Un catedrático del Instituto de Ciencias – antecedente de la hoy Benemérita Universidad Autónoma de Aguascalientes -, decía que no bastaba con querer hacer algo o decir “yo puedo”, porque hay cuestiones que no son de simple resolución. Ponía un ejemplo tan sencillo como de complejo atrevimiento: saque Usted del tubo de pasta de dientes todo su contenido y vuélvalo a meter para dejarlo como estaba, con lo que demostraba que no hay que dar por descontado que todo es factible.

En estas circunstancias se encuentra el encantado proyecto del enlace ferroviario entre las ciudades de Guadalajara y Aguascalientes, que va para medio siglo sin que alguna administración pública haya sido capaz de resolverlo. Lo más cercano fue al final de la gestión del ex presidente Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, que para octubre de 2012 requería de una inversión de 3,800 millones de pesos, por lo que heredó el propósito al gobierno entrante que encabezó Enrique Peña Nieto, quien en su campaña se comprometió que se haría y para darle mayor veracidad a sus palabras, ya como titular del Poder Ejecutivo ordenó que continuara el estudio que se llevaba a cabo en la capital jalisciense, pero a la hora en que conoció de su costo empezaron los retrasos en el plan y finalmente todo quedó en eso.

Con el actual Presidente de la República se ha buscado que se interese en conectar por ferrocarril ambas localidades, pero para él lo único que vale es el tren maya, no obstante los gobiernos de Jalisco y Aguascalientes aseguraron el pasado 25 de noviembre que estaba “firme” la construcción del ramal de Encarnación de Díaz, Jal., que es lo que falta para hacer realidad ese fin, sólo que ahora se habla de 14,000 millones de pesos.

Durante la reunión que sostuvieron  en esa fecha los secretarios de Desarrollo Económico de ambas entidades, se analizó los avances de los estudios que hay sobre ese tramo, concluyendo con lo que tantas veces se ha mencionado desde 2012, que hacerlo “facilitará el traslado de mercancía del Golfo de México al Océano Pacífico y viceversa”, reto que asumen como parte de los proyectos estratégicos de la Alianza Centro Bajío Occidente, en la que los gobernadores Enrique Alfaro y Martín Orozco, de Jalisco y Aguascalientes, respectivamente, son de los principales impulsores.

La cuestión estriba en que Orozco Sandoval concluye en 22 meses su gestión, por lo que será difícil que logre llevar a cabo la intención, máxime que el mandatario nacional ha negado cualquier apoyo extra, más bien ha reducido las entregas federales, por lo que por sí mismo Aguascalientes no tendría manera de solventar la parte que le corresponda en la inversión, y aunque Alfaro Ramírez termina hasta 2024 está en circunstancias similares por la falta de más recursos del erario central.

Es indudable que lograr el vínculo ferrocarrilero entre las dos ciudades sería un éxito en la vida económica y un ahorro considerable de distancia y tiempo, además se hacer  un traslado más eficiente de mercancía que llegan desde el puerto de Manzanillo y después conectarlas a las rutas ferroviarias que van hacia el norte del país.

Ciertamente, Jalisco y Aguascalientes serían enormemente beneficiados con esta ruta directa, pero con qué hacerlo, es el quid de todo.

DÉBIL APOYO

Por razones que no tienen explicación los líderes nacionales de agrupaciones obreras han sido muy cautos en el tema de outsourcing y a nivel local sólo el secretario general de la Federación de Trabajadores (FTA) José Alfredo González, ha insistido en que se regularice la contratación que se hace mediante ese tipo de negocios.

En lo anterior el dirigente de la filial cetemista ha sido congruente con lo que ha manifestado desde hace varios años, al ser prácticamente el único que de siempre se opuso a que se llevara a cabo esta situación, ya que por una parte los empleados laboran para un patrón pero es otro el que les paga y éste muchas veces se desentiende de las obligaciones que fija la Ley Federal del Trabajo, principalmente que estén registrados ante el Seguro Social, el Infonavit y el SAR y que además reciban aguinaldo y reparto de utilidades.

Los que sí están de acuerdo en que siga sin alteración las condiciones actuales son varios representantes del empresariado, que pegaron el grito en el cielo en cuanto se anunció que ningún trabajador podía estar al margen de sus derechos económicos y laborales, por lo que aún cuando hubiera outsourcing ésta se obliga a cumplir con el mandato legal, con lo que se termina la minita de oro que han creado algunas firmas al tener en nómina a miles de personas, sin ninguna seguridad en el empleo y menos que reciban lo que en justicia les corresponde.

En este sentido José Alfredo González ha sido enfático al citar que la FTA está a favor de que se acaben las malas prácticas que van en contra de los asalariados, por lo que aún cuando se aplazó para febrero de 2021 el acuerdo final, como medida previa a la reforma de ley, es fundamental estar atentos a los pasos que se den en ese sentido, por consiguiente “ya veremos en qué termina esta iniciativa, pero lo importante a resaltar es que el tripartidismo nuevamente forma parte importante en la toma de decisiones del aspecto laboral de este país, apoyado y avalado por el gobierno de la República”.

Subrayó que en estos momentos más que pensar en el outsourcing, que de por sí es pernicioso, se debe tener presente el “insourcing”, que es el que más daño provoca a los trabajadores, toda vez que se crea dentro de una misma empresa, “donde una es dueña de los activos y la otra es la administradora  de la nómina, que es el patrón de los trabajadores y que no genera utilidades, por lo que la primera se queda con todo, eso para mi es lo más delicado de este tipo de malas prácticas empresariales que obviamente afectan a la productividad, porque al trabajador no se le reconoce su participación importante en la producción, de determinado producto que elaboran en la empresa”.

Lo que cabe aquí es estar atentos al desarrollo de los acontecimientos, porque es posible que se haga una reforma pero para que todo quede igual, lo que a final de cuentas mantendría en estado de indefensión a quienes por necesidad aceptan este vasallaje, tan característico en el tiempo de las encomiendas.

ALIANZAS ¿PARA QUÉ?

Esa es la gran pregunta que se hacen los ciudadanos cuando ven que con suma facilidad se unen los que ayer eran acérrimos rivales, como ocurre hoy con el PAN y PRI y como tercero el PRD, que ni fu ni fa pero que algo le toca a la hora de la repartición. Otra liga igual de extraña es la de Morena con PVEM, teniendo en cuenta que los ahijados del Niño Verde han cohabitado con priistas y panistas, mientras que el PT y el PES le sirve a los morenistas para hacer bola y llegado el momento que voten por sus iniciativas, pero en términos claros no tiene un beneficio político, tan es así que petistas y píos han perdido su reconocimiento legal en varias entidades donde no obtuvieron el mínimo de votos (3% del total de los sufragios emitidos), pero bendita sea la legislación electoral que permite este tipo de situaciones. Sólo en la política se mira este tipo de escenarios, porque si se remite al medio deportivo es materialmente imposible que se unan las porras del glorioso Guadalajara con el América, o el de Tigres de la U de Nuevo León con Rayados de Monterrey. La identidad pública es un bien inmaterial que los seguidores de cada club defienden como si en ello les fuera la vida, en cambio, tratándose de los partidos sucede que de un día para otro están en la misma cama y sin gestos hacen lo que el otro pida, algo que no sólo denigra la política sino que en gran medida contribuye a que crezca el número de personas que no votan, ya que al hacerlo sería apoyar lo que hasta hace poco repudiaban, pero esto le vale un cacahuate a los dirigentes nacionales y locales, que van sólo por la rentabilidad que pueda dejar ese procedimiento de coaliciones.