infiltradosItzel Vargas Rodríguez

Francisco Nicolás Gómez Iglesias es un chico de apenas 20 años que en una semana logró sorprender a la población española. La razón, mediante labia y palabrería logró codearse entre las élites políticas del país, vivir con excesivos lujos como sólo pocos lo hacen, estafar a empresarios, pretender arreglar problemas de carácter internacional, rozando casi la ilegalidad, incluso colarse a la recepción del Rey Felipe VI el día de su coronación. Ahora que ya ha sido investigado por el Centro Nacional de Investigación, la gente se pregunta cómo fue posible que este personaje le haya visto la cara a tanta gente por varios años y más teniendo la edad que tiene. Especialistas hablan de él como quien tiene una “florida ideación delirante de origen megalomaniaco” y la misma jueza que revisó el caso llegó a la conclusión “esta instructora no acierta comprender cómo un joven de 20 años con su mera palabrería puede acceder a lugares y actos a los que accedió sin alertar desde el inicio de su conducta a nadie”. Los memes en las redes sociales se llenaron con la broma de cómo Nicolás literalmente se metía hasta en la sopa pues esto sucedía en un ámbito social que se supone está lleno de cuidados y seguridad… ¡Ah cómo supera la realidad a la ficción!

Este caso es uno jocoso de infiltración, de cómo una persona puede llegar a realizar cosas peligrosas sin que la gente se dé cuenta.

Ahora bien, también vale la pena esta ocasión hacer mención de otro reciente caso bastante sonado en medios internacionales: la disculpa pública que realizó el presidente de dicho país, Mariano Rajoy a la ciudadanía española por el conjunto de casos de corrupción que habían cometido varios integrantes de su gobierno y del Partido Popular (PP).

Y llama la atención porque este acto de disculpa pública, que podría decir con toda seguridad y sin temor a equivocarme, muy difícilmente lo podríamos ver viniendo de la boca de los cientos (si no es que miles) de miembros de la política que han cometido actos de corrupción en nuestro país.

Y no es porque una disculpa pública solucione las cosas, sino que al menos a la valorización de la honestidad en el desempeño público se le sigue retribuyendo importancia. España tiene una democracia relativamente reciente, tal vez eso intervenga en que la gente y la clase política estén probando cómo gobernar mejor, o encontrar los medios idóneos para ello, y este caso es un curioso y raro ejemplo de actuar político.

Traigo estos dos casos a relucir porque creo que tienen una cosa en común: el actuar a escondidas de parte de los protagonistas. Y es que en México, así como Francisco Nicolás se infiltró entre las grandes élites tan fácilmente, el narcotráfico lo ha hecho de la misma forma en el sistema de gobierno del país. Y así, como descaradamente políticos en España cometieron actos tremendos de corrupción en plena crisis económica, así, descaradamente la corrupción se realiza con total impunidad en sabrá El Creador cuántos lugares o rincones del país y por cuánta cantidad de personas.

El caso de Ayotzinapa está sacando a relucir muchos problemas fuertes del país, de cómo las instituciones presentan un fallo sistémico de raíz, motivado en parte por la corrupción y los lazos con el narco. De cómo el gobierno, que hipotéticamente se supone es el ente regulador y aportador de paz social, ahora se ha comportado como los peores capos, como los más enfermos asesinos seriales de las historias de terror, como un lento reactor en una situación de crisis social.

Aquí, la gente, con su enorme indignación, llanto en los ojos y cuestionamientos de ¿porqué? o ¿dónde están? en el pensamiento, es la que poco a poco motiva la solidaridad mundial infiltrándose en las consciencias y yendo así, muy adelante de las instituciones.

¡Asústame panteón!: Vale la pena recordar que muy vasta y bonita es la tradición mexicana en torno al día de muertos, por favor no caiga en la malévola mercadotecnia agringada que promueve el gusto por lo morboso, mutilado o sangriento, mejor cómase un panecito de muerto con un rico chocolate, ponga un altar o visite a sus difuntitos y tome con gracia a la flaca, porque bien dicen mientras tanto que “el muerto a la sepultura y el vivo a la travesura”.