Carlos Reyes Sahagún
Cronista del municipio de Aguascalientes

Luego de que el sistema ferroviario nacional fuera paralizado en varias ocasiones en el mes de junio de 1958 por parte de los trabajadores ferroviarios, la última de ellas con una duración de ocho horas para presionar a la empresa y obtener el cumplimiento de diversas demandas, el presidente Adolfo Ruiz Cortines, padre amantísimo de todos los mexicanos de entonces, que hasta entonces se había abstenido de intervenir, en los primeros días de julio ofreció un aumento de $250.00 mensuales por ferrocarrilero en activo y $100.00 para jubilados.
Si bien es cierto que la oferta de Ruiz Cortines era menor que lo que exigían los trabajadores, ésta fue aceptada, por lo que todo el mundo regresó a laborar.

Sin embargo, faltaba por resolver la otra demanda por la que se habían lanzado a la insurgencia los trabajadores; un reclamo no menos importante que el salarial. Resuelto el problema económico, los rieleros se abocaron a conseguir la defenestración de sus dirigentes sindicales, y el reconocimiento de los que habían elegido en días anteriores, ambas cosas por parte de las autoridades laborales.

Aquí es preciso recordar que el sábado 28 de junio, en el contexto de una tormentosa reunión, debidamente pasada por el agua de lluvia (recuérdese que en esos días los rieleros insurgentes sesionaban fuera del edificio sindical de la avenida Madero) la asamblea, según El Heraldo de Aguascalientes, compuesta por unos 3,000 trabajadores, desconoció a los líderes de la sección dos, comenzando con el secretario general, el diputado local Leobardo Quiroz.

La nueva dirigencia quedó integrada por las siguientes personas: secretario local: Ángel Venegas Ahumada; presidente del Comité de Vigilancia y Fiscalización, Rodrigo Cervantes López; tesorero: Eudoro Fonseca; secretario de Educación y Propaganda: Enrique Santoyo; vocal por frenos, Moisés Avendaño; vocal por fuerza motriz y maquinaria: Rafael Aguayo; vocal por Vías y conexos: Pedro Ramírez Saldaña; vocal por oficinas: Fernando Dorantes Macotela.

Los nuevos representantes de ajustes fueron: por transportes: Jesús Barajas Bernal; por fuerza motriz y maquinaria: Rafael Díaz Morán; por oficinas: Jorge Atilano; y por vías y conexos: Ricardo Romo.
La votación debió realizarse en varias eliminatorias puesto que hubo más de cinco candidatos para cada uno de los puestos.

En esa ocasión el inspector federal del trabajo, Sr. Juan Jesús Ruíz Pacheco, negó que la Secretaría del Trabajo y Previsión Social fuera a otorgarle el reconocimiento legal a los nuevos dirigentes, debido a que no contaban con personalidad jurídica, además de que había que cumplirse con una serie de requisitos legales y reglamentarios para estos casos.

El siete de julio, al día siguiente de las elecciones presidenciales, se realizó una asamblea en la que se tomó el acuerdo de convocar a una reunión nacional para desconocer a los dirigentes del sindicato, desaparecer la cooperativa única de consumo, ordenar la rebaja de las cuotas sindicales, y su congelación hasta no tener nuevos directivos, y volver a los paros en el caso de que se ejercieran represalias en contra de los trabajadores.

A propósito de éstas, la asamblea contó con nuevos asistentes, extraños a la organización, pero que a partir de entonces, y por una temporada, acompañarían a los trabajadores en su insurgencia: el ejército, que se hizo presente, de acuerdo a la versión publicada por El Heraldo, para sofocar cualquier agitación que se presentara. Sin embargo es evidente que el mensaje era otro.

Samuel Ortega, dirigente nacional del sindicato, renunció el ocho de julio, siendo sustituido por el suplente, Salvador Quezada Cortés, pero eso no cambió demasiado la situación. En principio, los trabajadores pugnaron porque las autoridades de la Secretaría del Trabajo desconocieran a esta nueva directiva y aceptaran a otros, elegidos por ellos, cosa que aquélla no aceptaba.
De nueva cuenta apareció la expectativa de los paros, ahora para lograr este objetivo, y aquí es preciso resaltar una diferencia cualitativa: ahora ya no se trataba del mejoramiento económico de los trabajadores, sino de un conflicto inter gremial que indudablemente lesionaría no sólo los intereses de la empresa, sino de la economía en general y si antes, cuando la principal demanda era económica, algunos sectores repudiaron el movimiento, las autoridades y los empresarios, principalmente, pues ahora con mayor razón.

Las discusiones fueron intensas, pero no se llegó a ningún acuerdo, por lo que el 26 de julio tuvo lugar un nuevo paro, de una hora. Esta vez hubo un retén de soldados en las inmediaciones del taller, por aquello de las dudas, pero la paralización transcurrió sin incidentes. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).