Por J. Jesús López García 

Ampliamente conocido es el caso de Juan O’Gorman, quien siendo un joven arquitecto de 26 años, diseñó las casas de Diego Rivera y Frida Kahlo en San Ángel Inn (1932) –fraccionamiento de la Ciudad de México–, y seguramente su idea debió ser de cierta estupefacción por parte de quienes se encontraban con ellas ya que su apariencia arquitectónica casi fabril –con cubierta de dientes de sierra una de ellas– era tan nueva en el ámbito arquitectónico de ese entonces, lo que les hacía inéditas aún para unas viviendas o estudio para artistas, por más progresistas que éstos fuesen.

Lo anterior nos muestra uno de los múltiples ejemplos de la provocación intrínseca al Movimiento Moderno de la Arquitectura, enfrentamiento derivado de la experimentación y de la radicalidad de sus postulados racionales y funcionalistas desenfadadamente expresados a través de materiales y técnicas constructivas, igualmente nuevas para ese momento.

Algo tiene lo razonable aplicado a la arquitectura que no deja de inquietar al público en general, tanta modernidad provoca, tal vez la sospecha de que hay algo detrás de esa simplicidad. Ya había sucedido algo semejante en nuestro país al introducirse –más de un siglo atrás desde esos incipientes años treinta del siglo pasado– la arquitectura del neoclasicismo: la sensibilidad acumulativa del barroco novohispano –estilo inmediatamente anterior– apagaba en el gusto común, la claridad compositiva de la nueva codificación expresivo-formal de la Ilustración.

Descendiente directo del racionalismo neoclásico, el Movimiento Moderno fundamentó en su radicalidad iconoclasta, funcionalista y abstracta, la magnitud de su valor, lo cual parecía apartarle con respecto a la tradición de la preferencia común, es así como los intentos de atemperar las pulsiones de ruptura y polaridad racional fueron reiterados a través de todo el siglo XX: los estilos Floreale –según el país se le denominó como Liberty en Italia, Modernismo en España, Art Nouveau en Bélgica o Jugendstil en Alemania–, Littorio –de la Italia fascista– o el mismo Art Déco, fueron intentos por domesticar la modernidad a través de repertorios formalmente más mesurados pero disfrazados de novedad.

Mas la asimilación de materiales y procesos constructivos que la arquitectura Moderna nos legó, poco a poco fue permeando en el gusto colectivo, sin embargo, la mitigación de la modernidad ya no recurrió a plataformas plásticas e intelectuales, sino a la adecuación de los procedimientos técnicos y a las necesidades utilitarias de los recientes edificios. Podría decirse que la adaptabilidad de esa arquitectura a ocupaciones y habitabilidades diversas terminó por hacerla aceptable e incluso requerida.

Una vez fijado un nuevo canon moderno al acuñarse el término «International Style», comenzó a ser susceptible de modificaciones de todo tipo como fue con el eclecticismo sobre el precedente neoclásico. La experimentación se restringió a casos y se establecieron los mecanismos para que la modernidad se duplicara utilizando los bagajes ya aprendidos, consolidándose en la plasticidad del vidrio y del concreto armado.

En Aguascalientes, el ya desaparecido conjunto de la empresa «Bordados Maty» –ubicado originalmente en la Avenida Adolfo López Mateos–, fue un ejemplo de modernidad atemperada: edificio realizado por el arquitecto Jorge Arturo Medina Rodríguez en 1969 y en el cual el diseño se supeditaba a la creación de grandes espacios libres dedicados al almacenamiento, exhibición y venta de ropa. Paralelepípedo de dos niveles que exponía de manera aparente la estructura en la fachada principal, a través de un ritmo de columnas que en su parte inferior se ordenaba por medio de intercalar éstas con lienzos de vidrio –con el propósito de que funcionaran como aparadores–, mientras que en el nivel superior actuaban como pilastras adosadas a un muro, ocultando los espacios de almacenamiento.

El coronamiento del inmueble era un cantiléver organizado en una sucesión de bovedillas seccionadas, la única concesión a la tradición constructiva local. Durante un lapso fue en su momento uno de los emblemas arquitectónicos de la industria textil en Aguascalientes; arquitectura y manufactura que sin grandes aspavientos llegó a ser parte del paisaje urbano por muchos lustros. Finca demolida, sin embargo su perfil en la entonces todavía nueva Avenida López Mateos, fue una de las figuras reconocibles del arranque industrial y económico del estado. Lo anterior da fe de la vasta obra realizada por el arquitecto Medina, sin duda alguna representante del gremio que hizo posible el afincamiento de la arquitectura moderna en Aguascalientes a través de su hacer en los distintos sectores y asociaciones, como el cincuentenario Colegio de Arquitectos.

La arquitectura atemperante de la modernidad tardía, correspondió a una tendencia de transición entre la radicalidad del temprano Movimiento Moderno y la posmodernidad que aún se manifiesta de múltiples propuestas. La mezcla de repertorios de composición y técnicas constructivas son rasgo de una propensión que dejó cuantiosos edificios en Aguascalientes, mas su estudio y aprecio aún permanecen pendientes, y la necesidad de conocerlos y de hacer lo propio con las circunstancias que les acompañaron es pertinente para eslabonar la historia del siglo XX a través de la arquitectura que nos pertenece y nos da identidad acalitana aún hoy.