Por Dra. Ednna Milvia Segovia Miranda

El subsecretario de Seguridad Pública, Ricardo Mejía Berdeja, informó que el cuerpo de Debanhi será exhumado para realizar análisis forenses y homologar criterios forenses sobre la causa de la muerte. Sacar un cuerpo de la que ha sido su tumba puede parecer un sacrilegio para muchos, pero hay casos en los que hacerlo es más que necesario. Además, es más frecuente de lo que parece. Por lo que resulta pertinente que tertuliemos brevemente sobre los actos de inhumación y exhumación de cuerpos humanos, ya que ambos trazan esencia legal compleja.

La palabra inhumación puede ser interpretada como la acción de enterrar un cadáver en los sitios determinados para tales fines, es una costumbre que hemos heredado del pueblo hebreo al cristiano. Jurídicamente, implica haber cumplido los requisitos que establecen las autoridades sanitarias, como puede ser el transcurso de determinado número de horas o días desde el fallecimiento hasta el sepelio. Son necesarias la expedición del certificado médico de defunción y la autorización que expida el encargado del Registro Civil, ya que ninguna inhumación o cremación se hará sin éstas. Contrariamente, la exhumación es la acción de sacar, extraer un cadáver de los sitios determinados y confinados como ataúdes, bóvedas o nichos, antes del plazo o después del tiempo previsto por las leyes. Esta acción tiene como fines diversos destinos y objetivos, como puede ser llevar los restos del cuerpo a otros cementerios, cremarlos y depositarlos en urnas u osarios, y, también, es un recurso utilizado por las autoridades judiciales que obedece a circunstancias contempladas en las leyes sobre la materia que permite establecer diferentes estudios periciales complementarios que ayuden a esclarecer la investigación de cualquier delito.

Las exhumaciones de carácter judicial, entonces, coadyuvan a integrar la carpeta de investigación como un aporte esencial para conocer una verdad de un hecho delictivo. Generalmente, este procedimiento responde al hecho de no haberse realizado una necropsia bajo los estándares y protocolos nacionales o internacionales exigidos, o, cuando aun se haya realizado la necropsia, ésta no aporta los resultados convincentes. Por tanto, una exhumación va seguida de una necropsia o de una re-necropsia, siendo esta última necesaria para los casos de contradicciones en los informes de la investigación y será el juez el que tendrá la facultad de ordenar la ejecución de la misma y así establecer un grado de certeza en el proceso de investigación.

La exhumación, necropsia y re-necropsia son procesos complejos y difíciles de ejecutar, por una serie de aspectos de orden jurídico, médico legal, tramitológico y social que se deben cumplir, además de que se requiere de equipos, técnicas y conocimientos especializados, aspectos de seguridad y de personal adecuado para alcanzar los objetivos de esta tarea. Por otro lado, se debe tener claridad sobre cuándo, cómo y por qué se solicita este recurso de investigación, ya que si no se apega a los protocolos internacionales, federales o de las entidades, si se improvisa, todo esfuerzo y despliegue de recursos será innecesario e infructuoso.

Lo anterior es sólo una breve muestra de lo mínimo necesario que se debe considerar al momento de ejecutar una exhumación. No obstante, el aspecto restaurativo emocional de los deudos es imperante, es decir, el acompañamiento psicosocial antes, durante y después del procedimiento, pues significa vivenciar un doble duelo, porque como decía Pedro Guerra “…podrían ser, a simple vista, sólo huesos… pero no son… en el calcio de los huesos hay una historia, desesperada historia, de un dolor no amortajado… pendiente abrazo, despedida”.

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