Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Apta para hiperquinéticos

Si algo nos enseñó “Crank: Alto Voltaje” (Taylor & Neveldine, EE.UU., 2006) es que darle un acelerón al argumento sólo funciona si los personajes van a funcionar como meros operativos, sin dirección o motivación válidos; o sea, no pretender hacerlos pasar por seres humanos reales en un contexto disparatado en vena caricaturesca. “Jolt”, una producción de Amazon para su plataforma de streaming, busca ese ofuscamiento que produce una premisa inverosímil para generar un entretenimiento insano, pero comete el error de procurarle a su personaje principal, una mujer con fortaleza e ira superior al promedio, producto de un exceso de la hormona esteroidea denominada “cortisol”, que debe controlar mediante choques eléctricos autoinducidos, con un pasado trágico y un presente no muy halagüeño con la esperanza de que el espectador se apiade de un ser que no lo hará, pues es iracunda, feroz y vengativa. A un perro rabioso, no se le trata con compasión, sino poniéndolo a dormir y esto no es lo que busca la película, por lo que toda su estridencia se malencamina a un proceso que pudo dar algo igual de disparatado que aquella película con Jason Statham, sin desvaríos morales o toques dulzones, pero que eligió la complacencia en lugar del riesgo.
Kate Beckinsale, al ver terminada la franquicia de “Inframundo”, decide correr suerte con la activación de otra mediante esta cinta dirigida por Tanya Wexler (“Histeria”) interpretando a Lindy Lewis, una mujer que, desde pequeña, padece el trastorno hormonal ya descrito y que por años pretendió amortiguar mediante varias actividades, incluyendo artes marciales y el ejército. Ahora, sólo logra controlar sus irrefrenable cólera mediante un inductor portátil de “toques” eléctricos cada vez que algo la molesta, inventado por su psicólogo y confidente (Stanley Tucci). Su vida parece encontrar un rumbo más estable cuando conoce a Justin (Jai Courtney), un contador todo amabilidad y carisma de quien se enamora al punto de acceder a pasar una noche con él. Mas, cuando es asesinado, ella moverá cielo y tierra para localizar a los culpables y aplicarles su creciente rabia, lo que pone en jaque a una pareja de policías interpretados por Boby Cannavale y Laverne Cox, quienes le siguen la pista. A partir de aquí, todo será persecuciones, incontables peleas de todo tipo (armas de fuego, arma blanca, cuerpo a cuerpo) y atadura de cabos que la conduzcan al causante del deceso de Justin.
Justo es decir que la película está dirigida con plenitud, pues todos los elementos técnicos cuajan y las secuencias violentas se manejan con sobriedad, incluyendo algunas que bordean el absurdo absoluto, como aquel enfrentamiento entre Beckinsale y Cox en una guardería donde la primera arroja bebés a la segunda para escapar. Todos parecen estar pasándola en grande, realizando este dibujo animado de hora y media, sin considerar que el espectador reciba algo novedoso o propositivo, urdiendo su trama gracias a las ondas de choque narrativas que legó el éxito de la serie “John Wick”, pero tomando tan sólo la hiperquinesia y relegando cualquier factor dramático válido, esperando que la sintomatología médica de la protagonista sea suficiente pretexto para armar un pathos. “Jolt” es tan sólo ruido y efectos pirotécnicos, un equivalente fílmico al pastelito relleno que anunciaba el palmípedo parlante suplicando que lo recordaran; y, de igual manera, esta cinta no posee algún valor nutricional que lo justifique, aún si la sensación inmediata es de agrado, pues, una vez ingerido, simplemente no sacia.

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