Intervenciones arquitectónicas

Por J. Jesús López García

Los edificios son objetos, que por sus dimensiones y sus características de durabilidad, pueden ser sujetos a una gran cantidad de modificaciones e intervenciones en su constitución. De entre ellas las hay muy profundas, que incluso cambian por completo el uso del inmueble, así como también su forma arquitectónica. Las hay también ligeras y sencillas que dejan a la finca con sus particularidades originales, si bien no intactas, al menos sí en sus elementos mas reconocibles.

El Pabellón Real en Brighton, Inglaterra, era un vetusto edificio cuando en el siglo XIX el arquitecto John Nash (1752-1835) le dio una imagen totalmente nueva fuertemente influenciada por la arquitectura de los mogoles de la India, con lo que en plena etapa neoclasicista hizo a este edificio un pionero del eclecticismo que surgiría posteriormente y de un consecuente “revivalismo” muy exótico.

El uso de la finca por su parte, no cambió gran cosa, solamente aumentó los servicios y la sofisticación de los espacios de lo que siguió siendo un pabellón en un coto de caza. Algo similar ocurrió con las ampliaciones del Barón de Eschwege en el castillo de Sintra, Portugal con su fantástico Palacio da Pena, similar al Castillo de Neuschwanstein en Baviera -que sirvió de modelo al castillo de Disney-, ambos del siglo XIX, nostalgias arquitectónicas de un pasado medieval que se había retirado por completo y que se trataba de revivir en arquitectura, literatura y pintura ante el embate cada vez más fuerte de la modernidad industrializada y cosmopolita.

Además de esos modelos aristocráticos, casi todos los edificios terminan por experimentar cambios debido a su natural vejez, a las innovaciones tácnicas que buscan abrirse paso en la vida cotidiana y al cambio en los gustos arquitectónicos de propietarios y ocupantes.

En inmuebles que han quedado inmersos en alguna zona comercial muy activa, los cambios suelen ser profundos, a veces incluso del edificio original sólo queda la fachada,sirviendo lo mismo como tal o como un simple muro de protección. Elementos añadidos, cortinas de acero, herrerías, entre otros, poco a poco empiezan a modificar la imagen general y primigenia de la finca, y la apertura de vanos, o ampliación de los existentes, la socavan por completo. Aunado a todo lo anterior, cambio en recubrimientos, colores -variopintos y fragmentados-, anuncios de todo tipo y demás objetos que acompañan a la mercadotécnia urbana, terminan por hacer de una imagen contextual más o menos homogénea, una nueva en que los edificios parecen ser ajenos entre si.

Por ello cuando las modificaciones a los conjuntos son sencillas y sensibles, apreciando en los inmuebles sus mejores características, esas obras parecen resurgir como objetos nuevos, revigorizados y mas agradables, resumiendo en si mismos lo que siempre fueron y la novedad de lo que son ahora. Como ejemplo de lo anterior tenemos la casa ubicada en la calle de Álvaro Obregón No. 458, que fue intervenida de manera muy afortunada por el arquitecto Víctor Olavarrieta, y que de un modo generoso preservó la jacaranda que es parte integral de su frente. Es un inmueble pequeño pero que gracias a una intervención  bien diseñada ahora incluso destaca en un contexto que cuenta con no pocas fincas de valor arquitectónico y mucho más grandes.

La buena arquitectura empieza con la comprensión de su contexto y de lo que ese entorno es capaz de aportar, y si en ese ambiente la edificación nueva debe intervenir en la arquitectura pasada, ésta más que un obstáculo a lo reciente, es por el contrario una buena plataforma desde la que la novedad puede manifestarse de una manera menos artificiosa y mucho más adecuada.

Las intervenciones en los edificios entonces no son cosa reciente, siempre se han dado, incluso de formas mas agresivas, situación que suceden de un modo mas frecuente en los edificios representativos para una comunidad o una nación; pero si esas intervenciones se dan en una estructura urbana sujeta a la cotidianidad, más que romper con las dinámicas de un sitio, la actuación debe ser una acción menos invasiva para así insertarse en el tejido físico y social del lugar y preservar así las coniguraciones en que se vive en una calle, un barrio o una colonia.

En nuestra ciudad el intervenir arquitectónico sobre inmuebles ya construidos son comunes y constantes, muchas obras levantadas originalmente con adobe han ido reestructurándose en otros materiales; la misma dinámica económica de Aguascalientes va poco a poco estableciendo un ritmo de demolición y construcción o bien de modificación, más o menos considerable. Eso es natural, pero si la acción se lleva a cabo con un conocimiento de la materia que se va a trabajar, la intervención será de mejor calidad.

Es un hecho que al llevarse a cabo múltiples adecuaciones arquitectónicas, estas se lograrán en mejor o menor medida, por ello es conveniente hacerlas con sensibilidad para que el resultado sea óptimo. Un buen ejemplo de lo anterior lo constituye las fincas de la UAA que hoy ocupan el Museo de la Muerte: “19 de Junio” y “Jesús Gómez Portugal”.

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