente aquí sólo son objetos de adorno cual floreros pues no adquieren genuina relevancia y pasan a tercer o cuarto plano ante una historia que arranca bien, se desarrolla con flojerita y termina cual película del canal SYFY, con un clímax atrabancado y medio soso que anula un primer acto interesante y bien tejido.
La cinta arranca con la adolescente Lily (Cailee Spaeny) y su madre Helen (Michelle Monaghan) viajando a otro estado para mudarse al hogar de Adam (David Duchovny), un motivador orientado al género masculino que pretende desposar a Helen. De ese modo Lily, una chica vivaz y alegre, debe integrarse tanto con su nueva familia donde además se incluyen tres hermanastros y su nueva escuela, donde encontrará el asedio de un fulano detestable llamado Timmy (Nicholas Galitzine) a raíz de un accidente menstrual que la pone en vergüenza frente a toda su clase. Sin embargo, hay tres jovencitas puestas a poyarla: La transgénero Lourdes (Zoey Luna), la poco agraciada Frankie (Gideon Adlon) y la afroamericana Tabbie (Lovie Simone). Su respaldo surge a raíz de que ellas practican la brujería, y necesitan una cuarta integrante para que conformen todos los puntos cardinales y así sus hechizos surtan efecto, cosa que sucede casi de inmediato, pues Lily es una bruja natural que incluso en escenas previas vemos cómo puede azotar algo con tan solo desearlo. En el proceso de experimentar con su magia, las chicas deciden aplicar un sortilegio a Timmy para hacerlo “buena onda” con muy buenos resultados, al punto que surge una chispa amorosa entre él y Lily, así como una conexión del otrora bully con sus sentimientos que le dan noción de su bisexualidad. Sin embargo todo se va al trasto con una fatalidad que encamina a las jóvenes brujas a darse cuenta de que la magia es algo serio y que muy probablemente hay alguien detrás de sus infortunios.
La verdad, basta con haber visto algunas películas del género para unir todos los puntos y vaticinar cualquier bola curva que la cinta nos quiera arrojar, lo que frustra bastante pues pone en evidencia la floja hechura del guion, aunado a una ambivalente dirección cortesía de Zoe Lister-Jones que no logra decidir qué quiere hacer o decir con su película, pues como señalé al inicio la cinta simplemente va de un lado a otro tocando diversos tópicos y puntos sin que aterrice alguno coherente o concretamente y el resultado es disperso, fofo e inaguantable, considerando sobre todo el entusiasmo que muestra el reparto (menos Duchovny, pues su rostro de bulldog permanece igual de impasible que cuando interpretaba a Mulder en “Los Expedientes Secretos X”) en sus papeles. Ojalá y estas jóvenes actrices talentosas encuentren mejores roles y películas, porque ésta, debe irse inmediatamente a la hoguera inquisidora y no necesariamente por brujería, pues no logra hechizar a la audiencia y mucho menos vale el riesgo a contraer COVID.

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