Jesús Alejandro Aizpuru Zacarias

La lucha del ser humano contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido

Milan Kundera

Últimamente hemos visto que se han dado un sinfín de manifestaciones generadas por la indignación de la ciudadanía por diferentes situaciones que han golpeado a nuestra sociedad, situaciones que van desde la inseguridad, pasando por los casos de corrupción, la nula rendición de cuentas y la escasa transparencia, el enriquecimiento desmedido por parte de funcionarios, el uso excesivo de la fuerza por parte de autoridades, hasta casos de negligencia en el quehacer público. Sin embargo, parece haber una constante en toda esta indignación, el olvido expedito.

Recuerdan el revuelo que se originó por el albergue de «Mamá Rosa» la indignación generalizada por las condiciones en que vivían los niños, y las vejaciones de las que eran objeto, etc. Acaso alguien sabe si esta señora fue juzgada, o si se llevaron a cabo acciones por parte de las autoridades para evitar que se repitieran estos casos en otros albergues o simplemente nuestra memoria lo ha dejado atrás y ahora se ocupa de la «Casa Blanca» de los «43 estudiantes» o de las «propiedades de Murat».

Seguramente en algunos meses estos temas también quedaran atrás sin que las manifestaciones hayan generado nada, absolutamente nada, continuará la pasividad y cambiarán esos temas por otros, como pueden ser las elecciones federales de junio o cualquier otro escándalo que genere alguna molestia en la sociedad; sin embargo, continuará sucediendo lo mismo: NADA.

Podríamos hacer un recuento de todos aquellos acontecimientos que han generado la indignación pública, tarea que resultaría ociosa puesto que en pocos por no decir que en ningún caso, esta indignación se tradujo en acciones concretas que generaron un cambio para evitar se repitieran los lamentables hechos motivo de la indignación.

Los gobernantes, representantes populares y la sociedad en general, pareciera que carecen de memoria y que por el contrario, solo viven el día a día, apagando los fuegos a bomberazos, sin actuar previendo conflictos a los cuales ya se han enfrentado anteriormente.

Acciones que debieran ir encaminadas a evitar violaciones a los derechos humanos, fomentar la transparencia y la rendición de cuentas evitando así más casos de corrupción e incrementando el buen desempeño del servicio público, parecen no estar en las agendas de nuestros legisladores ni de nuestros gobernantes, por el contrario, parece que lo único en sus agendas es hacer discursos llenos de demagogia que lo único que generan es el hastío de los gobernados hacia la clase gobernante, claro, un hastío que genera indignación, indignación que dura días, quizá unos meses.

Me pregunto: ¿en qué se traduce toda esta indignación pública?, ¿acaso en nada? o bien, en muchos memes y comentarios en contra de los gobiernos y gobernantes que se divulgan por las redes sociales, o tal vez, simplemente en material para escribir esta columna. Espero y reflexionemos qué tanta participación ciudadana activa tenemos, y si es que influimos en la vida pública de nuestras sociedades, o si es que simplemente nuestra indignación la traducimos en nada.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y los espero una vez más, la próxima semana.

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