Noé García Gómez

Un día como hoy 23 de julio, pero de 1978 se dio la invasión de los terrenos de Las Huertas como lo registran los periódicos de la época, la sociedad y la clase política de nuestro estado cada año la olvidan más; los actuales dirigentes de los partidos que se dicen de izquierda no la han de tener en el radar y menos le darán un espacio en su agenda para conmemorar el 42 aniversario.

Pero la realidad es que el movimiento no se dio de un día para otro, sino fue una labor de trabajo político y social realizado por casi dos años; donde algunos jóvenes de las luchas estudiantiles, que tenían a su cargo el PST, y hago hincapié en jóvenes ya que por ejemplo, el mayor era Antonio Ortega que tenía 24 años, Gerardo Ortega 21, Gilberto Carlos Ornelas 19, Arturo Ruvalcaba 19 o Antonio Bárcenas de tan sólo 16 años; ellos junto con otros más comenzaron a levantar un censo sobre quiénes requerían un espacio dónde vivir; el siguiente paso realizaban reuniones en las colonias, barrios y vecindades, ahí se llenaban los formatos de solicitud de vivienda; en las posteriores reuniones nombraban representantes de las distintas vecindades, barrios y colonias del municipio, donde un 12 de diciembre de 1976 reunidos en una finca de la calle Madero 519, se reunieron colectivamente dichos representantes y los jóvenes dirigentes, ahí surgió el Movimiento por Una Vivienda Digna, que le exigían al gobierno estatal construcción y facilidades para adquirir viviendas populares.

Todo eso se daba en un Aguascalientes prácticamente con vocación comercial, algunos talleres de maquila textilera, el inicio de la decadencia de los talleres del ferrocarril, así como un clase social aburguesada que encontraron en el acaparamiento de tierras y viviendas un modo de conservar y mantener un fortuna heredada por generaciones. Lo que llevaba a que pocos tuvieron acceso a una vivienda propia, las rentas estaban sujetas a la oferta que ponían los dueños y las condiciones de dichas fincas eran malas, llegando a ser muchas de ellas hacinamientos insalubres, donde en un cuarto vivían hacinadas dos o tres familias, que convivían con otras familias compuestas y compartían baños y áreas de aseo. Se llegó a estimar hasta cuatrocientas vecindades donde vivían miles de personas de las más pobres de nuestra ciudad.

Un 12 de diciembre de 1976 reunidos en una finca de la calle Madero 519, se reunieron colectivamente representantes de las vecindades y colonias con los jóvenes dirigentes, ahí surgió el Movimiento por Una Vivienda Digna, que le exigían al gobierno estatal construcción y facilidades para adquirir viviendas populares.

El movimiento crecía y las oficinas quedaban cortas para aglutinar a los representantes de cada comité, por lo que pidieron ayuda a los líderes ferrocarrileros, principalmente Ramón Báez quienes les apoyaban con el mimeógrafo eléctrico, donde llegaron a producir hasta 5 mil carteles o volantes informativos (una cantidad masiva para la época) y también realizaban las reuniones en el salón del sindicato del ferrocarril, en la calle Madero esquina con Cosío.

Se realizó una primera marcha, que dejó entrever las dimensiones del movimiento, casi el millar de personas, la finalidad era entregar las solicitudes de vivienda al Gobierno del Estado, después del mitin una comisión entró a palacio mayor a entregarlo, fueron recibidos por tres funcionarios, el de mayor rango un licenciado de apellido Villalpando que se presentó como el secretario del Gobernador, con poco tacto les dijo que serían atendidos por los otros dos, se retiró, a lo que los funcionarios solamente se limitaron a recibir las solicitudes y les dijeron “póngalas en esa mesa”, no mostrando mayor oficio, tacto o protocolo para atender una situación como esa. Ante ello salieron consternados por el trato recibido que transmitieron íntegramente a la base que los esperaba fuera.

