En días recientes, la Presidencia Municipal de Aguascalientes inició su proceso de informe de gobierno con una amplia campaña en espacios publicitarios para dar a conocer los resultados de su gestión. Como es costumbre, los medios y las redes sociales se han saturado de fotografías, videos e infografías con cifras de lo que supuestamente se logró durante el último año. Pero hay algo profundamente problemático con ese ejercicio: las cifras que los gobiernos suelen difundir en sus informes anuales son, en su mayoría, una enumeración de actividades realizadas y cosas construidas o adquiridas, y no permiten conocer los resultados e impactos reales de su gestión ni evaluar de manera objetiva si el municipio está mejor hoy que ayer. En la práctica, los informes de gobierno son más un ejercicio propagandístico que un ejercicio de rendición de cuentas, pues en la práctica solo se difunde un compendio de acciones a manera de checklist, sin que quede claro si tuvieron algún impacto real en la vida de las personas.

Algunos ejemplos ilustran esta distorsión. La Presidencia Municipal promociona como logro la adquisición de 189 nuevas patrullas. Pero ¿son muchas o pocas? La pregunta relevante no es cuántas patrullas se compraron, sino qué resultado produjeron en materia de seguridad y prevención del delito. En el mes de julio, por ejemplo, Aguascalientes cerró con la tasa más alta del país en robos a casa habitación: 60.22 casos por cada cien mil habitantes, cifra cuatro veces superior al promedio nacional. ¿Cuál ha sido entonces el efecto real de contar con más patrullas? ¿Cómo está el municipio en otros indicadores de seguridad?

Igualmente, el municipio asegura haber construido o rehabilitado más de 30 parques públicos. ¿Pero cuál es el impacto que se ha logrado? ¿Ha aumentado el número de usuarios diarios en esos espacios o el tiempo de permanencia en los parques, que serían efectos medibles de mejorar los espacios públicos? ¿Ha mejorado la percepción de seguridad o disminuido la incidencia delictiva en su entorno inmediato, que puede ser un efecto directo de una política de espacios públicos bien diseñada e implementada? ¿Se ha medido algo de esto?

Por otro lado, el municipio reporta “más de 320 obras de rehabilitación de redes sanitarias” y dice haber “intervenido más de 20 kilómetros de infraestructura”. ¿Pero cómo ha mejorado el servicio de agua y saneamiento? La Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) de mayo de 2026, del INEGI, indica que solo el 43% de las personas en Aguascalientes se siente satisfecho con el suministro constante de agua, cuando en 2023 ese porcentaje era del 50%. Además, como ha quedado en evidencia en meses recientes, las manifestaciones por escasez de agua en los hogares son cada vez más frecuentes.

O bien, en materia vial, área en la que los gobiernos suelen anunciar inversiones de millones de pesos para la construcción y rehabilitación de calles, la ENCIG de 2023 registraba que solo el 25% de las personas en Aguascalientes consideraba que las vialidades estaban en buen estado; en la encuesta de mayo de 2026, esa cifra ya bajó al 16%. ¿Por qué entonces no mejora la satisfacción con este servicio? Además, la movilidad urbana y la seguridad vial en la ciudad simplemente no han mejorado.

El problema de fondo es que, en lugar de presentar resultados e impactos concretos y medibles, los informes de gobierno se convierten en un compendio de actividades realizadas, sin considerar si tuvieron o tendrán un efecto real. Esa lógica lleva a los gobiernos a concentrarse en lo que puede hacerse de forma rápida o relativamente más sencilla, aunque esas acciones no sean las más relevantes ni generen beneficios sustanciales, desviando el objetivo fundamental de la gestión pública: mejorar la vida de las personas.

Un informe de gobierno que rinde cuentas de verdad no debería preguntar cuántas cosas se hicieron, sino qué cambió a partir de lo que se hizo. La cantidad de acciones no es la medida del éxito de una administración municipal; lo es el impacto que esas acciones tienen en la calidad de vida de los habitantes. Y, en ese sentido, menos acciones, pero de mayor calidad e impacto, pueden ser una estrategia más efectiva que una larga lista de actividades que muchas veces no impactan en lo que realmente importa.

fernando.granados@alumni.harvard.edu / @fgranadosfranco