Por J. Jesús López García

La manera tradicional de construir estableció un canon con base en la practicidad de repetir ciertas fórmulas que resultaron en formas muy definidas de la arquitectura. Sin ahondar en esta disciplina de los edificios representativos, como los templos o los palacios, sino yéndonos a aquellos de la cotidianidad, podemos ver cómo la tradición constructiva local establecía gruesos muros que siendo fundamentales para soportar la cubierta –por ello se les llama “muros de carga”- permitían vanos –en donde se colocan las puertas y las ventanas- estrechos pues una mayor abertura ponía en riesgo las características de ese tipo de estructura. Eso resultó en muros –alineados al paramento del lote o parcela para aprovecha su superficie- con vanos de proporción vertical.

Realmente eso no es un “estilo” propiamente dicho, aunque a las fachadas se les diesen tratamientos bajo los rasgos estilísticos, digamos del barroco, por ejemplo, pero si es de algún modo un canon que aunque informal, en Aguascalientes fue una norma que se prolongó hasta bien entrado el siglo XX. Con la introducción a los repertorios de la construcción local del ladrillo, usado de manera profusa, del concreto armado y del acero, las columnas y las trabes ya no fueron supeditadas al uso de la piedra, lo que resultaba en su empleo en los edificios representativos, sino que el sistema constructivo de trabes y columnas de concreto armado o en acero empezó a ser asequible en toda la gama de fincas.

Con esta situación, ya desde fines del siglo XIX, comenzaron a edificarse diferentes estructuras que solamente se revestían en materiales diferentes para fines plásticos, ejemplos de ello incontables, por citar tres casos conocidos –dos en México y otro en Alemania-. La tienda departamental El Palacio de Hierro (1891) y el Palacio de Bellas Artes (1904), que poseen un esqueleto metálico recubierto de piedra, o el Castillo de Neuschwanstein, Baviera, Alemania (1869-1886), que inicialmente se construyó con ladrillo recubierto de piedra y mármol, pero tiempo después se requirieron ampliaciones –como la Sala del trono- en donde se utilizó una armadura de acero.

Pero ese tratar de imitar las formas del pasado empleando una manera de estructurar moderna fue un hecho que vivió una crisis al iniciar el siglo XX, que en el ambiente de las vanguardias intelectuales y artísticas terminó en una “liberación” de la apariencia exterior del edificio y de sus espacios internos a la par, tratando las fachadas y los muros interiores de las construcciones de talante independiente a su estructura que en el caso de los muros de carga no es posible. De esta forma apareció la concepción del “muro cortina” que sirvió primero para dejar grandes superficies con vidrio y volver a poner el énfasis en la entrada de luz a los edificios, tal y como había ocurrido en el gótico, y segundo, también fue útil para ahorrar material, espacio y dinero en el caso de erigir muros ya exentos de una carga estructural y por tanto, más esbeltos. Esta solución naturalmente creaba nuevos desafíos, como el solucionar la confortabilidad térmica con muros más delgados o grandes paneles de vidrio, pero lo cierto es que ese método de construir comenzó a brindar la posibilidad de innumerables variaciones al tema, en oposición a los procesos y materiales tradicionales donde la diversidad sólo se expresaba en el tratamiento ornamental de jambas, dinteles y cornisamentos.

Hemos convivido durante casi cien años con ese procedimiento de construir por lo que ya se aparece ante nuestros ojos como algo normal. Echamos poco de menos al adobe pues ya pertenece a una realidad pasada y no se aprecia en un futuro mediano o cercano a un cambio igual de radical en nuestro proceder de construir.

Así observamos edificios como el que se encuentra ubicado en la avenida Convención 1914 Poniente No. 302, que siendo contemporáneo presenta las formas novedosas de las losas en cantilever y sus paños lisos de su fachada de vidrio, para dar cierto realce a la estructura que permanece detrás del primer plano; se expone su única columna aparente de manera inclinada para diferenciarla de sus similares estructurales. Es un edificio nuevo que retoma en su diseño y ejecución varios de los preceptos de la arquitectura del Movimiento Moderno, que maestros como Le Corbusier (1887-1965), Walter Gropius (1883-1969) o LudwigMies van der Rohe (1886-1969), pusieron en marcha hace más de un siglo.

A partir de aquel momento, la arquitectura mundial, fiel a un ideal de cosmopolitismo, empezó a perder sus rasgos locales particulares, y mediante técnicas y materiales constructivos de uso igualmente mundial, dio inicio a parecerse más sin diferenciarse, al menos en su forma y concepción básicos, a la producida en cualquier otra parte. De hecho fue así como en 1932 se definiría el término “International Style” por el historiador del arte estadounidense Henry-Russell Hitchcock (1903-1987) y Philip Johnson (1906-2005) en ese entonces historiador y filósofo y a la postre arquitecto.

Desde ese momento en esa expresión se aglutinó el tema al que ahora se integran infinidad de variaciones.