Noé García Gómez

Después de que se determinó cuáles serían los terrenos elegidos y que el domingo se realizaría la toma de las tierras, no perdieron tiempo y ese viernes 22 de julio de 1978 y todo el sábado se comenzaron a realizar la elaboración y el llenado de notificaciones, donde en un formato “oficial” se les decían a los solicitantes (transcribiendo nombre, por nombre para que fuera personalizado) que habían sido beneficiados con un lote, se le informaba el día, hora y lugar de la entrega, la finalidad era dar confianza a quienes fueran. El sábado como salían las notificaciones, se llevaban con  los líderes de los comités de las vecindades, barrios y colonias, estos a su vez los entregaban a cada uno de los “beneficiados” hasta ya entrada la noche se entregaron los últimos, los puntos de encuentro eran dos, con otras dos divisiones, pero principalmente era el CRENA por donde estaba un callejón que desembocaba a los solares del ejido y una zona de la colonia Martínez Domínguez.

Una comisión encabezada por Lalo Ríos se encargó del diseño, el trazado y lotificación de terreno,  días previos fue al terreno, junto con otros compañeros, lo midió y estimo con sus pasos, así saco el área circundante, con esa información dibujo un mapa que serviría de guía para el operativo, después compro bolas de lazo de pita e hilo rojo, los cortaron en 12, 18 y 24 metros para trazar manzanas, calles y avenidas, además la de los lotes de los marcaban con la medida de 8 x 18 para dividirlos.

Se llegó el domingo 23 de julio de 1978, se les citó a las 8 de la mañana, pero les recomendaban llegar media hora antes para cualquier imprevisto. Antonio Ortega encabezaba un punto de encuentro, el de la Martínez Domínguez, ahí llevaban la cal, estacas, botes y lazos con medidas, llegaron aproximadamente a las 7 de la mañana, no vieron a nadie y observaron una tienda de abarrotes abierta, compraron un pan y leche para desayunar mientras esperaban. Pasaron 20 minutos y no veían que llegaran personas, se llegaron a preguntar el posible fracaso de la misión, unos 15 minutos antes de las ocho de la mañana, vieron llegar un camión urbano repleto de personas, atrás un viejo camión de redilas, que en su caja transportaba personas paradas con algunos materiales. Ante eso la comisión comenzó a desplegar los lazos de medida y pintar con cal; pero todavía no terminaban de asignar y seguía llegando gente caminando, en camionetas o en camión urbano, llegaban con láminas, maderas, y plástico con el que iniciarían su vivienda, a las nueve rebasaban más de 500 personas en ese punto, las comisiones y plan previo generó que fuera una acción rápida y más o menos ordenada.

Los comisionados de trazar las manzanas en esa zona oriente eran el queretano Eduardo Ríos (que su madre era una de las solicitantes de vivienda) y el adolecente Juan Antonio Bárcenas. Pero de pronto ven llegar caminando con algunas personas a Raúl Ruvalcaba y Balmaceda que eran parte de la comisión responsable del sector oriente, les informaron que estaban casi las mil personas por el punto del CRENA, pero que no tenían material para señalar la lotificación, por lo que se les entregaron unos lazos, botes y cal, además que le pidieron a algunos de los líderes que vieron cómo se usaban, que fueran a apoyarlos en trazarlos, y se dirigieron  a la zona poniente (también conocido como “arriba”). Hay una anécdota, cuentan que confundieron los lazos y medidas, por lo que trazaron las calles con los lazos de las avenidas y viceversa, por ello al día de hoy en esa zona de las Huertas las calles son enormemente anchas y las avenidas –como la Convención- son cortas-, pero al final logran el cometido.

Como a las diez de la mañana llegaron algunas patrullas que solo se quedaron a observar; Cuando llegaron las autoridades como a las doce del mediodía, no se imaginaron las dimensiones del movimiento, los servicios de inteligencia política y la soberbia misma de los funcionarios habían minimizado lo que se estaba fraguando, y ya en pleno operativo sería prácticamente imposible desalojar a esa cantidad de personas, pero la dimensión del movimiento fue proporcional y un reflejo de la gran necesidad de la población que carecía de vivienda, y estaba hacinada en vecindades que pagaban y nunca constituiría un patrimonio propio. Era sin duda, una necesidad con profundas raíces y que la falta de una política de vivienda social y popular por parte de las autoridades estaba penetrando en un importante sector de la población; y si bien, se tenían algunas construcciones de vivienda, eran muy marginales además de ser usadas con fines clientelistas por el priismo. Dichos funcionarios encabezados por el Delegado de la Reforma Agraria y el Procurador realizaron un recorrido, pero nunca contactaron a los dirigentes.

Finalmente cada responsable comenzaba a entregar los lotes de 8 x 18, que dicho sea de paso el trazado es el que se respetó cuando se legalizo el fraccionamiento y las medidas de las casas, fueron base para las posteriores asignaciones de vivienda social en los futuros fraccionamientos construidos por el gobierno.

Pasaban las horas, llegaron los contingentes retrasados, pero además se corrió la voz y vecinos de otras colonias o familiares llegaron a tomar su terreno, algunos en situación de calle o que pernoctaban en lugares poco apropiados, y así como llegaron familias, humildes y trabajadoras, también se mezclaron algunos “gandallas” y vándalos, que aprovecharon el momento; finalmente ya entrada la tarde, ya rebasaban los 2 mil lotes y siguieron hasta entrada la noche, donde estimaron más de 3mil personas.

Es importante destacar que las características de invasiones sociales masivas, se distinguían por el desorden y lo caótico, en esta el trabajo previo y la disciplina, generó lo que pudiera considerarse una acción rápida y ordenada.

Llegada la noche el comité organizador llevaba aceite quemado y botes para alumbrar las calles, haciendo las funciones de alumbrado público, también se determinó que las bebidas alcohólicas estarían prohibidas, se dispusieron a acampar en una sección del terreno. Al amanecer del 24 de julio las patrullas que rodearon las huertas divisaban centenares de improvisadas fincas o jacales de plástico, cartón y lámina, y que si bien dichas patrullas no impedían la salida o el acceso, sí era fiscalizado cualquier material de construcción.

Así se desarrolló ese 23 de julio, pasaron las noche, agotados y satisfechos, pero para nada había terminado, la lucha seguiría por un tiempo más.

 

El presente trabajo se realizó con una labor de investigación hemerográfica, así como en libros y artículos, además de anécdotas contadas y entrevistas de algunos de los participantes aquí mencionados. Si usted fue partícipe o conoció algún suceso relacionado, tiene documentos o fotografías y está en el ánimo de contribuir, precisar y enriquecer este trabajo, contácteme. (Correo: honoerato@hotmail.com twitter:                  @noeg2)