Se realizaron algunas otras marchas, manifestaciones y peticiones hasta que el entonces Gobernador Esparza Reyes por su origen de cercanía con el sector campesino, los recibió también el Secretario de Gobierno Javier Aguilera, le pedían que se expropiara y fraccionara unos predios de la zona poniente por el ejido Los Arquitos; fueron meses y meses de pláticas y peticiones, marchas y amagos de invasiones, que se convirtieron en casi dos años.

Cuentan algunos de los participantes que en una de esas reuniones ya con un avanzado desgaste de las pláticas, el gobernador soltó una profunda frase “miren muchachos su movimiento, es como una cucaracha, de que cuando la vez de repente te sorprende, pero que nada más basta que les haga así -realizando un movimiento con el pie como aplastándola- para que desaparezca- después de esa reunión sabían que tenía que buscar medidas distintas o el desgaste haría que no los tomaran en serio, ni el gobierno y peor aún su base social que estaba creciendo. También les ofrecieron fraccionar la zona del Cerrito de la Cruz, pero sin mayores compromisos.

Otro suceso fue, que en una de las distintas reuniones con los representantes de los comités, notaron una convocatoria menor, cuando llega Tomás Anderson de la vecindad de la Mora y les dice que algunos de los dirigentes estaban unas cuadras arriba -donde llegaban los camiones- regresando a los representantes argumentando la cancelación de la sesión, ante eso una comisión va a ver lo que sucedía y confirman la presencia de los presuntos boicoteadores y eran los que ya tenían sospecha, Luis Castañeda era quien los encabezaba, este grupo tenía tiempo realizando labor de zapa, en plena asamblea deciden distanciarse de ellos, meses después aparecen con cargos en el gobierno y el PRI, lo que confirmaba las sospechas, que estaban siendo infiltrados para reventar el movimiento.

La estrategia de aletargamiento de las negociaciones por parte del gobierno, y el trabajo y lucha por parte de los dirigentes sufría un desgaste; el movimiento que ya rebasaba los 100 representantes de vecindades y colonias exigían una salida, -cabe mencionar muchos de estos representantes eran mujeres que ante el trabajo del esposo ellas realizaban la actividad política- el movimiento social comenzaba a rebasar a los jóvenes dirigentes que de una u otra forma buscaban canalizar las exigencias de quienes incitaron a exigir vivienda, frente a la renuncia del gobierno en turno. El movimiento tomó vida propia, pero también podría correr el riesgo de iniciar una desesperación y debacle.

De lo anterior se desarrolló una asamblea el 2 de julio, donde se determinó que en los próximos días realizarían la acción de ocupación, los asistentes -gente de las vecindades- claramente se emocionaron, coincidieron que si bien existían riesgos, era necesario. Los detalles del mismo estaban reservados para un pequeño grupo de los dirigentes, el día y la hora tendría que estar consensado y se sabría días antes.

El 20 de julio se dio luz verde para hacer el operativo el domingo 23 de julio, por lo que inmediatamente se citó a los dirigentes y representantes de mayor confianza a una nueva asamblea, se tenían tres terrenos tentativos seleccionados, uno en Peñuelas, otro en Cañada Honda y el de las Huertas, se valoró las implicaciones, pros y contras de los tres, parte de los dirigentes se inclinaban por los más lejanos para complicar la labor del gobierno, la base de representantes por el de Las Huertas ya que era una planicie, tenía buenas condiciones de acceso, estaba próximo a la mancha urbana, también estaba cercana la escuela del CRENA -un foco de simpatizantes de la izquierda-. Se establecieron comisiones y responsables, si bien se realizó con todas la precauciones para ser una acción sorpresiva, los mecanismos de información del gobierno sabían que se desarrollaría dicha acción, pero todo indica que lo minimizó, además pensaban que dicha operación se desarrollaría por la zona de Los Arquitos, ya que era el lugar donde la dirigencia solicitaba formalmente se construyera el fraccionamiento.

Por lo que el día crucial estaba más cerca y que será abordado en la siguiente entrega.