Con el Domingo de Ramos, ayer inició el memorial de la pasión, muerte y resurrección de Cristo; en las misas de todos los templos ya no se bendijeron las palmas en los atrios, sino al interior de los recintos.
Los fieles levantaron sus ramos y, a distancia, el sacerdote oficiante los bendijo.
En Catedral el custodio de la basílica, P. Raúl Sosa Palos, pidió orar por las víctimas de la violencia en sus distintas manifestaciones; ser solidarios con el que menos tiene y reflexionar en lo que hemos fallado, para ser cada día mejores cristianos.
“A un año de padecer la pandemia, hay que ser pacientes y no perder la fe, en que pronto todo volverá a la normalidad; afrontemos con fortaleza los problemas físicos, psicológicos y sobre todo espirituales; de ser necesario pidamos ayuda para superarlos. Además, ante las dificultades de nuestros hermanos no pasemos de largo, dejemos que nuestro corazón se mueva a compasión y acerquémonos”, dijo.
“Este día, celebramos la semana más importante del Año Litúrgico, a lo largo de la cual hacemos memorial de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. De esos acontecimientos que si no se hubieran realizado, vacía sería nuestra fe y vacía nuestra vida”.
Añadió que hoy iniciamos una semana importante que nos reunirá junto a los demás creyentes, también el Jueves y el Viernes Santo y luego en la noche del Sábado para celebrar la Pascua de Resurrección.
En este día, se entrecruzan las dos tradiciones litúrgicas que han dado origen a esta celebración: la alegre, multitudinaria, festiva liturgia de la iglesia madre de la Ciudad Santa, que se convierte en mímesis, imitación de lo que Jesús hizo en Jerusalén, y la austera memoria -anamnesis- de la pasión que marcaba la liturgia de Roma. Liturgias de Jerusalén y de Roma, juntas en nuestra celebración.
Por la emergencia sanitaria, los ritos de esta semana serán ágiles, pero sin perder su esencia; sólo está permitido de un 30 a un 40% de aforo en templos, y deberá respetarse el protocolo sanitario para prevenir contagios COVID; el uso de mascarilla es indispensable, en las entradas de las parroquias se proporciona gel antibacterial; además, se han colocado señalamientos en las bancas para guardar la sana distancia.