Jardín de San José
Jardín de San José
Jardín de San José

Por J. Jesús López García

La arquitectura como actividad profesional con una formación teórico-técnica universitaria, inició su consolidación en Aguascalientes a mediados del siglo pasado con la llegada, o más bien, regreso a la entidad del arquitecto Francisco Aguayo Mora, quien tras su estadía en la ciudad de México con el propósito de estudiar la licenciatura en la UNAM, se asentó definitivamente en Aguascalientes desarrollando su actividad profesional y en diversos campos de la vida cultural.

El arquitecto Aguayo Mora fue entonces el primer perito residente en la arquitectura de la localidad acaliteña, aunque hay que mencionar que antes que él, Camilo Pani ejerció la disciplina constructiva, quien en su papelería oficial de principios del siglo XX (1904-1905), presentaba la leyenda: Camilo E. Pani, Ingeniero Civil y Arquitecto, Aguascalientes, México; sin embargo es obvio que no era arquitecto en sentido estricto, ya que su preparación fue en la ingeniería civil.

De esta manera, tenemos que los arquitectos anteriores a este momento de la historia local fueron formados a la usanza clásica, en un proceso donde el maestro y el aprendiz emprendían a la par la experiencia de la construcción y los rudimentos del diseño. Con la preparación de la disciplina arquitectónica en escuelas de enseñanza superior, los arquitectos implementaron una práctica con base en procesos más racionalizados.

El cálculo a la par que la geometría y la estereotomía, recurría junto a todos los aspectos edificatorios, a una economía de recursos que dio como resultado un repertorio de formas más sobrio, disminuyendo la utilización ornamental y atendiendo cada vez más lo que el arquitecto Villagrán llamó el valor social, que era la adecuación de lo proyectado y lo construido con el momento histórico. El espacio físico y la sociedad que tiene a ambos como marco de fondo.

Lo anterior viene a colación pues hay una coincidencia del arribo de la arquitectura profesional con la construcción programática de espacios públicos en Aguascalientes. Los arquitectos de formación tradicional tenían en la Iglesia y los inversionistas particulares como sus clientes, pero ante la conciencia contemporánea de equipar las ciudades con sitios para la convivencia cívica, el Estado también participa en ese papel de patrocinio y emplea los servicios profesionales de la arquitectura, ahora formados con una visión técnica y con el enfoque de adecuación al uso que el valor social reclama de los espacios arquitectónicos.

Los sitios públicos destinados a la convivencia social provienen de una inquietud detonada por la Ilustración y su consecuente discurso de los derechos humanos, en que esos ambientes fungen no sólo como imagen de un estado democrático, sino también como una necesidad de la población para emplear su tiempo libre de manera recreativa, fomentando la reunión de la comunidad.

El Jardín de San Marcos es pionero en Aguascalientes de esa tendencia urbanística; realizado en diferentes etapas, fue confinado por su característica balaustrada en los años cuarenta del siglo XIX bajo el auspicio del entonces gobernador Nicolás Condell. Conjuntamente con este gran espacio recreativo público, las plazas y plazoletas configuraron la ciudad, no desde lo construido de paramentos hacia adentro, sino de paramentos hacia afuera, la verdadera cara pública de una comunidad.

Con una traza inicial orgánica, donde con la introducción de vías rodadas, sobrevino una ineludible fragmentación en lo que hoy es el centro de la ciudad, se crearon espacios, que a riesgo de convertirse en residuales, dieron la oportunidad de desarrollar diseños arquitectónicos para sitios que poco a poco fueron adquiriendo aprecio entre los transeúntes, y de paso establecerse como pequeños hitos urbanos.

Baste mencionar el Jardín de San José, en donde se utilizó un remanente entre el paramento de la cuadra frente al templo de San José y lo restante de su atrio al ser seccionado por el trazo de la calle Hidalgo. En el lugar se consideraron los grandes laureles de la India y se optó por un esquema amable de la vegetación existente, para favorecer en esa parte andadores muy libres, que además propician sitios de permanencia disponiendo bancas bajo las añosas frondas y completando la composición una fuente que agrega frescura y remanso entre lo apretado de la configuración edificada del contexto. El diseño del jardín, cuya autoría es del arquitecto Mario Rodolfo García Navarro -también de los primeros expertos en activo en Aguascalientes- no ha perdido en sus más de cuarenta años nada de su contemporaneidad. Piedra concreto y acero han provisto al sitio de un aire entrañable y acogedor.